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-Le conocí a finaies db curso 71- 72. Siendo rector de la Universidad Autónoma sostuve con él tres entrevistas. Con posterioridad me iíamó para pr xmertne la cartera de Educación y Ciencia. ¿Qué cree usted que atrajo más al almirante Carrero de su personalidad? -Pienso que valoraba a los hombres por sus calidades humanas más que políticas. Y debió fijarse en mí por mis actuaciones profesionales en la Universidad Autónoma. ¿Se considera usted un hombre político? -En el sentido de dedicar mi vida a la carrera política no lo soy. Pero sí en cuanto a mi preocupación por tos problemas de la sociedad. ¿No le abrumó la cantidad de problemas que la cartera de Educación y Ciencia contenía? -No; me lo planteé como un servicio a España. He dedicado toda mi vida a la Universidad y a problemas educativos. Por eso acepté esa responsabilidadi. Por supuesto, yo sabía que el Ministerio era complejo; pero sabía también que se podrían hacer cosas. Fíjese si es un Ministerio complejo que de él, dependen doscientos mil funcionarios, siete millones de estudiantes, treinta y cinco mil monumentos nacionales y cincuenta mil edificios de su propiedad. ¿Y a pesar de todo ello no se abrumó? -Cuando se mira el servicio al país y no el triunfo personal no cabe sentirse abrumado, sino comprometido. La cosa cambia. ¿Relata usted en su libro ese episodio que se ha comentado en la calle y en e! que usted, a las pocas horas del asesinato del almirante Carrero, se presentó en una comisaría de Policía para ofrecerse voluntario en la ayuda a la entrega de los aisesinos a la Justicia? -Me refiero a ello. Pero no fui a una comisaría, sino que a la salida del funeral por el Almirante me dirigí a la Jefatura Superior de Policía y dije que, como ciudadano español, formaría filas en el grupo que se ocupara de vengar la muerte y el honor del Almirante. Se trataba de llegar a donde la Policía, como tal, no pudiera llegar. -Imagino que en el libro se ocupará usted dé las reformas e innovaciones intrcd ucidas en la evida académica durante su cargo de ministro. ¿No eran unas innovaciones excesivamente radicales? -Y o pienso que la única forma de erradicar la subversión de la Universidad es reforzando la autoridad académica. La modificación de! calendario se hizo a modo experimental, entre otras razones porque había que impedir que en octubre entraran cien mil nuevos alumnos en las aulas, cifra para la que la Universidad no estaba capacitada. Otra razón era 1 de adecuar el año académi co al año económico y tender a un veraneo sin suspensos. Pero sucede que, aunque nos consideramos muy aperturistas y europeos, cuandb intentamos introducir, aunque sea de un modo experimental, una modificación en las costumbres, nos rasgamos las vestiduras. Pero, ¿se basaba esta experiencia en alguna ya prod ucida en el extranjero? -N o se basaba más que en la observación y el estudio de nuestra realidad, de los supuestos dé la Universidad y la vida académica española. Tampoco hemos tenido que seguir al extranjero parra el descubrimiento dé América o para definir el dogma de la Inmaculada. Don Julio Rodíríguez me muestra una copia dfel original del libro y da lectura a algún fragmento. El libro arranca con la descripción del atentado Carrero Blanco. Está redactado en primera persona. Es dinámico. Da la impresión de tratarse die una de esas obras que se lee de un tirón. Luego del atentado la narración se ocupa de la vela del cadáver, del entierro, el funeral y los días que transcurrieron hasta la elección del nuevo presidente del Gobierno. Hay unas reflexiones ofrecidas al lector como en un flash back retrospectivamente insertadas en la narración de los hechos. Se describen conversaciones con el Almirante y con el Caudillo. ¿Qué le ha llamado a usted más la atención del general Franco? -Cuando uno se halla ante él, se tiene la impresión de encontrarse ante una página de la Historia. Es como si uno estuviera ante Hernán Cortés o ante el Gran Capitán. -Pero, ¿qué infunde, mucho respe to, temor, afabilidad? -El Caudillo da a la entrevista un tono afable, pero inspira un enorme respeto. ¿Le ha visitado después de haber cesado como ministro? -Sí. Lo he hecho un par dé veces. ¿Mantiene usted contacto con don Cruz Martínez Esteruelas? -Le ofrecí mi colaboración si lá pre- cisaba ai recIMrle en el Ministerio. Pero no tengo contacto. No ha debido precisar mi ofrecimiento. Sí, en cambio, tengo contacto con otros ministros del actual Gabinete y con ef presidente Arias. ¿A quién dedica usted el libro? -Lo dedico a la viuda del Almirante, hijos, compañeros del Gobierno, colaboradores míos; y a mi mujer e hijos. También a quienes inmolaron su vida junto al Almirante. ¿Es una obra testimonio, un reportaje, una historia novelada? -Hay de todo. En algunos momentos es un libro analítico hacia el futuro, un libro de meditaciones, una crónica... ¿Incluye algún poema? -En principio, no. ¿Puede- adelantar alguna d e la s tesis contenidas en el libro? -Por ejemplo, la de mis dudas acerca de todo aquello que se dijo de la serenidad y madurez del pueblo español en tan penosas circunstancias. Lo que yo creo es que había mucho miedo, que podía degenerar en comodidad. ¿Prepara algún otro libro? -Sí; tengo entre manos un libro que probablemente titularé Las inquietudes de un rector Me refiero en él a los problemas universitarios. ¿Cuándo piensa reincorporarse a su cátedra? ¿Cuándo ocupará su lugar en las aulas? Me he incorporado a las tareas del tercer cicle y estoy preparando ahora el discurso de ingreso en la Real Academia de Farmacia. Pero todavía demoraré algo mi incorporación a las aulas. Necesito tranquilidad, serenidad. He vivido muy deprisa últimamente. Llegué a perder diez kilos de peso. Y ahora necesito calma y pensar. -Una última pregunta: ¿creyó usted que la muerte del Almirante, masque de un atentado se trataba dé un accidente? Si no recuerdo mal, creo que fue el Herald Tribune el periódico que! e atribuyó tal creencia. -Mire usted, desde el primer momento estuve firmemente convencido- -y así lo expongo en el libro- -de que se trataba de un atentado. Y se lo hice saber a mi mujer y a mis colaboradores del Ministerio inmediatamente. De lo que se trataba era de defender la verdad. Y no de ocultarla. Ignacio Carrión S 9