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terpreten. Puede ser una parábola política de condena de los totalitarismos, o metafísica de la precaria condición del hombre siempre amenazada, o una cercana pesadilla tecnocrática. Que cada uno la juzgue como la ve. -Y vamos al juego de las Influencias. ¿No asomaban en tu obra resabios del teatro del absurdo, mezclados con ciertas narraciones de terror, e incluso la resonancia de otro éxito de televisión: El asfalto de Ibáñez Serrador? -Uno vive en su época y no puede sustraerse a la influencia de muchas de las manifestaciones intelectuales de ella. Por supuesto, hay esas influencias más o mono s subconscientes, quizá también la del teatro de Sartre. No la del Asfalto salvo en el punto de partida. Las dos son situaciones límite, pero después cada una tiene características muy diferentes. Yo no planteaba un tema de insolidaridad, caso de EI asfalto; sino de incompatibilidad de ayuda al prójimo, porque en La cabina la gente trata de ayudar al hombre que se queda encerrado, sólo que no puede conseguirlo. GRANDEZA Y CENSURA- ¿Tuviste alguna cortapisa presupuestaria o de censura para realizar La cabina -Presupuestaria, ninguna. Hubo algunos pequeños cortes, pero no por razones digamos de seguridad, sino porque algunas secuencias parecían demasiado crudas, crueles. ¿Qué ha supuesto para ti el Emmy ¿Influirá favorablemente en tu futuro profesional? -Ha sido muy importante, porque suponía el reconocimiento a mi labor por parte de los críticos y técnicos nor- teamericanos, para mí los más solventes del mundo. Por otra parte, ya en Europa había tenido una crítica fantástica. En cuanto a que vaya a serme favorable para el futuro, eso nunca se sabe. Precisamente con ocasión de otro premio me quedé parado. Además, los amigos dicen que ahora es cuando empieza a ponerse de manifiesto el deporte nacional, que no es fútbol, sino la envidia. Parece que hay problemas con la grabación sonora de Los pajaritos De esos de todos los días. En su jerga, los técnicos dicen que la música repica que se distorsiona. Antonio Mercero, al pie del cañón, recomienda calma. Un joven director pasado a la televisión, ya con el pelo entrecano y quitando valor a la historia esa de los premios En la pequeña sala de proyección se hace el silencio. ¡Luz, que va una prueba más ¡Miguel Ángel Molinero Antonio Mercero, el joven director español autor de La cabina FLAMENCO jar las sustancias activas del preparado. LOS FANDANGOS DE MANOLO CARACOL Así, unos fandangos dichos por iVlanolo Caracol, Antonio IVlairena o Beni de Cádiz poseen una música, una fuerza y un contenido emotivo que no podrían encerrar los más encopetados e importantes géneros en boca de un cantaor vulgar. Gran belleza, aunque en unas lindes mucho menos flamencas, guardan asimismo numerosos fandangos de un Pepe Marchena o una Niña de la Puebla Pero, claro, que conviene seleccionar y dejar a un lado la multitud de fandangueros o insustanciales simplemente retorcidos que por ahí pululan. Resumiendo: el fandango puede ser muchas cosas, incluyéndolas negativas y también altamente positivas; se presta a tercios de soleá de siguiriya de tona es joya del espíritu característico de numerosas localidades o regiones, y es asimismo, en nutridas ocasiones, un depósito y semillero de desviaciones y de incompetencias... Se trata como siempre, y como esto queda definitivamente planteada la respuesta a nuestro amable comunicante, de saber y querer distinguir. F. REALIDAD Y LEYENDA DE LDS FANDANGOS 1 fandango, en sus distintas variedades regionales y aun locales, ha pasado por grandes vicisitudes y variaciones. Quizá se trate de un género menor dentro del flamenco, pero ciertos. cantaores le dignifican. M OS inquiere un lector: ¿El fandango es un género serio? ¿Hay que considerarlo como a algo que forma parte del verdadero arte flamenco o como algo que no vale la pena? Desde luego- -agrega nuestro comunicante- -tengo entendido que, cuando se califica a un cantaor de fandanguero no es para hacerle ningún favor Claramente formulada, la consulta merece una respuesto igualmente clara: como todos los cantes, pero éste es especial; la importancia o la belleza del fandango depende s o l a y exclusivamente de quien lo interpreta. TRAOICIONES Y FALSIFICACIÓN El término fandango significa, además, muchas cosas distintas en la historia del folklore musical español. En los siglos XVII y XVIII casi no había región de España que no tuviese su fundango propio, en la mayoría de ios casos sin la menor relación con el flamenco (naciente por entonces como lo conocemos hoy) por ejemplo, el fandango que inserta Rimsky Korsakov en su Capricho español es un fandango asturiano. Luego se designó también con la palabra fandango a cualquier reunión, juerga o fiesta flamenca. Finalmente, y al desarrollarse enteramente el flamenco, los distintos fandangos regionales del sur se apuntaron a ese género con o sin el nombre fandango puesto que también son fandangos, transformados o engrandecidos, no sólo los de Huelva, Almería o Lucena, sino también las malagueñas, las cartageneras, rondeñas, tarantas y tantas otras variantes del cante andaluz o levantino. El joven cantaor Santiago, en la linea del fandango grande que le viene de la estirpe del legendario Pérez de Guzmán, y el veterano Paco l dro. Los de Huelva son el gnipo de mejores cantes. Pero estamos seguros de que nuestro consultor no se refiere a ninguno de los estilos aludidos, sino a los que suelen ofrecérsenos indiscriminadamente y con la sola etiqueta de fandangos por emisoras, teatros, reuniones alegres, bodas y bautizos. En sí el fandango es poca cosa en cuanto a sabor, esa es la verdad. Pero posee una gran facultad: la de prestarse a todo. Es como el arroz, que sabe o la que se le eche, o como esa materia neutra que se llama excipiente en las recetas farmacéuticas y cuyo papel es únicamente el de alo- 79