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TMAGINEMOS un avión super sónico; veamos su salida; su más feroz acometida; su rápida escansión y oigamos su frenético ascenso; chorro llameante, fuerza domada; trasladémonos luego al preciso instante en que va a entrar, y entra en bang cuando cruza la barrera del sonido. Emma Penella es ese bang justamente el instante decisivo de estar aún entre el antes y el después del estallido, con toda la vitalidad de su último impulso. Emma Bang Penella, señora de Piedra, madre de de hijas y avanzada gestante de siete meses- ¡Será niño; tiene que ser niño; varón, por todos ios santos! sigue siendo la mujeractriz que fue, vitalísima y tremenda, con quien la entrevista se convierte en soliloquio: ¿Mi nacimiento? El 2 de marzo, a las dos de la madrugada. ¿Año? Mi edad la conoce todo el mundo; está en la Filmoteca Nacional y en todas las historias y monografías cinematográficas. No tengo por qué mentir. Lo considero ridículo. Verás lo que pasa. Resulta que las de mi generación. Fulana de Tal- -no voy a dar nombres- yo sé que tiene siete años más que yo; Zutana de Cual cuenta cuatro años más que yo, y Menganíta, dos años más que yo. Pues bien: yo, que soy de entre todas ia actriz más joven- -salvo Marisa de Leza- no digo que no sea licito quitarse tres, pero nueve años me parece abuso; entonces, para quedar equidistante, quitarme los que me llevan y ser exactamente la misma, cantidad de años más joven, según mis cálculos, debo tener yo ahora treinta años. O sea: que, para los treinta que ellas me dejan tener, debería haber nacido en 1940. ¡Eso, ayer, porque hoy aún no he leído los periódicos de mañana! Lo que me daría mucha rabia es que, al final, me convierta en la mayor diciendo la verdad: Nací en 1931, de padres muy enamorados; Ramón Ruiz Alonso, mi padre y cabeza de familia, propietario de dos imprentas, y de Magdalena Penella Silva, mi madre, hija del maestro Penella, autor, entre otras obras, de El gato montes dedicada siempre a sus labores; la primera de sus hijas soy yo, la peor; Elisa Montes, también actriz, la segunda; María Luisa es civil Esta no milita en los platos, como nosotras. Está casada con un piloto norteamericano, protestante cuáquero, que en materia moral son aún más duros que nosotros los españoles. Aquí, en América- -le dijo de entrada- la gente se separa; pero sólo un 4 por 100 de la población. Aquello de que porque roncas, nos divorciarán olvídalo. El que ronca, ronca, y el otro se aguanta. Y la última. Terete Pávez, la menor, también es de la farándula. MI padre se ríe mucho cuando le preguntan: ¿Usted es el señijr Penella? ¡Sí, lo soy! dice; pero mi madre le implora: ¡Aclara, hijo, o malptensaránl Vital a lo que él contesta: Hijas, me habéis convertido en uno de esos escritores con muchos seudónimos: Penella, Montes y Pávez; sin contar mi Ruiz, que es apellido verdadero En casa hubo dos madres en lugar de dos padres y lo digo asi, porque no concibo a mi madre como padre antiguo, con la seca autoridad que antes les era obligado sostener a los cabezas de familia. Mi madre fue el vientre del hogar; mí padre, el cerebro. Lo que pasa es que no teníamos cabeza ninguno de los seis: ni mi padre, ni mi madre, ni nosotras, que formábamos panda sin que uno fuera más que otro. ¡Nos reíamos hasta de las penas! A decir verdad, entre mi hogar paterno y el mío de hoy, matrimonial, sólo hay una diferencia. He aprendido a escuchar, y también a callarme, aun teniendo razón, porque me compensa. Soy más feliz haciendo felices a los demás. ¡Son cosas tontas, sí quieres! Antes escuchaba, pero no ponía atención; ahora, después de haberme casado, dedico mis cinco sentidos en saber ío que se me dice. Te hablo de cosas externas. ¡Las interioridades también han cambiado, pero serla ridículo querer explicarlas! En cuanto a la actriz, no sé en qué medida se me ha transformado. ¡Sé que me Interesa menos ser actriz! Penella Es decir: Me interesa mucho más; pero para él. El matrimonio es complementarse. Como los Curie. Pues si él es productor y yo actriz me gustarla que él viera en mi algo más que la mujer- madre, la mujer- mujer o la iTíiujer hogar. Deseo ser también su mujer- orgullo. ¡Que presuma de mi! Algunos maridos ponderan a sus esposas por: ¡Como las paellas dé mi mujer, ninguna! Pues bien, yo desearla ser para él la mujeractriz, tan envidiable como aquella mujer- paella. Vivo en el hoy Intensamente. Del pasado no añoro nada. Te diré más: No recuerdo nada de mi anterior vida. ¡Será que soy superficial, pero he olvidado todo lo acaecido antes de 1967, año de mi matrimonio! En cambio, desde el 67 recuerdo Incluso pequeneces: ¡Aquellos caracoles picantes; sí, hombre; la noche que estuvimos b a i l a n d o en aquella pista con forma de riñon! Recuerdo todo: el día que nos conocimos; el día que no nos casamos; ¡a hora del día que nos casamos; el dia que nos miramos; el día que nos enfadamos; el día que no nos vimos; el día que no nos miramos. ¡A mi antes con tartitas de cumpleaños, flores de aniversario y champán según los santos! ¡No me he reído yo poco de esas ceremonias! Pues bien, ahora que digan que soy carca o burguesa; cuento hasta las velitas; me sé de memoria las fechas de ¡os aniversarios decorosamente celebrables, tanto como los días y horas exactos de los alegremente compartlbles. ¡Nací de nuevo al casarme! ¡y no lo digo por chinchar, para que crean que me quito años! No. La Emma prematrimonial no ha existido nunca. No es pose. ¡Es que no la recuerdo! Mi padre nos condicionó siempre para algo grande: ¡Nada de pequeneces! decía. ¡Lo vuestro tiene que ser siempre importante! Por eso, mi descendencia lo es: tengo dos hijas; seis años, la mayor; cinco, la que le sigue, y un chico en camino. ¿Se me nota? ¡De siete meses! Imagino que lo pariré sobre el 7 de septiembre. ¡Y sé que será chico, porque quiero que lo sea! ¿Que no basta con desearlo? ¡Pues que cambien las leyes de la Naturaleza! Tiene que ser varón. Por algo, una vez- -es decir, varías veces, pero una fue Importante- me llamaron monstruo sagrado Me gustó al leerlo; sentí dulzura; un poco de vergüenza, también; como cuando me operaron, que me adormecieron con pentotal, antes de anestesiarme. Es cosa corta y placentera, muy dulce. En cambio, la palabra estrella no me gusta. La considero una palabra Interior. Es de segunda La que me gusta es actriz, que es de primera. ¡Estrella es clase turlstical Estrellas son las que empiezan, o las que terminan. ¡De las estrellas se ve su luz incluso después de apagadas! La que es estrella, además, sabe lo que yo no sabré nunca: dejarse adular; es estrella la que- -siempre de forma muy especial- -sabe cómo saludar y salir al escenario, también taconeando de modo especial; bajar del coche, como sólo ella sabrá hacerlo, y lo es quien se mantiene en actitud especial inciuso en una rueda de Prensa; sabe fumar, en especial; reírse y hablar de forma especial, y sonreír tan especialmente como yo no he sabido hacerlo nunca. La estrella tiene fans seguidores y apasionados idólatras, que le romperán el traje en un estreno. ¡A mí no me han roto nunca nada! Y no es cuestión de temperamento. Es como ser o no ser católica. Tengo fe, creo en Dios. Practicante lo soy, pero a la española; inconsecuente y poco dada a arrodillarme, persignarme o rezar; ausente los domingos y fiestas de guardar, pero creyente, como casi todas las españolas; mi fe es inamovible. En cambio, en Ideologías políticas voy a chispazos, partidaria siempre de ideas de convivencia humana; de no ser asi, la palabra política me suena mal. La monarquía es algo suntuoso y bello. Para comprenderla tengo que pensar en Inglaterra, que es país democrático, en el que todo el mundo parece estar representado y escuchado realmente, y con reina, además. Decorativa, si, pero también eficazmente representativa y de 66 -nrr- rrE- n iri TniliLAH Jl I ii. HUlltl. Xi: lll ¡iliii í amnmnifilHniliJIlHHi 1 imnil I 1