Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
CHEQUEO A TRAVÉS DE LA ESCRITURA Grafopatología, ciencia que diagnostica basándose en la escritura. Un experto es capaz de trazar, a partir de unas líneas manuscritas, no sólo la personalidad de un individuo, sino también sus dolencias renales, alcohólicas e incluso detectar el cáncer. r ESULTA que cuando alguien escribe un texto, además de lo que quiere que sepamos de él, en su escritura, en lo qué llamamos su letra ha dejado involuntariamente un retrato muy exacto de su personalidad. Todos estamos al tanto más o menos de lo que es la grafología, sobre todo en su versión más común, y en ocasiones más desvirtuada: los consultorios grafológicos en las páginas de las revistas. Cualquiera puede hacer acopio de optimismo al comprobar que su escritura revela que es una persona dotada de excepcionales cualidades, gran imaginación y dotes artísticas mente rápida y audaz y otras bondadosas inexactitudes. Salvo excepciones, la mayoría de los cultivadores de! a grafología no están dotados de los conocimientos y el rigor necesarios, y esa faJta la suelen suplir con vaguedades sentimentales y nada discretos halagos a los consultantes. Lo que seguramente es menos conocido es que, a través de una o varias muestras de su escritura se le pueden apreciar a una persona indicios de cáncer o afecciones renales y cardiacas. Nada de magias ni adivinaciones. En este caso se trata de una ciencia muy seria, llamada Grafopatología. Invitado por la Escuela de Medicina Legal de la Universidad Complutense madrileña (uno de los centros de vanguardia en este tipo de investigaciones a ni- DR. VALLA ND ¡RAS Perón padece una enfermedad circulatoria veil mundial) ha dirigido un curso, de tres días de duración, el doctor Amado J. Ballandras, médico argentino y una de las mayores autoridades internacionales en Grafopatología y Grafoterapia. Doctor Ballandras. ¿Cuándo nació la Grafopatología como disciplina científica? -A principios de este siglc. bastante grave Su iniciador fue el famoso doctor Charcot, que la aplicó como elemento auxiliar para el diagnóstico de perturbaciones de la personalidad: neurosis, frustraciones, estados depresivos, homosexualidad, etc. Desde entonces acá ha evolucionado mucho. Actualmente es capaz de detectar, con un 82 por 100 de probabilidades de éxito, una larga serie de enfermedades. Por ejemplo, trastornos circulatorios, MAS CATÁSTROFES QUE EXPLICACIONES t N 1972, el número de víc timas por explosiói) de gas en Barcelona ha sido estremecedor: 32 muertos, más de un centenar de heridos y numerosos damnificados. A ello hay- -que añadir últimamente la- angustia y hasta et terror de la población. Las explosiones de gas, s o b r e todo gas natural, han minado la confianza de los ciudadanos. Los barceloneses- -y con ellos todos los españoles- -reclaman medidas efectivas y urgentes para cortar esta fatal cadena de explosiones. Las dos últimas no han sido, al parecer, ocasionadas por el gas natural, a u n q u e una de ellas ocurrida en la calle del Camp ofrezca dudas: en esta zona se reaiizaban obras y ya fue terminada la conversión de gas ciudad a gas natural. Pero pudiera ser que el origen haya sido la explosión de una bombona de butano. Ambos combustibles existían en ia vivienda. Fuera o no gas n a t u r a l el combustible, la catástrofe (cin- co heridos, uno de ellos grave) ha sido más que suficiente para rebosar el vaso de la intranquilidad. Media hora antes de la explosión los vecinos de la casa de la calle del Camp telefonearon a la Compañía de Gas Natural (Catalana de Gas) porque detectaban un olor a escape. Se les recomendó paciencia y que desconectaran el ascensor. Una furgoneta salió en ayuda de los alarmados vecinos. Pero llegó tarde: la casa quedó parcialmente destruida por la explosión. La odorización del gas es un aviso de catástrofe, no un sistema para evitarla. El reforzamienio reticular de las vivien- das, propugnado por el ministro de Industria, tampoco evi- tara las explosiones. Lujosos o modestos, los edificios no han sido concebidos- -ni lo serán- -para soportar esta clase de accidentes. Tampoco parece justo culpar al usuario de imprudencia. Una ventilación normal evitaría muchos daños ha manifestado el alcalde de Barcelona. Palabras escasamente tranquilizadoras que habrían de interpretarse como un consejo higiénico más que como una medida de protección contra las explosiones. Por su parte, el delegado de Urbanismo de la Ciudad Condal ha puntualizado que no ha habido tiempo para revsiar todas las instalaciones de gas natural, pero creo- -añadió- -que el usuario tiene la culpa: no se pone cuidado en cerrar las llaves Imprudencia del usuario, fragilidad de los edificios, mal estado de las instalaciones que no fueron hechas expresamente para la conducción de esta clase de gas... el resultado es que las desgracias se suceden con más velocidad que las explicaciones y los remedios. El diario La Vanguardia se pregunta: ¿Cuál es la última palabra? ¿Cómo podemos gozar aquí de los beneficios del gas natural en las mismas condiciones de seguridad en que por lo oído gozan de él en otras partes? ¿De qué y de quién depende, en definitiva, esto? Mientras los responsables estudian Jas respuestas, más oportuno que recomendar al usuario el cierre de la llave de paso al suministro parece la medida de q u e sea el suministrador quien interrumpa el s e r v i c i o hasta que todo esté claro y pueda garantizar segundad máxima en su sistema. -I. C.