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ELOGIO DE LA ALDABA ¿Qué se ha hecho de las aldabas, de aquellas aldabas grandes y rústicas, pequeñas o elegantes, de madera o de metal, que ornaban nuestras puertas? Cuando yo era muchacho, todas las puertas bilbaínas y baracaldesas, todas las puertas vizcaínas, todas las puertas vascongadas estaban adornadas, pobladas de aldabas. Las había utilitarias, construidas en serie, y las había caprichosas, delicadas, con el sello personal e intransferible de la obra de artesanía. Estoy por decir: de la obra de arte. Porque había aldabas que eran verdaderas joyas artísticas. Sonaban unas con ruido sordo, como redoble de tambor, y emitían otras una música en clave que era en sí misma como una voz amiga diciéndonos: Soy r o Y es que había algo de tarjeta de visita, de presentación personal, en el hecho de llamar a una casa haciendo repiquetear la aldaba. Cada aldabonazo solía anunciar, tan claramente como si hubiesen pronunciado su nombre, al cartero, al amigo, a los vecinos. Las aldabas eran como liras elementales que cada cual pulsaba a su modo, con estilo propio. (El área de matización expresiva del timbre es mucho más limitada: timbrazo enérgico, o suave, o casi inaudible; dos o tres timbrados seguidos... y pare usted de contar. Con un timbre uno llama a la puerta; con la aldaba uno casi hacía música. ¿Qué se ha hecho de las aldabas, qué se ha hecho de aquellas aldabas colocadas en las puertas de nuestras casas al lado de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, aquellas aldabas que a veces tenían forma de mano y que, al apretarlas, parecían heraldos de una cordial y anticipada bienvenida? Pero el timbre, amigo, es más eficaz- -m e rebate alguien- ¿Recuerda cuando para llamar a un vecino a aldabonazos se molestaba a todos los demás? ¿Ha olvidado ya lo ruidosos e inciviles que sonaban los aldabonazos del portal? Y sí, tiene razón. Es más cómodo el timbre, sí. Y más educado, sí. Y más eficaz, sí. Pero es también más frío, más impersonal. Con el cambio se ha perdido en entrañabilidad lo que se ha ganado en eficacia. Se me ocurre que la aldaba es como la carta amiga y el tiembre como el inesperado telegrama de las urgencias; que la aldaba es la orquesta y el timbre es el fonógrafo; que la aldaba es, en fin, como la rosa, y el timbre como la flor de plástico. -Literatura amigo, pura literatura... Sí, tal vez. Pero a la vida nuestra de cada día, cada vez más fría y despersonalizacla, ¿por qué no echarle un poco de literatura, un poco de encanto? Eso se necesita hoy más que nunca. Y he observado que aquí y allá, en España y en el extranjero, muchas casas se vuelven a poblar de aldabas. Bien está el timbre en el portal; pero en los pisos, ¿por qué no añadir la cordialidad, el acento artístico y como humanizado, el grato acompañamiento de la aldaba? -Pues la solución es muy simple, amigo. Ponga una aldaba en su puerta y sanseacabó. Y pienso; -Pues, si; eso haré. Muchas gracias por la idea. Lms DE CASTRESANA El. CONSUNO DE DROGAS EN ESPAÑA Y NORTEAMÉRICA En la entrevista con la señorita Maripaz Alvarez sobre el tema de jóvenes y consujno de drogas, página 16 de este número, se remite al lector a esta sección para el conocimiento de datos estadísticos acerca del consumo y peculiaridades de los estupefacientes, así como las normas de tipo penal que se refieren al delito en España y en Estados Unidos. r j A T O S estadísticos, facilitados por la Comisaría General- de Investigación Criminal, en cuanto a estudios, detenciones, número de incidencias y tratamientos epidemiológicos, sobre estupefacientes, consumidores y drogadictos. El índice entre España y Norteamérica, en 1971, arroja las siguientes cifras, en cuanto a consumo: OPIO CANNABIS Y DB VADOS; MARIHUANA GRIFA LS. D. ESPAÑA: 146 gm. U. o. A. 26.700 gm. A esas cifras, súmense los 2.864.000 kilogramos de drogas sin clasificar, decomisados el mismo año por los servicios policíacos aduaneros de ambos países. Entre 1967 a 1971, la progresión ascendente de criminalidad se ha producido en la proporción de: DETENIDOS EN E S P A Ñ A 293, en 1967 y 1.297, en 1971; de los cuales, 7 1 eran espaSolteros 214 Por edades: Menores de 16 aflos De 16 a 18 años De 18 a 21 años Mayores de 25 años Edad n o establecida. Total 5 32 78 57 99 271 Casados 717 kg. 94.356 fcg. 197 dosis 157.000.000 dosis ñoles; 102, marroquíes; 129, norteamericanos; 41, alemanes; 13, argentinos; 18, belgas; 70, franceses; 26, ingleses; 12, suecos, y 15, suizos. El resto de las naciones, ofrecieron deterkciones con cifras inferiores a 10 individuos porjsaís. En cuanto a su dependencia a la droga, por sexos, las mujeres alcanzaron, en número, 54, y los varones, 196. En lo que concierne a su estado civil: Viudos TOTAL 271 de carácter depresivo, cuyo uso por inyección, olfateo o digestión, llega a producir estupor y somnolencia, están considerados como de grave peligrosidad social; también, las sustancias aiucinógenas o alucinadoras, a cuyos e f e c t o s psicóticos, de larga y peligrosa duración, hay que añadir la propagación de taras genéticas por destrucción de los cromosomas; I o s delirantes, poco conocidos, tales los elementos químicos volátiles, como lo son los disolventes; y por evaporación, I o s quitamanchas o la gasolina, cuya inhalación produce dependencia psicológica y provoca estados de incoherencia irrefrenable; los barbitúricos, o pildoras de la felicidad causantes de delirantes estados de ánimo, producen sinergia ai mezclarse con bebidas alcohólicas, originando con ello resultados a veces mortales; y las anfetaminas, excitante- estimulante, cuyo uso produce gran locuacidad y falsa energía, causando a la larga, grave fatiga, de muy difícil y grave recuperación fisica. En cualquier caso, incluido su uso terapéutico, la venta de cualquiera de esas drogas está prohibida, de no ser exhibida la correspondiente y obligatoria receta médica. Separados 54 La marihuana está prohibida en el mundo entero. Contra esa adición, supuestamente inofensiva o no totalmente tóxica, lucha la Comisión para la Represión de Drogas Peligrosas, dentro de la Organización Mundial de la Salud (WHO) cuyo servicio está integrado por 67 países, incluida España, firmantes de pacto policíaco. La marihuana está considerada como narcótico y, por tanto, declarada ilegal. En Nueva Yorl su consumo se considera delito menor, castigado con un año máximo de prisión. Estar en poder de 25 o más cigarrillos, es ya delito grave, y su pena oscila entre dos y siete años de encierro. Su venta, en la mayoría de los casos, alcanza penalidades de hasta quince años de reclusión. En nuestro país, la clasificación como delito grave o menos grave, por su consumo, drogadicción o venía, alcanza a casi todas las drogas, a excepción del alcohol. Los opiáceos, 46