
Doí nutnatterios: ifríii de MoiiffTo
orribo el di: Sobrado df tas Monjes, tm Escorial gallego, una inmenaiilnd de piedra restniírada. Et monns (derPchni lio estñ n- coiistrtiido. luunjin- la fachuda sp ha limpiado y un cartel prohibe el paso a ia obni
de fr por d o! caminos. El más largo tendrá unos sesenta kilómetros y las carreteras están en buen estado. Sobrado de los Monjes es algo que uno no se imagina hasta que no está allí; un Escorial gallego, una inmensidad de piedra gris, un g i gante tendido en el llano, b a j o los montes de la Tieira, Sobrado fue una de esas fundaciones religiosas que resultan más importantes que todo lo que las rodea, que sobrepasan en poder y autoridad a reyes y señores, que escriben por SÍ solas la historia grande y chica de una comarca. Habíamos iefdo del hechizo romántico del monasterio En ruinas, de la destartalada iglesia invadida de plantas trepadoraSj quebrada una de las torres gemelas. Pero la obra de reconstrucción está ya muy adelantada. En uno de ios claustros queda un trozo, un ángulo de la edificación antigua, Incrustado en la blancura de la piedra de hoy. Es bonita de ver la vejez de la piedra, que no ea de un gris absolutamente limpio, sino mezclado, invadido de tierraj de moho, con ínsinuacícneE de verde o de amarillo que son el t r i u n f o da lo vegetal, la penetración destructora de la vida. Unos siglos más y estos arcos recientes, crudos, sin h i s t o r i se volverán del m i s m o color que aquel fragmento, dejado como levadura. La piedra no llene prisa. Está ahí para
armas d t don Fernando, el Conde, adornado con el T o i són bajo lo soberbia corona. A r r i b a en la iglesia de Santiago- -consEruída por Ral oy, el a r í o b i s p o- eará su t u m b a y rriáí arriba aún en Ncguerosa, leí que se conserva de su cBscillo. En un día claro es posible que el señor de Andrada pudiera ver casi t o d o su feudo desde las almenas. Pero lodas flstaí piedras ¡lustres acusan ya el peso de los siglos y i su gran pesadumb r e se r i n d i e r e n -Lo que nos llama hoy la atención en Puenredeume son esas callef i l a s q u e trepan la falda del m o n i e Breamo, esas callecilas estrechas y e m p i n a d a í q u e de p r o n t o se abren en pequeñas placas fniimaí fam i l i a r e s donde suele alzarse u n crucero y donde las vecinas hablan de b a k ó n a balcón, de galería a galería, sin esforzarse en alzar el t o n o
LA GALICIA MEDIEVAL SE REFLEIA EN SUS ANTIOUlSIMflS MONASTERIOS
da de pinos, que ya correspcncJe a Cabanas, Porque el puente es como una frorrlera que une y separa a ta vez dos pueblos con n o m b r e s di Cintcs- Va fo habíamos visto en Padrón y Pueníecesures, en las dos riberas del Ulla. Debe ser c u r i o s o e s o de s e n t i r s e vecino de este lado del rfo y no del de enfrente. En general, e n t r e pueblo y pueblo- -o e n t r e villa y c i u d a d que nunca se sabe qué t r a t a m i e n t o corresponde a cada p o b l a c i ó n existe el suficiente espacio para que t i s e n i i m í e n l o pueda vincularnos fácilmente a u n o de ellos, al que es paisaje habitual para nuestra mirada. Pero estos hombres que viven tan p r ó x i m o s unidos p o r el c o r d í n umbilical de u n puente, tienen que afinar al máaimo su o r g u l l o legítim o de naturales de un lugar, desligarlo cuidadosamente de todcs los atractivos que correspondan a la orilla inmed i a t a accstunibrarse a rec o r t a r e vuelo út sus ojos para que no abarquen con mirada familiar m a s que una parte del horizonte cot i d i a n o Si, tiene que ser un d i f í c i l ejercicio. A menos que los habitantes de ambas o r i llas no se sientan rodos vecinos del m i s m o lugar se acostumbren a pensar no en el río, que d i v i d e sino en el puente, que acerca.
TRES MONASTERIOS CON VIEJA HISTORIA De cuando ep cuando nos escapamos d a esta exigente línea de la costa q u e nos obliga, que nos cine a un camino forzoso, y nos vamos tierra adentro tal vez con la aiegri a de unos colegiales que hacen novillos. No es que la obligación en este caso no sea lo más placentero del m u n d o Es que pensamos que hay que poner entre p u e r t o y playa, entre f a r o y r í a el paréntesis de unas tierras cercanas en las que h a cosas que tai vez no tendremos ya nunca ocasión de ver y de contar- T a m poco sería ¡usto pasar tan cerca de ellas ignorándolas Y ahora estamos m u y cerca de tres monasterios que fucr o n importable Historia, aunque hoy no sean m i s que i m p o r t a n t e arqueología. Para darse una idea de la Gelicfa rntedieval y del papel que ios religiosos tuvieron en ella conviene ir a Sobrado de ios MonjesNo hay demasiada distancia. Desde Bcianzos se pue-
DONDE EL EUME SALE A ENCONTRAR A L MAR Y el puente, claro- Un puente largo, inmenso, con JUS pesados arcos de piedra, perfecto contraste a la elegancia casi aérea de o t r o puente, el de Pedrido, que ya nos dejamos ri Desde este que cruzamos ahora, el Eume sale a encontrarse con U mar, apaciguado, a b i e r i o dejando grandes f r a n j a s de arena en la; orillas. En una d e ellas, aquí mismo, la playa d e la Magdalena, abriga-