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SIETE AÑOS MARCADOS POR Desde ei día en que mataron ai presidente Kennedy. una veintena de personas complicadas en la tragedia ha tenido un fin terrible: enfermedades, accidentes de carretera, misteriosos suicidios y delitos. Ahora, también el ¡efe de policía de la ciudad tejana y el hombre que tomó casualmente la película del atentado, han desaparecido abatidos por una grave enfermedad. fe un E RAN las seis de ladetarde delluvia lunes en yDallas. Las primeras ráfagas una caliente pegajosa empezaban a caer sobre un grupo de un millar de personas que en la colina del Hillcrest Mausoleum presenciaba el rito masónico celebrado en ocasión del entierro de Bill Decker, de setenta y dos años, jefe de policía del condado. Su sucesor, Clarence Jones, de cuarenta y siete años, miró al cielo encapotado, cuya oscuridad se veía rota continuamente por el paso de ios jets. Y dijo para sí, a media voz: Otro más que se va... Clarence Jones no sabía que veinticuatro horas más tarde, en aquel mismo cementerio, a la misma hora y con igual rito, se habrían de celebrar las exequias de Abraham Zapruder, protagonista también, y de primer plano, de la tragedia iniciada el día 23 de noviembre de 1963 con ei asesinato del presidente Kennedy. Decker y Zapruder son los últimos, en orden cronológico, de una larga cadena de muertes, más de veinte, que el destino sigue ocasionando entre aquellos que fueron, de un modo u otro, protagonistas de aquella jornada, como actores o como testigos. Es la maldición de Dallas, que aún sigue activa a los siete años, de distancia del delito que abriría en América un largo camino de odios y violencias. A alguno de estos muertos los conocemos todos. John Kennedy, el agente Tippit, Lee Harvey Oswald, Jack Ruby, David Ferrie, el principal sospechoso en la encuesta que sobre el complot promovió Jim Garrison, y que fue encontrado muerto en su cama, víctima, al parecer, de una hemorragia cerebral. E incluso Bob Kennedy y Martin Luther King pueden ser considerados como víctimas en un momento de la historia en el que el asesinato, como arma política, pudo parecer hasta demasiado fácil. Pero de otros que han muerto, a menudo en circunstancias misteriosas, no sabe nada el hombre de la calle. Por eso hemos vuelto entre los fantasmas de Dallas, precisamente el mismo día del entierro de Decker. El ex jefe Asesinato de Oswald por Jack Ruby. Aquel era sino el primer eslabón de una larga y dena. Extraños accidentes, suicidios dudosos, sino ensombrecer las causas de la muerte 24 homicidio no misteriosa caque no hacen de Kennedy. Biilll Bk. X. W,