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MEMORIAS GRÁFICAS OEIANCO Y NEGRO en un banco y allí se estaba las horas muertas pensando en sus campos de Castilla y en sus ventanitas levantinas, para luego sacarlas en sus magníficos escritos. ¡Quién le iba a decir al comedor del palacio del Komprinz de Alemania que se iba a convertir en una sala de lectura! No se me diga la tontería de que los libros son alimento espiritual y que el destino de los palacios es utilizarlos como museos. Nada tan odioso conno un museo. Nada tan amable como un palacio. A mí me harían polvo si tuviera que vivir en un palacio, pero comprendo que el Krompinz de Alemania se tenía que fastidiar y comer en un comedor suntuoso con arreglo a un rígido protocolo. Ya no se construyen palacios. Ahora, los ricos de la tierra, se compran un piso un poco más aparente que ios de un modesto hijo de vecino. Y ¡a verdad, para vivir así, no comprendo cómo hay quien se afane por ser rico. Las corsarias una revista original de Enrique Paradas y Joaquín Jiménez, con música de Francisco Alonso, se hizo célebre por la fuerza melódica de un pasodoble tan jacarandoso como tantos de los que compu- Alemania. El palacio del Kronprinz actualmente convertido en museo de Arte. so el maestro Alonso, uno de los últimos músicos dotados de inspiración que hemos tenido. ¿Por qué se les acabó á los músicos la inspiración, precisamente ahora que la necesitan tanto, ahora que la gente no puede vivir sin escuchar música desde que se levanta hasta que se acuesta? El pasodoble de Las corsarias es aquel de banderita tú eres roja, banderita tú eres gualda, que hizo furor durante muchos años. Un pasodoble que se convirtió en patriótico, porque se tocaba para animar a los soldados que partían para la guerra de Marruecos. Las corsarias se estrenó en el teatro Martín. ¿Ustedes ven en la foto a todas esas artistas tan llenitas de carne y de ropas? Pues, esas artistas hacían más furor que el pasodoble. ¿Que no tienen nada de particular? Qué equivocados están ustedes. ¿Y sus pantorrillas? ¿Qué me dicen ustedes de sus pantorrillas? ¿Que tampoco son cosa del otro jueves? Pues por verlas se llenó el teatro Martín infinitos días. ¡Lo que ve el que vive! Hace cincuenta años teníamos que gastarnos unas pesetillas y que jugarnos la tranquilidad familiar para contemplar unas piernas femeninas que, después de todo, no son más que un medio de locomoción más o menos torneado. ¿Existen aún bibliotecas al alcance de la mano del lector, distribuidas por las frondas del Retiro? En 1919 fueron un acontecimiento. La gente se quedaba asombrada. La cosa no era para menos. Porque lo singular de tales bibliotecas era el letrero que se leía en ellas. Estos libros son de todos y a la custodia de todos se confían es decir, que llegaba uno, cogía un libro y se iba a leerlo donde más le apeteciera. ¿A su casa? ¡Hombre, tanto como eso! Allí, en el Re- Una esc ia de la revista titulada Las Corsarias que se estrena en el Martin. 84