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ESCAUDA JAPONESA EN LA GUERRA INTERNACIONAL DE LOS MERCADOS aterra poseer armas atómica- s. Con signos de espanto tiene grabada en su menta la naturaleza de unas armas que llevaron al holocausto y a la calcinación a sus ciudades Hiroshima y Nagasaki. No hay lugar en el mundo donde esos instrumentos de destrucción en masa inspiren tanto y tan extendido horror que llega a constituir algo así como un movimiento religioso de contenido nacional. Pero en el Japón han sucedido cosas extraordinarias desde que quedó enteramente sometido a la voluntad y los deseos del general MacArthur, que actuó como un verdadero procónsul. El país ha avanzado de tai manera que ya es rutinario colocarle en el quinto lugar entre las grandes potencias industrializadas, detrás de los Estados Unidos, la U. R. S. S. Inglaterra y la Alemania Occidental. Por poco tiempo. La Gran Bretaña fue desplazada por Alemania del segundo lugar, que, por el volumen de sus relaciones comerciales, ocupaba entre las potencias no comunistas; ahora corre el riesgo de que la adelante el Japón. da guerra mundial, ei Japón es hoy una potencia industrial que en electrónica y fibras sintéticas ocupa el segundo lugar del mundo y ei tercero en la producción de acero, papel, vidrio y cemento. En la primera mitad del presente año, ha logrado casi treinta millones de toneladas de acero, o sea más que Inglaterra en todo el año 1966 y casi lo mismo que la Alemania Federal. Figura en el segundo lugar del mundo- -detrás de los Estados Unidos- -en la utilización de ordenadores electrónicos, que hoy se consideran como uno de los equipos fundamentales de la moderna vida económica, denominada la segunda revolución industrial. SURGE LA TERCERA POTENCIA MUNDIAL PROHIBIDO POSEER EJERCITO Y ARMAS El Japón avanza sus posiciones entre las grandes potencias en todos los aspectos menos en el de su reducida extensión territorial y en el militar, porque constitucionalmente carece de Ejército. Dispone de una fuerza de 250.000 hombres con ei sello característico de una policía nacional con fines defensivos y de conservación del orden interior. Desde hace más de diez años es la primera potencia en construcciones navales, como lo es también en la producción de motocicletas, y este año se ha colocado en segundo lugar en la fabricación de automóviles. Símbolo y alma de la industria del automóvil es Taizo ishida, un auténtico self- made man que parece brotado de una novela de Horatio Alger, cuyos protagonistas saltan de vestir harapos a disponer de millones de dólares. Ha prosperado por virtud de un ambiente que favorece y estimula la iniciativa privada. Ishida tiene setenta y siete años de edad y preside la Toyota Motor, la más importante fábrica de automóviles con que cuenta el Japón. En su juventud fue vendedor de kimonos, carpintero, maestro y varias cosas más. Durante la primera guerra mundial entró en contacto con una gran empresa especializada en tejidos de algodón. En 1927, siendo ya un importante hombre de negocios, puso su atención en los automóviles. Sakichi Toyoda, con el que había mantenido relaciones, se deshizo de sus patentes de telares automáticos y empezó a soñar con la producción de un automóvil popular. Encontró en Ishida un inestimable colaborador. Toyoda, que en su nueva actividad fue Mamado Toyota, creó una de las mayores fábricas del país, invadió el Japón con sus coches y se lanzó a buscar mercados en el exterior. El gran propulsor fue Ishida. Lo ocurrido en la fabricación de automóviles es tan solo un capítulo del gran fenómeno de la transformación japonesa. Devastado y en absoluta ruina al terminarse la segun 74 Uno de estos días- -ha escrito The Economist de Londres- -habrá una tercera superpotencia. No será la Europa unificada; tampoco China. Será el Japón. No hay exactitud en este juicio en lo que se refiere a la Comunidad Económica Europea, entrada de lleno en el camino de la integración; también es divagación pura lo que se conjeture sobre China. Pero sí es innegable e! asombroso y fulgurante crecimiento japonés. Tan extraordinario, que en 1964 la cuenta industrial y minera subió el 17,2 por 100, bajó al 4,6 en 1965 (año de recesión) y ha subido al 11,7 por 100 en 1966. ¿Cuál es la causa de estos prodigiosos avances? En gran parte, que el Japón no ha tenido que gastar esfuerzos y dinero en crear un nuevo Ejército y en rearmarse. Los Estados Unidos le impusieron la reforma agraria y la desaparición de los Zaibatsú, acaudalado y reducido grupo de cuatro o cinco familias que tenía en sus manos las principales actividades económicas antes de la segunda guerra mundial. Le impusieron también una Constitución que suprime el reclutamiento militar obligatorio, señala el compromiso de no mantener fuerzas armadas y la renuncia a la guerra. El fabuloso desarrollo industrial y las grandes inversiones japonesas en todos o casi todos los países no comunistas del conti nente asiático, en las Filipinas y en Indonesia, no suscitan el temor que en algunas naciones europeas despierta la Alemania Occidental. No obstante, hay muchas analogías entre esas dos potencias que antes de la guerra y en pocos años alcanzaron un desarrollo espectacular y emprendieron una política agresiva que las colocó en un plano histórico de relativa igualdad. La gran diferencia actual radica en el aspecto castrense. El Japón no está en el cero absoluto porque los Estados Unidos, en abierta contradicción con su anterior conducta, le han presionado para que incremente esa fuerza llamada en principio reserva nacional de policía después cuerpo de seguridad y ahora fuerzas de autodefensa En cambio, la República Federal Alemana se ha convertido ya en una de las primeras potencias militares de la Europa occidental. Pero el Japón da señales de impaciencia. Le inquieta y preocupa el futuro, precisamente por razón de su progreso, que aspira a ampliar y consolidar. Quiere disponer de fuerzas armadas que garanticen su prosperidad. En muy parecidas circunstancias se encontraba en las vísperas de la segunda guerra mundial. Es un país tenaz, con gran sentido práctico. En el transcurso de un par de generaciones ha tenido que reconstruir Tokio dos veces. El terremoto de 1923 y el incendio que le siguió, lo arrasó en las siete octavas partes. Los bombardeos norteamericanos en la primera mitad de los años cuarenta le causaron 100.000 muertos y 130.000 heridos; 700.000 casas quedaron destruidas. Hoy, Tokio es una ciudad de 2.000 kilómetros cuadrados de superficie, con once millones de ¡habitantes y quizá con los mayores y más complicados problemas de urbanismo y vi-