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LOS REFORMADORES DE LA ESPAÑA C O N T E M P O RÁNEA, p o r M a r í a Dolores G ó m e z M o l l e d o Consejo Superior e Investigitrione. s Científicas. Madrid, 1966. E L movimiento pedagógico de signo revolucionario que se llamó Institución Libre de Enseñanza es objeto de la investigación quizá más apasionante que se haya publicado en España en el año que muere. La obra de María Dolores Gómez Molleda ilumina intensamente nuestra historia contemporánea y a mi juicio realiza lo que Laín propugna en uno de sus más leídos estudios: Una revisión que reconozca la real contribución de la Institución Libre a la educación científica y estética de España y no olvide su inicial y deliberado desconocimiento de lo que nuestra historia fue. Claro que si María Dolores Gómez Molleda consigue esto es porque posee auténticas dotes para investigar, para ordenar, para interpretar y para exponer una materia histórica de gran complejidad y múltiples dificultades. No hay más que leer el certero y elevado prólogo con que el profesor Palacio Atard presenta el libro de su discípula, para percatarse de que el empeño era extraordinariamente arduo. Por un lado se trata de un fenómeno intelectual de profunda influencia histórica. La Institución Libre de Enseñanza es una pieza fundamental para encontrar sentido a la historia externa. Partía de una concepción del hombre y del mundo que chocaba con la que había prevalecido secularmente en suelo español y animado las más grandes empresas nacionales. Don Francisco Giner de los Ríos pretendió que España se encontrase a sí misma siendo, en mucho, lo que no fue. Giner y su Institución pensaban, pues, lo contrario de aquellos que propugnaban el retomo a la tradición española como condición sine qua non para recobrar la perdida grandeza. Se trataba de reformar al hombre y a ía sociedad. El krausismo institucionista no se contuvo en los límites de la pedagogía, sino que trató de crear una España de nueva planta. En Los reformadores de la España contemporánea se es- íudian, con opulenta y eficaz documentación, todos los aspectos de la Institución Libre, desde su nacimiento hasta 1915. El alcance cívico, el religioso, el científico, el político de este movimiento han sido investigados con tenacidad, imparcialidad y rigor. La Institución creó un ambiente que provenía de un nuevo sentido de la vida (Azorín) Postulaba el cultivo de la naturaleza humana como opuesto a la educación tradicional, basada en la revelación cristiana. La visión de Giner y de sus discípulos presentaba al cristianismo como una doctrina tétrica, negadora de goces sanos y legítimos, causante indirecta de la decadencia de la raza. Giner fue un apóstol y su actividad se proyectó primordialmente sobre la Universidad, donde se predicaron los ideales institucionistas con firme convicción y ademanes mesiánicos. El libro de Gómez Molleda contiene, entre otras cosas, una historia de la juventud universitaria española en parte del siglo XIX y hasta entrado el XX. Hay una gran mesura, una serenidad admirable, una integridad de juicio en todas las páginas de Los reformadores de la España contemporánea Aun al tocar los temas más vidriosos y delicados, campea la rectitud, el amor a la verdad, el respeto sincero a las personas, en la exposición y en los juicios de la joven historiadora. Parte ella de supuestos divergentes en puntos esenciales; y, sin embargo, nada tan opuesto al tono, al metal de voz que percibimos en las limpias páginas del libro como la intemperancia de Baroja cuando, al referirse al ideal humano de Giner- -ideal que cifraba en el gentleman -vapuleaba a los institucionistas llamándoles señoritos correctísimos, porque detrás de esa corrección se adivina el optimismo de los eunucos Por el contrario, María Dolores Gómez Molleda se acerca al tema con talante ecuánime. Por eso Palacio Atard puede presentarnos sinceramente la obra como uno de los trabajos que constituyen el anuncio cierto de la transición de la fase polémica a la fase académica en lo que atañe al krausismo y a la Institución. Jacobo PEREIRA EL SABOR REVELADO, p o r Augusto Ysern. r Madrid, 1966. LOS REFORMADORES DEIIL ESPAÑA CONTEMPORÁNEA L A expresión poética debe traducir esencias poéticas. Para mí, la esencia poética no tiene nada que ver con los aspectos melódicos. ¿A qué llamamos, por ejemplo, musicalidad en Rubén Darío? Quién ss más musical, ¿Rubén o Antonio Machado? Animal de fondo de Juan Ramón, ¿es más o menos musical que el Cancionero Gitano de Lorca? Podemos distinguir, como me recordaba hace poco Gerardo Diego, entre la musicalidad externa y la interna. Pero la musicalidad externa es son, sonsonete. En La princesa está triste... hay sonsonete. ¿Hay musicalidad interna, ya que no hay son, en El Cristo de las Claras de Unamuno? Pero la esencia poética, sin musicalidad externa, ¿no será tal vez flloyofía? ¿Qué es preciso restar a la filosofía (entendiendo esa resta como un acto creador) para que sea poesía? Estos son algunos de los problemas que plantea el quehacer poético. Lo malo de los planteamientos teóricos es que no hay otro remedio que adoptar actitudes teóricas para estudiarlos. Pero lo cierto es que sin reflexión no hay poesía. Habrá canción, sn el sentido literal del término, pero nada más. Sin embargo, toda conclusión reflexiva, por el simple hecho de serio, podría ser expresada de otra manera Esto es verdad para la materia filosófica. Después que Mallarrné expresó el poema titulado 122