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fjV- vi t DE GONGORA A UNAMUNO, por Pedro Rocamora. C. S. C- -Madrid, 1965. EDRO Rocamora un ensayista (no exclusivamente un articulista) porque ve los la Psus significaciones. esAvanza temas en cuantoloa querelaíCión de así, como todo avanza por asociación, removiendo grandes porciones de realidad. Prueba de ello es este litoro. No se trata de estudios de rigurosa investigación, ni de experimentos exhaustivos sobre las representativas figuras del índice; se trata, más bien, de actitudes concretas dentro de teorías generales ya expuestas, de modos de ver, de pimtualizaciones. Son discursos en tomo a temas hispanos entrañables y definltorios; quiero decir que, según la interpretación de esos temas, así quedará definida la realidad radical de España. Uno de los primeros temas- clave elegidos por Rocamora es el de la Epístola Moral. Dice de la Epísto la que es el gran poema de la deserción española la claudicación vestida de ascética renuncia Cita el autor la calificación dorsiana de budismo y, en fin, ve el poema de áureos tercetos instalado en una actitud de negativismo absoluto. El propio Rocamora habla de senequismo tradicional pero, a mi ver, achaca al senequismo los rasgos típicos del estoicismo. De ningún modo es lo mismo, y una crítica rigurosa, que ya se ha hecho, no puede confundir a Marco Aurelio o a cualquier otro representante de la stoa con Séneca, y mucho menos en lo tocante a la moral humana. El superest Medea de la tragedia del cordobés (aunque más que cordobés es romano) explica el vehemente individualismo, el afán absoluto de conquista y de permanencia personal, todo ello muy distinto al fundirse con la naturaleza común propio de los estoicos. Eso sí que es negativismo y renuncia; pero eso no es senequismo. Brillante y singular me parecen las páginas dedicadas a Gón- gora. Pedro Rocamora es un escritor agilísimo, capaz de síntesis conceptuales muy ricas. El otro mundo de Góngora, esa niágica pompa reluciente dentro de la cual no solamente aisla al mundo dei mimdo, sino que también se aíála él, será de continuo atractivo punto de reflexión. El autor pespuntea las razones plausibles de la inadaptación gongorina, no tanto respecto a sus contemporáneos (Lope, Quevedo, sobre todo) como respecto a la misma vida, a la realidad de su tiempo. Quevedo representa lo diametralmente opuesto a Góngora. Cumple Quevedo, y así lo dice Rocamora, lo que hoy llamamos una función social Según creo ver, Rocamora sitúa al grandioso polígrafo dentro de la teoría socio- literaria de Américo Castro (véase, por ejemplo, Hacia Cervantes en el sentido de que lá literatura de aquella edad es un proyectil lanzado contra algo En cualquier caso, queda de manifiesto en el libro la actualidad vivísima de Quevedo ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente? Es también muy sugestiva la relación planteada en el libro entre Quevedo y la generación del noventa y ocho. Finalmente, Rocamora se ocupa de Unamuno y de las dimensiones más hondamente unamimianas, incluida la poética. Un libro, pues, lleno de incitaciones, sin apartes eruditos y plúmbeos, pero bañado en un vivaz pensamiento, a veces de cariz polémico. Carlos Luis AiLVAREZ ANTOLOGÍA DE LA POESÍA CATÓLICA DEL SIGLO XX, por Emilio del Río, S. I. A. Vasallo, editor. Madrid. padre Emilio Río, y disciE Lplinada la poesíadelcatólicafino humanista, delicadamedio de sensibilidad, hace una valiosa aportación al conocimiento de de nuestro siglo por esta Antología, elaborada con conocimiento y solicitud, buscando siempre razones de orden estético, aunque sin echar en olvido las razones del corazón. Por eso Del Río comienza así su Pórtico al libro: Esta Antología ha sido construida desde dentro. La organizaba mi más profunda dilección. Lo cual, ocioso es decirlo, significa no pocas cosas, y una de ellas que el criterio subjetivo ha preponderado a la hora de tomar decisiones: en ese momento, frecuentemente ingrato, en que hay que tener la energía suficiente para aceptar y para excluir, para ser hospitalario y para dar portazos. De algún modo, toda antología realizada con conocimiento de la materia y cierto gusto, merece respeto y estimación. Pero también de algún modo pueden merecer desaire y repudio antologías en que el saber y la sensibilidad no brillen por su ausencia. De aquí que lo mejor sea tener, como uno tiene con esta familia de libros, una comprensión extremada. Lo impone hasta su condición y naturaleza, porque se trata de florilegios, que algo tienen siempre de vergeles o pensiles. ¿Y quién no se siente a gusto en un vergel? Tal es la primera razón por la cual el libro de Emilio del Río es ya acreedor a un trato considerado y afable. Y, no obstante, se equivocaría quien interpretase lo que va dicho hasta aquí con una fórmula cortés para salir de un apuro. Nada de eso. La Antología de la Poesía Católica del Siglo XX es obra seria, preparada con enorme solicitud y reflexión, serena e inteligentemente pensada y justificada, inspirada en criterios cuando menos respetables en el campo puramente estético y absolutamente inatacables en cuanto a rectitud de intención y alteza de miraiS. PEDRO ROCAMORA ÍJUÍNVI 116