Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
En el gran anfiteatro romano rida se efectúan excavaciones lógnicas bajo la dirección del especialista don José Ramón de Méarqueoilustre Mélida. W i: j ¿if SS. r f- tn- il i y y- 4 j 4 Sí- j k- i í f SVíi ííl hñ -Í- JÍ: coba. ¡Ya quisieran muchas alcobas funcionales tener la amplitud de un 600! Eduardo Marquina ha estrenado en el teatro de la Princesa ¡En Flandes se ha puesto el sol María Guerrero, Fernando Oíaz de Mendoza y Emilio Thuillier, declamaron los sonoros y musicales versos del poeta. ¡Versos teatrales que lejos se han quedadol España y yo somo así, señora Señor capitán, el de la capa colorada y el buen caballo alazán Ahora priva en el teatro la prosa y dentro de la prosa las palabras malsonantes y groseras que son recibidas y aplaudidas como mieles del lenguaje y lo que es más curioso, como si fueran una novedad. ¡Pues estamos listos con la novedad del año de la nana! Buena cabeza de poeta la de Marquina. No es fácil hacerse una cabeza. Ahí están las de los melenudos de ahora para demostrarlo. La de Marquina tenía algo dentro, que es lo bueno de las cabezas. ¡Quién hubiera nacido romano de Mérida, de la Emérita Augusta que los romanos se fabricaron para su uso particular en los campos de Extremadura! ¡Vaya teatrito que se hicieron! Así daba gusto el ir al teatro. Al aire libre, a pleno sol. El amplio escenario ornado de columnas que hacen tan bonitas bien colocadas. Y el espacioso y bello anfiteatro libre de ellas. Ordenado con perfecta visibilidad. ¿Y la acústica? ¡Superior! Desde las filas más alejadas de la escena se oía hasta el suspiro de un comediante. ¡Y pensar que ahora, en un cuchitril, un bigardo o una damisela necesitan para cantar un micrófono y un altavoz! Se fueron los romanos de Mérida. Llegaron los bárbaros e hicieron la barbaridad de abandonar el maravilloso teatro. Y las columnas se cansaron de estar de pie inútilmente y empezaron a caerse y la tierra compasiva as fue arropando y las enterró. Los siglos pasan que vuelan y cuando se quisieron dar cuenta las columnas, estaban en el 1910, y entonces un arqueólogo ilustre, don José Ramón Mélida, escavó los terrenos del emeritense teatro. ¡Pobrecillas columnas! Estaban hechas cachitos. Observen ustedes con qué tristeza contemplan los malhadados restos las muías auxiliadoras de los excavadores. Un ajedrecista, Max Albris, juega catorce partidas simultáneas. ¡Las caras largas de aburrimiento es lo que hay que ver en la foto! Y se comprende ¡Cualquiera mira catorce partidas a la vez! Antonio DIAZ- GAÜABATE 115