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El palacio fue el centro de la vida intelectual de Madrid tensión inmensa que quedó comprendida en el nuevo palacio y BU grande y bellísimo jardín al Prado y calle del Sordo, con sus cocheras y accesorios a la calle del Turco. La duquesa doña María Manuela de Pignatelli encargó al arquitecto Villanueva los planos para su construcción quien a su vez trasladó el encargo a su ayudante don Antonio López Aguado, que s u s t i t u y ó a aquél en la dirección de la obra. Quiso la duquesa que empezara la construcción del palacio por la capilla, pues según dice el padre Coloma, la dedicaba en honor de las Sagradas Reliquias de la Cuna de N. S. Jesucristo, y de las cabezas de los apóstoles San Pedro y San Pablo y el cuerpo de Santa Marcelina, enviadas por el Papa Pío VII, siendo este último cuerpo el único que se conserva en la actualidad de las anteriores reliquias que figuraban en el acta de colocación de la primera piedra de la capilla, ya que la primera fue devuelta a Roma y las segundas desaparecieron durante nuestra Guerra de Liberación. En las habitaciones del palacio correspondientes a la fachada de la Carrera de San Jerónimo se alojó durante algún tiempo, a mediados del siglo XIX, la Sociedad Cultural, Liceo Artístico y Literario, que fundara unos años antes don José Fernández de la Vega en unión de otros poetas, literatos y artistas, como Nicasio Gallego, Escosura, Gil y Zarate, Mesoneros Romanos, Ventura de la Vega, Espronceda, duque de Rivas, Zorrilla, las señoritas Avellaneda y Coronado, y los pintores Esquivel, Madrazo, Gutiérrez de la Vega, Villaamil y otros muchos que dieron relieve a la vida intelectual y artística de Madrid durante los dos últimos tercios del pasado siglo. En aquellos espléndidos salones del palacio de Villahermosa se celebraron los famosos jueves del Liceo y fueron testigos de numerosas justas poéticas, funciones teatrales y discusiones de alto vuelo literarias, pictóricas o políticas. En nuestros días habitan el palacio doña Isabel GuiUamas y Caro, marquesa de San Felices y duquesa viuda de Villahermosa y su hija doña Isabel Azlor de Aragón y Guillamas, marquesa de Narros, siendo sus otras hijas doña Pilar, duquesa de Villahermosa y de Luna, casada con el Conde del Puerto doña Carmen, duquesa de Granada, casada con el marqués de Casa Tilly, y doña María, marquesa de Villalcázar, casada con don Pablo Churruca, quienes amablemente han dado toda clase de facilidades para la realización de este trabajo y a los que desde aquí expreso mi agradecimiento. Luis SANTA MARÍA En la fotografía de ia derecha, la fachada principal del palacio, que fue construido en el año 1807. Al igual que la mayoría de los edificios de la época, es de estilo neoclásico. El interior del palacio no desdice de la elegancia y belleza del exterior. Una de las habitaciones que mejor conserva su antiguo carácter, por no haber sufrido cambios, es el comedor. En él se pueden admirar dos grandes chineros de nogal, sobre los que destaca la plata; platos de la Compañía de Indias con escudos, sillas de época... Todo ello hace de esta pieza un auténtico documento de cómo era un comedor de mediados del siglo pasado. En el palacio de Villahermosa, donde se celebraron en otro tiempo numerosas justas poéticas, funciones teatrales y reuniones literarias y políticas, hay obras de gran valor, entre las que destaca El Coloso de Qoya (foto inferior) De este magnífico grabado del genial pintor español sólo existen tres ejemplares en todo e! mundo. i HI V H