Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
En nuestro próximo número: E COLAPSO L DEL JAPÓN me dijo una cosa extraordinaria que hace que entendamos aún mejor lo que eran tes Karnikaze Al visitar a las familias de los pilotos- suicidas, he podido comprobar en todos ios casos que siempre fueron los mejores hijos de cada familia quienes se ofrecieron voluntarios para las m i- siones supremas. Habían sido corteses para con los mayores, amables con sus aniigos y sabían guarckr para sí mismos lo que no había que divulgar. También habían sido los mejores alumnos de su clase... Efectivamente, los Kamikaze fueron tes mejores ciudadanos de nuestro país: fieles a! emperador en la vida civil y valientes soldados en él ejército, fueron la flor de nuestra juventud. Los supervivientes de sus comandos erigieron en él templo Kanon j i, de Tokio, dos imágenes, de diosa para conmemorar la muerte trágica de sus 4.615 compañeros. Es: tas estatuas, cuyo modelo es una de las más preciosas esculturas del templo Horyuji de Nara, tienen sesenta centímetros de altura y contienen en- su interior unos rollos de papel de arroz en los que yo rnismo escribí los nombres de los Kamikaze desaparecidos. Terminadas en. mayo de 1952, las estatuas doradas son objeto de un asiduo culto: er 18 de cada mes, así como el 5 de mayo de todos los a. ños, una multitud silenciosa se congrega ante ellas. Esta multitud está, formada por ex combatientes, tanto soldados como dficrales superiores; que vienen a orar por la paz del alma de nuestros héroes sacrificados. Para todos nosotros, a pesar de la derrota final que no pudieron evitar, los Kamikaze evocan por siempre en nuestro recuerdo las jnfiágenes inalterables del arrojo y del heroísmo japoneses. La epopeya de los Kamikaze fue el último esfuerzo de un país condenado ya a la derrota total. Mientras la ofensiva continuaba en el centro del Pacífico, con la conquista de Iwo Jima y Okináwa, el general Mac Artur cumplía su promesa hecha en los tristes días de Corregidor y regresaba victorioso a Filipinas. En territorio continental, los aliados, al mando de lord Mountbatten, -iban arrinconando a los soldados del Imperio del Sol Naciente. Se acercaba el colapso del Japón que culminó eri Hiroshima. Almirante TERAOKA