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El espíritu del Japón eterno es oomo las flores del cerezo bajo los primeros rayos del sol. voluntarios. En varios días pudieron constituirse varias escuadrillas. Fue el propio almirante Onishi quien bautizó la formación con e! nombre de Flotilla Kamikaze es decir, Viento divino en japonés. Cada una de las escuadrillas que formaba la flotilla recibió también un nombre propio: Shikishima Yamato Asahi y Yamszakura Todos ellos son nombres tomados de un poema compuesto por Orinaga Motoori, uno de nuestros grandes sabios del siglo XVI 11. Shikishima no Yamato gokoro o hito towaba Asahi ni nioo Yamazakura kana. Que significa: Si alguien os pregunta cuál es el espíritu del Japón eterno, contestad: es, como las flores del cerezo bajo los primeros rayos del so! de la mañana, puro, claro y deliciosamente perfumado. Estas treinta y una sílabas resumen magistralmente el espíritu de nuestra tradición continuamente enriquecida desde hace dos mil quinientos años. A mí, personalmente, es uno de los poemas que más me gustan desde que era niño y me imagino fácilmente cómo lo recordaría el almirante Onishi en el momento de bautizar a sus comandos, cuya misión sería fatal para todos sus miembros. Aquellos Kamikaze aquellos héroes sacrificados, eran todos seres delicados de valor extraordinario y de alma ardiente. Quisiera describir a algunos de ellos. Por ejemplo, a Yukio Seki, un joven oficiai de veintitrés años recién salido de la escuela nava! Hasta el mes de agosto de 1944, había sido instructor en la flotilla aérea de Kasumigaura. Se había casado hacía poco y dejó a su mujer para venir al frente. Una vez superados los primeros efectos de! cambio de clima, ardía en deseos de participar en el combate y, con pleno conocimiento de causa, fue de los primeros que solicitó tomar parte en las operaciones suicidas. Unos días después, el 25 de octubre, a las 7 horas 25, subió a bordo de su 94 aparato como jefe del comando Shikishima, tras entregarle al capitán Tamal un pequeño envoltorio. Desde la base de Clark, los pilotos se dirigieron al sur con rumbo a la costa y a Filipinas. A las 10 h. 40, a 90 millas de Tacloban, descubrieron un grupo de navios enemigos sobre los cuales se precipitaron cinco minutos más tarde. Aquella fue la primera hazaña de los Kamikaze que hundle. ron aquel día un portaaviones y un crucero y dejaron seriamente averiado Otro crucero. En cuanto al envoltorio que el teniente Seki había dejado, contenía un mechón de pelo para que le fuese entregado a su joven esposa... A diferencia del teniente Seki, que era un oficial de carrera, eí alférez de navio Masahisa Uemura era un estudiante. También él se contó entre ios primeros que perecieron sn nuestros ataques desesperados. Capitán de su equipo de fútbol en el instituto, el alférez Uemura estudiaba economía política en la Universidad Rikkyo cuando se alistó en la aviación. Se había formado en la dura escuele de los años anteriores a la guerra de manera que adquirió ei espíritu de sacrificio y de abnegación que ia patria exige de sus hijos. Cuando comunicó a sus padres su decisión de alistarse en la Marina imperial, éstos no pudieron hacer nada que no fuera fsiicitarie, tan firme era su resolución. Les padres felicitaban a los hijos que habían escogido una muerte segura Casado dos años antes, tenía una hija de cuatro meses, llamada Motoko, a la que casi no había tenido tiempo de ver antes de partir para el frente. Antes de morir, escribió una carta para su hija, que es conmovedora por su ternura y por la esperanza que le inspiraba. Cuando seas mayor, pedirás a ma- má y a tus tías que te hablen de mí. Yo fui quien eligió tu nombre, para que seas una niña buena y dulce. Cuando tengas ganas de ver a papá, irás al templo Yasukuni, de Kudan. Entonces me verás en el fond de tu corazón. Serás la única esperanza de tus abuelos y no tendrás que sufrir por mi ausencia, estoy seguro. La muñeca que te compré cuando naciste, la llevo conmigo en mi avión. De este modo, estarás a mi lado hasta el fin... La madre del alférez Uemura me contó que su hijo la había llamado por teléfono inmediatamente antes de partir para su última misión. Nos dijo que quería oír la voz de Motoko. Mi nuera intentó hacer que gritase. Imposible, sólo sonreía. Por último, mi nuera le dio el pecho y luego la apartó en seguida. Entonces la pequeña empezó a llorar con rabia. La acercamos al teléfono y oímos a mi hijo que íe decía: ¿Eres Motoko? Sé buena, no llores... Después me dijo: Mamá, ahora me doy cuenta, desde que tengo una hija, de todo lo que has sido para mí. Noté que estaba muy emocionado. El 26 de octubre de 1944, a las 10 h. 15, el alférez Uemura partió con sus compañeros de! comando Yamato. A las 10 h. 50, en el estrecho de Surigao, localizaron unos navios americanos. Rechazando el ataque de los 60 cazas enemigos que los recibieron, ios Kamikaze se arrojaron sobre los portaaviones americanos. Así fus cómo el alférez Uemura pereció con su aparato, arrastrando a la muerte un buque enemigo. En ei momento de salir a luchar, el kamikaze escribe tiernas composiciones Han pasado los años. Motoko, is hija del Kamikaze tiene hoy veinte