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20 DE ENERO DE 1894
UN MAL MUY A
toca un A NTONIO Sánchez Pérezque titula tema en un artículo Lo trascendental que nunca pierde actualidad: el de la falsificación de moneda. ¡Menuda pejiguera! Lo que le sucedía a don Antonio en 1894 nos ocurre a nosotros en 1965. Juzguen ustedes. Dice don Antonio: He cobrado hace muy pocas horas la cantidad de doscientas cincuenta pesetas; lo que antes llamábamos mil reales, que sonaba mejor, aunque fuer a lo mismo. Soy, por- consiguiente, poseedor, poseedor legítimo, de dos billetes de a cien pesetas y diez duros en plata; cantidad enorme ganada, bien lo sabe Dios, honradamente con el sudor de mi rostro y a punta de pluma. Pero, es claro, tener yo billetes de Banco y no descubrirse una falsificación, no podía ser. ¿Por qué se ríe usted siempre que yo paso? preguntaba el guapo del cuento a otro g uapo que le respondía: Porque usted pasa siempre que yo me río. Algo que tiene con esto cierta analogía me sucede con los billetes, sin que acierte yo a discernir si es que los falsifican siempre que yo los tengo, o si es que ios tengo siempre que los hay falsos. Aunque sospecho que nunca deja de haberlos falsos, mejor dicho, que son falsos todos. Sea como fuere, la regla no podía faltar; tenía yo dos billetes, pues los periódicos habían de publicar inevitablemente una noticia parecida a é s t a Habiendo aparecido billetes falsos de la serie de 100 pesetas, emisión de 1. de enero de 1884, el Consejo de gobierno del Banco ha acordado anunciarlo al público. Precisamente, mis dos billetes son de a cien pesetas y de esa serie. ¿Serán falsos? ¿Serán legítimos? Veamos. Aquí dice que los falsos se distinguen a simple vista de los legítimos porque la estampación de aquéllos es borrosa. A mí esta estampación no me parece borrosa, aunque, por otra parte, sí me lo parece. Esto que tengo por borroso es la grasa producida por el tacto de muchas manos por las cuales ha pasado. Aquí se nota el estrago de los dobleces. Vamos, que no sé si está borrosa la estampación. Lo que sé es que no hallo diferencia entre los dos billetes. Los trazos están aplastados. ¿Qué trazos serán éstos? No veo aquí nada aplastado. Carecen de la fineza y medias tintas, especialmente las viñetas y retrato del anverso. Vamos a ver, ¿carecen éstos de fineza y de medias tintas? Creo que n o aunque bien pudiera ser que sí; ¡vaya usted a saber! A mí la viñeta y el retrato del anverso se me figuran muy finos y de todas las medias tintas necesarias. El color amarillo del fondo es m á s anaranjado que en los legítimos. ¿Será esto anaranjado? ¿será alimonado? Los miro por una parte y no me parecen nada a la naranja. Pero ¿a qué cansarme? ¡Si entre las naranjas mismas hay distintos y variados matices! El tipo de la numeración resulta mal impreso. Pues esto no está mal impreso; es decir, bien impreso no está tampoco. En fin, que no sé si está mal o bien, porque esas ideas son relativas siempre. El tipo de numeración es diferente en los legítimos y en los falsos. ¡Ay
JU.