Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
N GABIN ASI FESTEJE SÓLITO LA LLEGADA DE MI PRIMER HIJO nica hacía ya varios días. Ella no quería. No es de las que se acuestan en esos casos, pero conseguí convencerla. Como el crío no llegaba, iba a buscarla a la clínica, comíamos juntos y! a volvía a llevar por la tarde. Estábamos en un restaurante itáHano cuando tuvo los primeros dolores. La subí al coche a toda velocidad. Y hasta las ocho y media de ¡a tarde esperé caminando a lo largo y a ¡o ancho de ios pasillos, como hacen todos los padres, fumando pitillo tras pitillo, hasta que una enfermera vino a anunciarme gentilmente: Tiene usted una linda niña. Fui a verla durante diez minutos, pero mi mujer estaba aún fuera de combate. Entonces. me fui a festejarlo sólito. Era como un deber el celebrarlo de un modo u otro; me fui al Calvados y engullí una magnífica cena con champán. Antes me había bebido ya tres o cuatro v hiskies. En f i n estaba contento, y, sobre todo, bien, bien, bien. Florence tiene ahora trece años. Es una soñadora. No piensa más que en los caballos. La llamamos La Hurí Y tengo dos crios después de ella: otra chica, que tiene ahora diez años, Valerie, y un chico, Matías, El Bisonte de las praderas A los siete años ya tiene todo mi carácter. No diré que en peor, pero más autoritario. Prácticamente, mi mujer y yo no vivimos más que para ellos. Y fue por ellos por lo que tomamos un apartamento en Neullly. Para que puedan ir normalmente a I- a escuela, y que por la noche estemos nosotros para vigilarlos. No los dejamos prácticamente jamás. Y esto a veces se convierte en una esclavitud. Ellos, en casa, además de sus habitaciones se han anexionado el recibidor y e! pasillo. Matías hacía en él karting el año pasado. Nosotros, los padres, nos hemos refugiado en una habitación mi- núscula, con un cuarto de baño pequeñísimo. Y, a fin de cuentas, tiene razón Matías. Puesto que tengo con lo que darle gusto, ¿por qué no hacerlo? Mejor que se aproveche de ello. Es como con Florence: quería un caballo. Pues bien, tuvo su caballo. Eso no puede hacerle daño. Únicamente no los acostumbro a tener dinero en el bolsillo. Yo no lo tuve hasta que me puse a trabajar. Para ellos quiero que sea igual. No hay nada peor para criar niños mal educados que el que se sientan con los bolsillos llenos. Empiezan a ir de tasca en tasca y creen que todo les está permitido. Y es duro el no ser ni demasiado duro ni demasiado tierno con ellos. La escuela, por ejemplo, me plantea un problema. Yo no era un buen alumno; mi único sueño era ir a merodear por los bosques con un amigo. Durante las clases me pasaba el tiempo soñando. Pensaba antes en fabricarme una honda, o en ir a buscar castañas, que en la tabla de muiltiplicar. Tenía horror a aprender. Mi ambición era ser conductor de locomotoras, porque pensaba que se hacían hermosos viajes y que no había que aprender nada para ello. Incluso ahora me da horror: si tuviera que aprender algo ¡a mi edad! Sólo fallaría eso. Entonces ¿cómo quieren que les fastidie con sus estudios? Florence, la mayor, va algo retrasada; Valerie también, pero ¡sobre todo Matías! Al principio creía incluso que la escuela no era más que un sitio para pasarlo bien. No comprendía en absoluto lo que esperaban de él. Y se asombraba extraordinariamente de ser castigado porque armaba jaleo. Es cierto, nadie se lo había explicado. Por mí, si les interesa eso mejor para ellos. Si están bien dotados, mejor que mejor, pero no hago un drama de que no sirvan para estudiar. Se puede ser muy bien un estupendo campesino o un buenísimo fotógrafo si se tiene gusto en ello. Lo esencial es amar lo que se hace. No he medido jamás ¡a inteligencia por el nivel de los estudios. He conocido carniceros maravillosos, albañiles asombrosos e ingenieros con siete años de estudio, en la Escuela, que eran unos perfectos imbéciles. Y voy más lejos aún. Hago dos categorías de personas: ios imbéci les y los otros. Los imbéciles son los que no comprenden, los cobardes, los egoístas, y todo lo que es viscoso. Y son, ¡ay! mucho más numerosos que los demás. Nada, ¿qué voy a hacer de Matías si llega a ser catedrático de Matemáticas y al mismo tiempo resulta apestoso? Prefiero hacer de é! un honrado contramaestre de fábrica y una persona como es debido. Es mi única angustia, la única cosa capaz de impedirme dormir. Los niños no deben llevar dinero en el bolsillo No son efusivos, pero tienen buen fondo. No los estropeo, creo yo, y la razón es muy sencilla: intento ser justo, lo que no es nada fácil. Por ejemplo, saben perfectamente que tienen un padre que les da todo lo que desean. Basta que Matías me coja en un rincón para pedirme lo que sea: Papá, tengo algo de que hablar contigo... Quisiera que me compraras una b i c i pongo por ejemplo, y ya me tiene frito Ya, ya puedo objetar: -Pero es muy caro eso; no tengo perras Tiene una respuesta preparada: -N o tienes más que ¡r al banco.