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sea una sorpresa para PROBABLEMENTE la cuestión está todavíaaquellos que piensan que sometida a discusidn, pero es un hecho evidente que la E r a del Espacio ya está aquí. El paso m á s atrevido, revolucionario y costoso de cuantos ha dado la Humanidad en su deseo de descubrir y controlar el mundo que nos rodea, no pertenece a un vago futuro, ni siquiera a un futuro cercano y cierto: está aquí, con nosotros. Ahora. Aunque muchos norteamericanos, incluyendo algunos eminentes científicos, se preguntan formalmente si será una sabia medida implicar a EE. Uü. en un derroche tal de tiempo y dinero en el intento de lanzar al espacio- -a la luna y a los distantes planetas- -hombres y máquinas, lo cierto es que la decisión ya ha sido tomada. Realmente, en el caso del Programa de la Luna el empeño estadounidense es tan firme que no hay forma humana de detenerlo, ni siquiera de demorarlo. Las gigantescas bases para lanzar hombres a la luna están construyéndose ya, y el entrenamiento de los astronautas que han de realizar la proeza está muy avanzado. Ha empezado el reconocimiento de la superficie lunar para encontrar el lugar m á s idóneo p a r a el alunizaje, y una enorme industria, que no existía diez años atrás, ha empezado a producir cohetes y naves espaciales que se utilizarán en misiones que llegarán a la Luna y aún m á s lejos. Las estadísticas de este esfuerzo industrial, por sí solas, dan una medida sorprendente del alcance de esta revolución espacial. A lo largo del año 1963 la industria espacial, que incluye firmas constructoras de aviones y proyectiles de uso militar, así como fabricantes de metales para la construcción de naves con destino a la Luna, ha sobrepasado a la industria automovilística y se ha convertido en la principal fuente de empleo de la nación. Esta industria del espacio, la m á s moderna y ciclópea del país, tuvo una nómina en 1963 que alcanzó los 9.200 millones de dólares, distribuidos entre xm millón y cuarto de empleados (515.000 m á s de los que trabajaron para toda la industria automovilística del país) Las ventas totales ascendieron a 20.600 millones de dólares, de los cuales 14.600 millones fueron empleados en contratos del Departamento de Defensa para los I. C. B. M. (proyectiles balísticos intercontinentales) y aviones de combate a reacción. Otros 2.700 millones d BIBUJO: WALTER HORTENS de dólares fueron destinados p a r a compras a la N. A. S. A. (Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio) que desarrolla, entre otras empresas espaciales, el ambicioso programa de mandar astronautas a la Luna y que recibe el nombre de Apolo Un gigantesco ejército de 300.000 operarios está dedicado de lleno a la tarea de producir el equipo para este solo proyecto. Son empleados de una red de empresas que comprende 20.000 firmas distintas repartidas entre 48 de los 50 Estados de la Unión. El costo total del programa de la Luna, incluyendo los cohe-