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PROBLEMAS DEL MUNDO
Por Vicente GALLEGO
ITINERARIO POLÍTICO DE LOS ESTADOS UNIDOS
E
L próximo lunes, día 24, iniciará en Atlantic City su Asamblea Nacional el Partido Demócrata con la finalidad principal de designar los candidatos a la presidencia y vicepresidencia de los Estados Unidos. Nadie espera ni emoción ni sorpresa. Lyndon Baines Johnson será proclamado p a r a que el 3 de noviembre pueda ser elegido para su primer mandato constitucional, pues la presidencia que ahora ocupa la heredó como vicepresidente al caer asesinado Kennedy hace menos de u n año. No se trata, pues, en realidad, de un segundo mandato, por lo menos en el aspecto legal. Más que con los discursos y la propaganda, en casos como el de Johnson la verdadera campaña electoral se hace desde la presidencia, mediante una obra de gobierno que merezca el asentimiento público. Muchas veces se h a dicho que la propaganda es poco eficaz y que, si fuera posible, celebrar dos veces las mismas elecciones, una sin apenas discursos y otra con repetidos actos electorales, los resultados serían casi los mismos. Todo esto es simple conjetura, afirmaciones que no pueden demostrarse. Quienes así argumentan se apoyan en que, en 1920, William Gamaliel Harding hizo la campaña electoral sin casi moverse del porche de su casa y obtuvo la victoria por un margen favorable de cinco millones de votos, cifra excepcional en aquellos tiempos. E s incuestionable que hay casos en que u n candidato tiene asegurada la victoria desde el m o m e n t c mismo de su designación, como otros están condenados a Ja derrota cualesquiera que sean los esfuerzos que realicen. Pero abundan los ejemplos en que el triunfo, tanto en la Asamblea Nacional como en las urnas, no hubiera sido conseguido sin un esfuerzo supremo. Parece innegable que John P. Kennedy no habría alcanzado la designación en la asamblea de su partido y después el éxito en las urnas, si no hubiera previamente recorrido el país de extremo a extremo, de costa a costa y de frontera a frontera. También puede decirse que Barry Morris Goldwater no sería hoy candidato republicano sin su intensa campaña a través del país desde 1961, año en que pronunció u n total de 225 discursos en lugares públicos. Hay, pues, argumentos p a r a los dos supuestos. Hasta bien avanzado el presente siglo, era normal en las elecciones presidenciales que la victoria se alcanzara por un margen muy pequeño, tan sumamente apurado en ocasiones, que una pequeña mayoría de votos populares podía convertirse en derrota, por razón de que se elegía al presidente por Estados, no por la nación en su totalidad. Desde que en 1824 comenzaron a examinarse los resultados de la participación popular- -hasta entonces la elección presidencial era indirecta- apareció con claridad una acusada tendencia al equilibrio entre los dos partidos políticos que casi desde el primer momento han dominado la vida nacional. Abraham Lincoln, el primer presidente del Partido Republicano- -que con este nombre había sido fundado seis años antes- salió vencedor porque los votos demócratas se dividieron entre dos candidatos que obtuvieron en junto una votación muy superior. Figura tan inmensamente popular como el general