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HACE COLOQUIO miento roqueño de u n a iglesia antimundana, h a n de dejar paso a u n contacto entrañable entre los cristianos y el m u n d o en que viven. No se puede negar que, desde Trento p a r a acá, fue ganando terreno en muchas personas e instituciones católicas el espíritu de reclusión en la sacristía. H a b r í a mucho que h a b l a r sobre las causas de este fenómeno, p e r o es claro que la Iglesia fue empujada hacia su retaguardia p o r todos los racionalismos, liberalismos y laicismos, que constituyen la delicia del pensamiento y de la política europea e n los últimos siglos. Con el agravante de q u e fueron los portavoces de estos ismos quienes más acusaron a la Iglesia de insociabilidad y falta de oxígeno. Pero, imitemos al Papa en dejar tranquila a la Historia. Oigamos sus palabras m i s m a s Como es claro, las relaciones entre la Iglesia y el mundo pueden revestir muchos y diversos aspectos entr -sí. Teóricamente hablando, la Iglesia podría proponerse reducir al mínimo tales relaciones, tratando de apartarse áe La sociedad profana; como podría también proponerse apartar los males que en ella pueden encontrarse, anatematizándolos y promoviendo cruzadas en contra de ellos; podría, por el contrario, acercarse tanto a la sociedad profana que tratase de alcanzar un influjo preponderante y aun de ejercitar un dominio teocrático sobre ella; y así de otras maneras. Pero Nos parece que la relación entre la Iglesia y el mundo, sin cerrar el camino a otras formas legítimas, puede representarse mejor por un diálogo que no podrá ser evidentemen- te uniforme, sino adaptado a la índole del interlocutor y a las circunstancias reales. Me gustaría escribir u n Brevísimo vocabulario de la Iglesia actual d o n d e se recogiesen y esponjasen las palabras más hermosas que el Concilio h a puesto en circulación: presencia, servicio, renovación, aggiornamento testimonio, pobreza, diálogo- Y también los vocablos que van cayendo en desuso en lo que pudiéramos llamar Pontificia Academia de la Lengua: triunfo, dominio, condenación, aislamiento, dogmatismo. Ya sabemos que la Historia, p a r a cambiar, necesita siempre u n puñado de palabras. Volviendo a la encíclica, su p e o r interpretación sería creer que la a p e r t u r a al diálogo es pasaporte p a r a la manga ancha y el vino aguado. Exactamente al contraríe. Antes que de diálogo, el Papa habla de conciencia y de renovación. Sólo u n cristiano y u n a Iglesia que vivan a alta presión la responsabilidad de su fe y apliquen a sí mismos u n a continua reform a penitencial, pueden llevar al m u n d o interlocutor la palabra salvadora que esperan. La Iglesia postconciliar nos será m á s incómoda que la presente, p o r q u e queremos que sea m á s sania. No olvidemos que en la Ecclesiam suam a pesar de su anchura de espíritu, no caben tres sistemas, tres ismos el inmovilismo, el irenismo y el comunismo. Si el lector me h a seguido h a s t a aquí, sepa que con esto no conoce la p r i m e r a encíclica de Pablo VI. Ojalá estas líneas sirvan de invitación a su lectura. Antonio MONTERO Pablo VI a Orrieto que el Sumo Pontífice empleó este medio de transporte tan de acuerdo con nuestro tiempo. 5 im- w j y N ¿i í W x- ií