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Durante dos días se sucedieron los ataques
con torpedos. Tenemos intención de abrir fuego si nuestra defensa lo exige. El Maddox de veinte años de edad, hacía ya camino con toda la fuerza de sus motores- -alrededor de 30 nudos- -manteniendo su popa hacia los perseguidores, con el fijn de ofrecer el blanco más reducido posible. Pero las lanchas llevaban una ventaja de más de 20 nudos al destructor. A las 15,08 h. el Maddox envió un nuevo mensaje: Somos atacados por tres lanchas torpederas. El comandante Ogier había hecho disparar tres cañonazos de advertencia. Ahora los cañoneros se ponían a trabajar en serio. La torreta trasera de cinco pulgadas- -la única capaz de disparar directamente a popa- -abrió fuego sobre las lanchas con un alcance de cerca de 5.000 yardas (cerca de 4,500 km. Pero el destructor empezaba a sufrir el fuego de los cañones de 37 mm. de las lanchas. Fue entonces cuando se oyó el silbido de los reactores del Ticonderoga las lanchas iniciaron la retirada. A los jets no les hizo falta más que ocho minutos para despejar el mar. Las dos lanchas restantes huyeron hacia el Norte. La que había recibido un obús se quedó en su sitio, inmóvil.
EL TIEMPO SE HABÍA ESTROPEADO
DOS TORPEDOS
Dos baterías de tres pulgadas hicieron lo mismo. Dos de las lanchas atravesaron las grandes columnas de agua levantadas por el fuego del Maddox y, a una distancia de 5.000 yardas, lanzaron cada tma un torpedo. Los vigías observaron inmediatamente los surcos de los torpedos y Ogier hizo virar el navio para evitarlos. El Maddox viró muy cerrado. Los dos torpedos estallaron a menos de 100 yardas (apenas 90 metros) del destructor. Si uno de ellos hubiese hecho blanco, el Maddox hubiese podido estallar en mil pedazos. Casi en el mismo momento, el puente de mando del Maddox recibía buenas noticias: cuatro cazas a reacción Crusader F- 8 E armados con ametralladoras Zuni y un cañón de 20 mm. habían despegado ya del portaaviones Ticonderoga volando en socorro del destructor.
El Maddox viró de nuevo hacia el Sur para acercarse al Joy que se dirigía a toda máquina hacia la zona crítica. El largo domingo de agosto había terminado, pero nadie a bordo del Maddox lo sabía. Toda la noche se quedaron los hombres en sus puestos detrás de los cañones, y los radaristas continuaron escrutando sus pantallas. El lunes por la mañana, el Joy efectuaba el enlace con el Maddox y los dos buques emprendieron de consimo una patrulla sin incidentes que se prolongó hasta el martes. En dos días, el tiempo se había estropeado. El cielo estaba bajo y una bruma ligera impedía la visibilidad. Las tormentas barrían la región.
APARATOS NO IDENTIFICADOS
UN LARGO ¡HURRA!
Trece minutos después del primer ataque, una de las lanchas se colocó cortando el camino al Maddox Esta vez, las torretas de cinco pulgadas podían apuntar al enemigo; im obús alcanzó la lancha en el momento mismo en que lanzaba un torpedo que, aparentemente, fimeionó de manera defectuosa y se hundía. Un largo ¡Hurraü! sacudió el puente del Maddox
Al caer la tarde, el radar del Maddox localizó de nuevo varias manchas inquietantes. Eran del mismo tamaño que las de las lanchas torpederas y se desplazaban paralelamente a la ruta de los dos barcos, A las 19,40- -después de la comida esta vez- las dos tripulaciones estaban de nuevo en estado de alerta general. La del Maddox perfectamente consciente de lo que la esperaba. Los dos navios seguían entonces ima dirección Sudeste y se encontraban a 65 millas de las costas del Vietnam del Norte. El comandante Ogier envió im breve mensaje: El ataque parece inminente. Pero de hecho el ataque tardó algún tiempo en efectuarse. A las 20 h. 36, la sala de tiro del Maddox localizó tres aparatos no identificados sobrevolando la zona donde se encontraba. Por tanto, un ataque aéreo no debía ser excluido. Ogier reclamó de nuevo la cobertura de los aviones del Ticonderoga que llegaron a las 21 h. 08, pero los aparatos no identificados seguramente se habían dado cuenta de su llegada por su propio radar y habían abandonado el lugar. Sin embargo, las