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iimuiimmuLim Las series de la muerte Desastre aéreo, noventa y cinco muertosn, dice Warhol, acariciando el gato que tiene subido a los hombros, y de vez en cuando se ríe entre histérico y compuesto. Esta, en realidad, es la única frase sensata gue logro arrancarte durante la entrevista. Todas las demás son cosas frías y grotescas que él pronuncia riéndose como un gran personaje que le toma el pelo al público: Me gusta la producción a máquina; yo hago todo por parepcerme a una míU quina. No, no me considero normal, soy un esquizofrénico. ¿Mi edad? No me acuerdo de ella porque no he celebrado nunca mt cumpleaños. ¿Por qué hago paneles tan grandes? Así puedo venderlos más caros... n A sus espaldas, entretanto, se codean dolorosamente los últimos trabajos de la uSerie de la muerte un retrato de Marllyn Monroe repetido al Infinito, con su glamour que parece ya destinado al suicidio, y el perfil múltiple de Jacquelíne el dia del entierro de Kexmedy, con las ojeras llenas do sombras y el trazo fino y seco de la boca. No hay duda: también en estos paneles, como los de Lich tenstein y Eosequist, Wesselmann u Oldenburg, ha sido aferrado algo monstruoso, una semilla monstruosa ha sido traída a la luz y los pop, hoy, pueden considerarse también anticipadores crueles de la civihEación del año 2000. Nuestra única duda atañe al desarrollo de este género de arte en el futuro. Una vez agotadas sus técnicas comerciales, ¿qué harán los distintos Uchtenstein, Rosequist. Oldenburg, Warhol, Wesselmann? Una vez agotada la idea de la foto repetida, del objeto agigantado, del tebeo del objeto- símbolo, ¿qué otros sistemas podrán adoptar para mantenerse sobre una linea de ruptura, sobre una falsilla de arte popular? Nada puede preverse, Naturalmente, habrá que aventU rarse en otros caminos. No, este método no puede continuarse hasta el Infinito. Veremos. íJ dicen ellos. Y éste, en realidad, es el fenómeno más melancólico del arle actual en Nueva York: que el hallazgo cumbre. Inteligente de hoy, nasca ya como goloso producto de consumo, que ya sepa que no puede aspirar a supervlvafficia, que estjé ya resignado a durar solamente el espacio de una mañana. Grazia LIVI T o m Weaselmann usa para sus oomposlolones objetos y piezas mecánicas, t r o i o s de anuncios publicitarios, luces de neón y efectos sonoros. Aquí aparece retratado ante el gran c o l l a g e de un automóvil y un árbol do plástico. i