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La casa del general Aguinaldo en Kawitt, con el histórico balcón desde donde se proclannó la independencia filipina. AGUINALDO, HÉROE DE LA INDEPENDENCIA FILIPINA Una entrevista con el veterano combatiente Por Luis María ANSON Hace unos días falleció en Manila el general Emilio Aguinaldo, héroe de la Revolución filipina, cuya independencia proclamó en 1898. Su nohleza en el campo de batalla para con sus enemigos, los españoles, hizo que la reina María Cristina le concediera la más alta distinción de la Cruz Roja Española. Hoy nos complacemos en publicar la entrevista que con el que fue primer presidente de la República filipina mantuvo Luis María Ansón, durante su estancia en aquel país. acerqué emoción balMEcón desde conque EmilioalAguiel naldo proclamó la independencia de Filipinas en 1898. Sesenta y cuatro años después, el mismo protagonista de aquel acto me atorió Ras persianas y me invitó a pasar. M sol terrible de la Filipinas tropicail y abrasada me Mirió en los ojos. El general Aguinaldo, a mi lado, erguido y cuadrado militarmemte, no pestañeó. Mire usted- -me dijo- en ese punto, entre estos dos pequeños cañones que usted ve, yo hice nación independiente a Füipinas. Unas se- manas después de mi proclama, el 13 de agosto de 1898, se arrió la bandera española del fuerte de Santiago. KAWIT, LA CIUDAD DE LA INDEPENDENCIA Kawit no es lo mismo que Caviíe. Entre el pueblo de Kawit y Cavlte hay una ¡distancia de trece kilómetros. El general Aguinaldo vivió hasta su muerte, ocurrida hace unos días, en Kawit. En el mismo palacio colonial en iQl que proclamó la independencia de Fñipinas. Hace un año y cuatro meses que yo visité allí ai héroe de la revolución. Era una mañana de calor extremo y el paisaje entero estaba calcinado. De Manila a Kawit se tarda en automóvil menos de una ¡hora. Cincuenta kilómetros de ima carretera a la española en la que los baches ocupan tanto espacio como los tramos en buen estado. En mi compañía venían el escritor yugosilavo Ante Eadaic, casado con una filipina, y el canciller de la Embajada de España. Entre Manila y Kawit se abre el paisaje tropical, el cielo que blanquea de luz cegadora, la pobreza y el pintoresquismo. Atravesamos algunas pequeños pueblos de sabor español todavía, como Parañaque, Las Pinas y Bacoor. En Las Pinas hay un órgano de caña que suena con tonos religiosos de un primitiviS mo hondo y estremecedor. A uno