Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Lo primer Laureada que ganó un aviador que las pequeñas bombas iban entonces amanraxias al fuselaje y que se anrojaibain cortando con una tijera esas amarras. ¡Qué inmenso espacio recorrido por el bomibardero aéreo desde entonces íiasta boy! De iaquella acuadrilla formó parte como fotógrafo Leopoldo Alonso, que dejó reflejadas el año 1914 en La Ilustración Española y Americana en una crónica titulada Impresiones y recuerdos de un pasajero numerosos detalles interesantes de aquella primera y heroica salida de nuestra aviación militar. Se exalta en ella 1 compontamiento ejemplar del linfante dcHi Alfonso de Orleáns, que boy, cúicuenta años después y luego de haber escrito xm historial brillantísimo, sigue volando casi a diarlo. Julio Kíos y Barreiro, ploto y observador, respecfcivamente, en un Parman eran atravesados en pleno vuelo sobre el Monte Córneo por las balas enemigas en las proximidades de Tetuán. Se ha podido escribir de aquel bautismo de sangre de Ríos y Barreiro que fueron ellos ilos que, heridos en Monte Cónico por los moros, se disputatron en el aire ¡al mando del aparato, y él piloto Bíos, herido de mayor gravedad, conservó su sangre fría manejando los mandos como si nada hubiese ocurrido, llegando al campamento general, sobre el cual, y planeando como en vuelo de Escuela, descendió, tomando tierra en un palmo de terreno y entre tiendas de campaña. Al llegar a él arrojóse del biplano y ordenó a los que se aproximab an que recogiesen a ¡su compañero, que se desMigraba; pidió que comunicasen por teléfono ail jefe de la escuadrilla que el aparato había llegado sin novedad y, al terminar la súplica, cayó desmayado en brazos de los que te oían. Tenía una herida gravísima en el pecho. La orden de escuadrilla refiere así el hecho: Hoy ha recibido la esousadrilla Eíu bautismo de sangre, derramando la suya por la Patria nuestros compañeros Barreiro y Kíos, heridos gravemente ciando volaban sobre el Monte Córdco. Envidiemos su suerte; imitemos su serena conducta si la Providencia nos itiene reservado este galasrdón y pidamos a Dios que conserve la vida de nuestros queridos compañeros. Contigencía normal de la guerra; no debe este doloroso accidente ni reducir nuestro entusiasmo ni lleV amos a pro x tos de ispresaüas y venganzas impropias de la dignidad militar; sirva ten sólo de lección para no ejEponer inútilmente, desacreditando su efecto moral, el arma que la Patria ha puei x) en nuestras manos, mi tr circansfcancias esfpeciMes no lo requieran. Fe en Dtos y confianza en qiie la idea del deber ha de pre dlr todas nuestras acciones. El suceso tuvo resonancia en la Prensa de todo el nmindo. ES general Lyautey, desde el Maitnuecos francés, telegrafió diciendo: Os raivío la. espresión de mi más viva simpatía y la de mis camaradas franceses por los aviadores caídos heroicamjMiíte en el cumpUmienibo de su sanácio y deseo saber noticias suyas. El Rey ipiBo vm telegrama al Alto Comisario en África, general Marina, diciéndole: Ruego a V. E. que paa: tirape a los aviadores heridos que los aci 3 úo al girado superior y que los f icito por su brillante conducta, así como por el valor y la serenidad de que han dado pruebas. Deles V. E. un abrazo en mi nombre y lleve estas felicitaciones a la orden del día de los Ejércitos de Tierra y Ma ¡r. A RÍOS le fue concedida la Cruz Laureada de San Femando; Cuatro días después la orden de la escuadrilla decía: Mañana la escuadrilla continuará su acción ofersiva, arrojando bombas en los poblados de la desembocadura del Haira, colaborando con las tropas en la operaoián que ha oo- deiíado la superioridad. El día 26 de agosto de 1921, en él Campamento de Carabanohel y ante las tropas formadas, efl Rey Don Alfonso XIII Impuso to Laiureada de San Femando ai capitán don JuMo Ríos. Era la primera que se concedm a la aviación maitar. T. G. F.