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SAN SALVADOR Un peldaño y un trono para la presencia de Elspaña en el Nuevo Mundo iluminaba un sitio indudablemente habitado por ¡lumanos. Terciaron varios presentes, se armó la tremolina natural, y el almirante se salió con la suya: recibió el premio de 10.000 maravedís, y dejó a Rodrigo con una furia tan terrible, que éste decidió romper cgn su patria e irse al África... Según algunos, no se supo más del hombre que viera por primera vez la tierra americana. (Parece que lo único que Colón le dejó tocar del premio fue el jubón de seda que él añadió a lo ofrecido por Isabel. Pues bien: entre los proyectos del grupo capitaneado por Grau Triana- -acaso este hombre de imaginación sin fronteras se considera obligado por razones de parentesco- está el devolver su premio a Rodrigo o Rodríguez Bermejo. El maravedí, la moneda que sirvió de origen ai pleito, será tomado, en nuestros días, como la moneda de la reconciliación y de la justicia. Todos los monumentos, bibliotecas, museos, plazas a construir en San Salvador, pueden nacer del producto de un maravedí. Es idea de los organizadores, para financiar en forma internacional y colectiva ya lo que pretende ser un hogar colectivo de tantas naciones, que cada una de éstas emita por una vez una moneda de valor equivalente al maravedí de la época de Rodrigo. tésimas de centavo (1,92 pesetas) ai cambio de hoy. Eliminando de esta cifra lo superfluo, monetariamente hablando, puede fijarse en 1 centavo de dólar el valor del maravedí. Con la emisión de una moneda de a centavo, o su equivalente, denominable Maravedí de Rodrigo de Triana la América podrá cubrir con creces y sin sacrificios el costo de las maravillosas obras para la reivindicación y vigencia de la isla de San Salvador, y de la recompensa al hombre que vio antes que nadie ía tierra deseada. LA CAPITAL DE ESPAÑA EN AMERICA Una vez lanzada la imaginación por el camino de lo práctico y de lo bello, no es exagerado concebir el alto destino de estos proyectos. Allí podría estar, en verdad, la capital de España en América. No habría con esto ni rivalidad entre norte y sur, ni rivalidad entre las dos Américas, la sajona y la hispánica. Así como la isla fue el arranque para descubrir a todos por igual, a la futura Norteamérica y al futuro Brasil, la isla puede y debe ser para siempre un peldaño y un trono para la presencia de España en el Nuevo Mundo. Hasta ahora, sólo la mar se ha encargado de conservar el vínculo vivo entre la península Ibérica y la isla de San Salvador. De tiempo en tiempo, sin fallar jamás a través de los siglos, aparecen sobre las doradas arenas de la playa exacta en la cual desembarcaron los españoles, unas hermosas bolas de metal ligero y de colores vivos, ya azul, ya rojas, ya amarillas. Esas esferas vienen de las orillas de la mar lusitana, o de la mar gallega. Los pescadores cuelgan sus redes para sacarlas, aquí en este lado del Atlántico; cuando una de las esferas que sirven de contrapeso a las redes se desprende, la mar la lleva hacia lo lejos: van a descansar esas metálicas bolas sobre las arenas de ía isla donde el almirante halló sosiego y alegría. ¿Quiere decir esto que hay, que Colón conocía, un camino en el mar un trillo de esos que sólo los expertos en corrientes marinas ven perfilarse entre las aguas? Nadie lo sabe. El hecho es que (a unión entre los dos puntos permanece. Hoy unos hombres quieren que la unión no se reduzca a esto. Quieren que de nuevo la isla viva los fervores y las energías de la Hispanidad. San Salvador va a ser rescatada para que sirva a su inigualable destino. ¿Y CUANTO VALE HOY UN MARAVEDÍ? ¿Cuánto valía un maravedí en España el día 12 de octubre de 1492? Ante todo, recordemos que desde los tiempos de los árabes, hasta después del 1.500, existieron tres clases de maravedís: el de oro, el de plata y el de vellón. Es razonable pensar que Isabel la Católica, mujer tan práctica como una buena madre al frente de la compra diaria para la connida del hogar, se refería de modo tácito al más barato de esos maravedís; de lo contrario, lo habría especificado. Por otra parte, desde 1475, antes de reunirse las coronas, la Reina ordenó a la Casa de la Moneda de Sevilla el labrar monedas de oro y plata. Cada pieza de oro, a denominarse Excelente tendría 23 y 3 4 quilates de ley. Los excelentes debían de pesar 9,20 gramos en oro. Y en 28 de enero de 1480 se dispuso, por el Ordenamiento de Toledo, la siguiente equivalencia: 1 Excelente, igual a 9 ó 0 maravedís. De aquí, con una sencilla operación aritmética, y partiendo de que el precio de una onza de oro es hoy de 2.100 pesetas $35.00) se llega, a establecer la equivalencia del niaravedí con la moneda actual, al nivel de $0,0116 cada maravedí, o sea, 1 centavo y 16 cen- Gastón 8 ÁQUEB 0