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LOPE pues por los romanos. La tragedia griega de un Esquilo, un Sófocles, un Eurípides se divide en el tiempo según un orden qufntuple. El prólogo, equivalente al primer acto, pone de manifiesto el asunto y presenta a los principales personajes. Siguen después tres actos, que constituyen el episodio, nudo de la fábula, que halla su desenlace en el quinto acto, llamado Éxodo. Partes ejecutadas todas con ayuda del metro, pues hay todavía otras, las partes corales, ejecutadas por medio del canto, que aquí no vienen a cuento. Lope de Vega se percató de que bastaba con que el drama tuviese prólogo, episodio y éxodo; es decir, vio que era procedimiento proUjo el dedicar al centro del drama tres actos, cuando estos actos centrales podían reducirse a uno. Esta es la razón técnica de su innovación. En el Arte nuevo de hacer comedias cita como precedente al capitán Virués: no a Cervantes, quien presume de idéntica invención en el prólogo al lector de su colección de comedias. Y aunque en verdad no fuera una innovación absoV hitamente original, fue Lope quien le otorgó una consagración universal, gracias a la inmensa popularidad í que adquirieron sus obras. La segunda innovación de la dramaturgia de Lope se refiere a las tres unidades que debe observar todo drama: unidad de acción, unidad de lugar y unidad de tiempo. La prestancia de la unidad de acción es reconocida por todos, y Lope intenta reforzarla: pero es a costa de las unidades de lugar y de tiempo. No cree que todo tenga que suceder en un solo lugar ni en un solo día: basta con que se salve el encadenamiento de los hechos que constituyen la acción dramática, sin necesidad de restringirlos local ni temporalmente. Hoy nadie repara en estas circunstancias; pero en el siglo XVI la medida tomada por Lope sabía a fruta verde, y hallaba opugnaciones tan firmes como las que le opone Cervantes en Don Quijote La tercera innovación, más proftmda aún, se refiere a la mezcla de elementos trágicos y cómicos en una misma pieza. Los géneros dramáticos se confunden: ya no se podrá decir que un drama es una pura tragedia o una pura comedia. Lo trágico y lo cómico mezclado Y Terencio con Séneca, aunque sea Como otro minotauro de Pasífae, Harán grave una parte, otra ridicula; Que aquesta variedad deleita mucho. Buen ejemplo nos da naturaleza, Que por tal variedad tiene belleza. Pueden buscarse precedentes de esta innovación en la literatura latina. Plauto, en el Anfitrión hace andar por la escena personajes de más elevada alcurnia que los acostumbrados en las comedias. Por eso Plauto inventa una palabra que va a designar el nuevo género, híbrido de gérmenes cómicos y trágicos: lo llama tragicomedia Pero en Lope de Vega la mezcía es más orgánica, más próxima a la vida de los personajes: pues lo que intenta y consigue es mezclar los sentimientos de lo trágico y lo cómico en el crisol del arte por medio de una combinación que transforma los unos y los otros en algo enteramente nuevo. Cabe preguntar si estas innovaciones eran del gusto del mismo Lope, o si las hacía por adaptar sus comedias al gusto común del vulgo: Porque, como las paga el vulgo, es justo Hablarle en necio para darle gusto. Yo sospecho que Lope, escritor cultísimo, según es sabido, no hubiera desdeñado hacer tragedias puras, al estilo de las que hicieron en Francia Corneille, Hacine y Voltaire, y hasta comedias más puras que las compuestas por él. Le hubiera gustado ser fiel a sus progenitores intelectuales, más liijo de Séneca en las tragedias y de Terencio en las comedias, que seguidor de la gentecilla que en informes oleadas venía a servirle de auditorio. Asombra pensar lo que hubieran sido sus obras si Lope, cuya fantasía creadora fue muy superior a la de sus congéneres franceses, hubiese domeñado su, genio encauzándolo por avenidas que él mismo reconocía superiores. Pero entre la literatura dramática y el estado de la sociedad de una época existen fuerzas misteriosas que se apoderan del espectador y del poeta lanzándoles en una dirección ineluctable. Hay también la razón del auditorio, que no puede ser desoída sin que el poeta dramático deserte de su misión inmediata: proporcionarle gusto. Un filósofo puede no ser entendido por sus coetáneos, y esperar que las generaciones venideras sean más justas cotí su obra; puede esperar, como Itízo Schopenhauer, una gloria postuma. Pero un poeta dramático está constreñido por su auditorio: tiene que acertar con la fibra sensible. Esta circunstancia disculpa la sumisión de Lope al vulgo necio al que logró cautivar y casi asfixiar con la abundancia de su indómita vegetación poética, y aturdir con su pasmosa y gigantesca irregularidad. Justificaba de esta suerte el dicho cervantino: era un monstruo de la naturaleza. Cervantes, mucho más clásico, pronunciaba la palabra monstruo con una ironía que ya no percibimos ahora, sobre todo después que el romanticismo dio al arte de Lope de Vega unas dimensiones europeas. Europa, por boca de Sclüegel, y por la pluma, después, de los ingenios dramáticos más eminentes, aceptaba las innovaciones de Lope como venidas del cielo. Era el cálido reconocimiento de Europa, pero en unas circunstancias, y en medio de unas inquietudes revolucionarias, que hacían al vulgo necio llevar la voz cantante. Reconocimientos así, resultan un tanto sospechosos. L. E. P.