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CANARIAS, por Maximiano Garcío Venero Edilorn Nacional, Madridf í %2. E STE libro se subtitula a s í Biografía de la región atlántica ¡Efectivamente. El libro es, desde la cruz a la raya, por decirlo de este modo, la descripción de un organismo vivo; vivo, es decir, problemático; esto es, sorprendente; quiero significar que humano, o humanizado. JLa arqueología, la geografía, como cualquier otra ciencia, de nada o de muy poco valen, a nada incitan si no se las transforma en especie emocionante. De los cuatro evangelistas, el que más nos emociona es San Juan. De los Santos Padres, es San Agustín, el águila genial, quien más profundamente llega a nuestro espíritu. Tuvo que aparecer Teodoro Mommsen para que pudiésemos contemplar a Roma como algo próximo a nosotros, como un cuerpo sanguíneo, de modo que aplicando la oreja a su gran Historia oímos hoy la sístole y la diástole de aquel enorme corazón. Y es que no hay otro centro que el hambre, no hay otra fuente viva de conocimiento, o bien otra fuente de conocimiento vivo. Maximiano García Venero no solamente es perspicuo, sino que, para mayor transparencia, apoya su saber en el hombre. Es im humanista. Cualquier dato, ya lo proporcione la numismática o la política, es susceptible de humanizarse. He aquí lo que yo (himiildemente, claro) pido a los historiadores, que es, y no otra cosa, lo que a todos nos ha dado Maximiano García Venero. Lo primero que podemos esperar de un libro es que no se caiga de las manos. Si yo no hubiese recogido del suelo todos los que se me han caído, a estas horas no podría entrar en mi casa. Y hete aquí (como se decía antes) que este volumen, que itiene quinientas cincuenta páginas, lo he leído por entero, parsimoniosamente. El autor nos habla de océanos, de comumi dades prehistóricas, de rutas marítimas, de oscuridades mitológicas, de guerras y desembarcos... Pero ni en un punto siquiera resulta enfadoso. Permítanme una l i g e r a divagación. En realidad, todo parece estar de parte de García Venero. ¿Por qué, y a cuento de qué digo esto? Veamos. En este instante carezco de los supuestos mínimos necesarios para discutir con García Venero sobre Canarias. Yo me limito a suponer que todo lo que me dice, que me parece verosímil, es verdad. ¿Basta, sin embargo, que lo que un libro nos diga sea verdad, para que el libro nos encandile y complazca? Respuesta: no. Puedo asegurarles a ustedes que yo no he vivido esperando el momento de saber, por fin, cómo era y cómo es, puntual y circunstanciadamente Canarias. Es un tema perfectamente sustituible. Entonces, ¿por qué el l i b r o me ha subyugado, mé ha arrastrado, me ha conducido a evocar la epopeya canaria y a vivirla? Aquí está el secreto del narrador. Porque el narrador no solamente ha de darme la verdad, en caso 1 del historiador, o lo verosímil, en el caso del fabulador, sino que ha de darme, también, las razones por las cuales tal verdad o verosimilitud me sean, de pronto, irremediablemente precisas. Quizá más: ha de hacer brotar en iní esas razones, ha de entrar en mí como ladrón sigiloso, para robarme desde dentro. Para robarme, arrebatarme, sacarme fuera de mí, esto es, para absorberme hasta el éxtasis, para hacerme caer en sus manos creadoras: para recrearme. Para mí, lector anormal, porque soy lector habitual, podríaanos decir que reincidente, los libros han de tener poco más que nada, sólo un no sé qué... Yo no les pido más- -pero no menos- que me hagan vivir alguna vida, por oscura y huUn libro sencillamente humano. De cómo el lector puede vivir una epopeya. Otras divagaciones. irmae que parezca. Taü veis cuanto más humilde f oscura, mejor, pues me resulta mas fácil asi reconocerme, (Si fiobrevivo a las vidas que han querido hacerme vivir nuestros jóvenes novelistas, todas ellas plagadas de hambres, desesperaciones y miserias, es, en realidad, porque no lograron que yo las viviese. En otro caso, habría ya sucumbido. La indiferencia que siento acerca de tilos debates en tomo a los monocultivos, el comercio y la Industrialización del archipiélago canario, es perfecta, y creo que no le extrañará nada a García Venero. Lo que quiero hacer ver al lector, es que a través de muchos datos y noticias, yo estoy en condiciones de amar a Canarias desde hoy mismo. Un libro que respira, un libro pleno de vitalidad, un libro que hace que yo me sienta canario prehistórico e histórico; y luego medieval, moderno y contemporáneo, no es un libro sacado del archivo, sino del corazón. Y ese lenguaje lo entendemos todos. Es el lenguaje en el que deseamos que nos hablen. ¡Qué poética y sugestiva es la realidad! Pues así es este libro. Creo que me he explicado. Carlos Luis ALVABEZ MAKIMIANO GARCÍA VENERO