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nMjóiSMINtóDENUESTOlOMA v CLASICOS Y MODERNOS MAR! ANO DE GAVIA El 25- de noviembre á e ISÍ l, Mariano de Cavia publicaba en El Liberal un reportaje imaginario: el incendio del Museo del Prado. Logró verdadero éxito profesional y se recua- da- -ese trabajo- -como el más resonant de Un periodismo sensacional constructivo Simulando el incendio de nuestra magna pinacoteca- -comenta Enrique Pardo Cnnalis en su Antol gía de Cavia -inflamó de indignación a la opinión pública provocando la adopción de medidas de seguridad parü la conservación del fabuloso conjunto. Fué triunfo clamoroso; los lectores ái sosiego para llegar d finaL dfíl texto, donde todo se aclaraba- -insiste Prírdó Canalis- acudieron presurosos y acongojados al lugar del imaginario siniestro pensando contemplar aún las humeantes ruinas del Museo. El articulo apareció- -no como inocentada, según suele decirle- -no el 28 de diciembre, sino el 25 de noviembre de 1891; al siguiente día 26 publicó un segundo artículo, explicativo, titulado de este modoi Por qué he incendiado el Museo de Pinturas Mariano de Cavia había nacido el 25 de septiembre de 1855, en Zaragoza, en la casa esquina a las calles de la Manifestación y Roda y plaza de Santa Isabel, donde en 1908 fué descubierta una lápida memorativa. En la sesión del 24 de febrero de 1916 fué elegido individuo de número de la Real Academia, en la vacante de don Juan Menéndez Pidal, sillón A. Murió- en Madrid, en el sanatorio del doctor León, el día 14 de jwlio de 1920. Publicó, en vida, siete libros- -libros y folletos- otros tres volúmenes de artículos periodísticos aparecieron en edición postuma. La CUwe del artículo, que inmediatamente transcribimos como espeja de trabajos periodísticos, es ésta: Hemos inventada una catástrofe, para evitarla. H, e aquí: LA CATÁSTROFE DE ANOCHE España está de luto INCENDIO DEL MUSEO DE PINTURAS ¡Noche, lóbrega noche! poátiamos decir con don Juan Nicasio Gallego, si la ocasión no fuera harto inoportuna ipara andarnos con floreos retóricos y si la idea de la l o breguez pudiera asociarse a la de la espantosa hoguera que en estos momentos tiene estremecido y atribulado a todo Madrid. A las dos de la madrugada, cuando ya no nos faltaban para cerrar la presente edición más que las noticias de lUtima hora que suelen recogerse en las oficinas del G o bierno civil, nos telefoneaban desde este centro oficial las siguientes palabras, siniestras y aterradoras: -El Museo del Prado está ardiendo. ¡Ardiendo el Museo del P r a d o! n aquel mismo instante daban comienzo las ampanas de k s iparroquias a sus tétricos toiques. No, 3 echamos a la calle, y al llegar a la Puerta dej Sol advertimos desusado molimiento de gentes. En las cuatro- calles era ya imponente la masa que se dirigfe- por la carrera. abajo... De los