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Han terminado las otases. Los alumnos d l Ramiro de Maeztu vuelven a sus domicilios. El pequeño agente les ida paso, a la vez que detiene a ios vehfoulos. El pequeño ha tomado muy en serio u cometido. l rovtsto de su silbato, Miiguel Ángel Valderrey ordena déte, nerse a tos peatones que van a cruzar la calle de Serrano. Veintidós alumnos del Ramiro de Maeztu han participado en un oursllio de o iroulación, Aqut vemos a Miguel Ángel Valderrey, de tercero, asesorado por el agente don Dionisio Qti (Lozano. De una a una y media del mediodía, de seis a seis y media de la tarde, la persona que pase junto a la puerta del Instituto se sorprenderá de la presencia de los pequeños agentes. Serios, responsables, los muchachos ordenan la circulación y lo hacen con la pericia y eficacia de un profesional. Lo que ahora podría parecerías un juego, les servirá el día de mañana para ser unos perfesctos ciudadanos, conocedores de sus derechos y obligaciones en el complejo mundo de la circulación rodada. Como d a t o final consignaremos que desde que los muchachos se han heoho cargo del tránsito en el referido lugar no ha habido un solo accidente, lo que tanto dice en favor de estos simpáticos guardias instruidos en el Instituto Ramiro de Maeztu celebrado el cursillo de teferencia. Se ha puesto en marcha asi un proyecto antiguo, una idea reali zada en diversos países extranjero y que aquí venía acuciada por el accidente que, el día 11 de feIjrero de 1960 costó la vida a un alumno c u a n d o salía de clase. Veintidós alumnos han participado en el cursillo. Han sido escogidoü entre los que se presentaron voluntarios, pertenecientes a los cursos de Tercero, Cuarto y Quinto de Bachillerato. Las clases se han dividido en teóricas y prácticas y han estado dirigidas por el caho Velasco, de la Policía Municipal de Tráfico. Al final del cursillo, en los primeros días del pasado mes de marzo, los alumnos salieron a la calle para practicar sobre el terreno las enseñanzas recibidas.