Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
L fin se asó Fabiola. M pregunto de qué hablábamos las españolas antes de que anunciaran el compromiso de nuestra compatriota con el Rey de Bélgica. Porqne desde el 16 de septiembre, cuando todas las radios del mundo anunciaron que nuestra a- miga Fabiola era la novia oficial de Balduino, no hemos vuelto a pensar en otra cosa: se habla de Fabiola, se comentan sus palabras, sus hechos, sus trajes, se hacen mil conjeturas sobre lá forma que tuvo de conocer al rey, se la envidia, se la eompadece, se la ensalza, y oadie la critica, que ya es mérito, tratándose de una mujer que ha saltado a la actualidad de la noche a la mañana porque el mejor partido del mundo la ha elegido como esposa. A Ya se nos casó Fabiola. Ayer se agolaron todos los periódicos. Bruselas está lleno de turistas españoles, de enviados especiales, de amigas de la novia, de curiosos. Millares de seres la han vitoreado por la calle y en muchas casas de Madrid esas mujeres maduras y felices, Tin poco gordas, que todavía se emocionan por cualquier cosa, han derramado unas cuantas lagrimitas de cir unstancias al leer el detallado relato de la boda real en su periódico favorito de la noche. No varaos a hablar del casamiento de Fabiola. Sería inútil. Todas mis lectoras se saben al dedillo cómo era el vestido que cubría a la novia, los puestos de los invitados en la iglesia, las declaraciones de sus familiares a los periodistas, si el novio se trabucó o no al dar su consentimiento. Todas mis lectoras se saben ce por be la historia de Fabiola desde que nació hasta el día de su matrimonio, pasando por todos y cada uno de los pequeños acontecimientos de su vida: el sarampión, la puesta de largo, sus diversos pretendientes rechazados. Ja carrera de enfermera, su gran caridad, su sentido del humor, el libro de cuentos que escribió ilusionada, las canciones que mandó bajo seudónimo a la Sociedad de Autores, su romántieo noviazgo secreto y su solemne boda recién realizada. ¿Para qué volver sobre un tema que nos sabemos de memoria? Hablemos, pues, de otra cosa sin salimos d e í asunto del día; por ejemplo, del destino fuera de serie de nuestra Fabiola, esa chica de Madrid no demasiado diferente de cualquier otra, que ha conquistado un trono sin más armas que su personal encanto. El hombre es el artífice de su destino mintió alguien cuyo nombre no recuerdo. Y digo mintió porque la ma- yoría de las veces las circunstancín mandan en nosotros llevándonos y trayéndono. s de un lado para otro como la las arrastran de la playa mar adentro ese gorro de baño que nos dejamos olvidado en la playa una mañana soleada. Sobre todo, nosotras las mujeres somos bien poco artífices de nuestro porvenir, mandadas y zarandeadas por las personas que nos rodean desde pequeñas hasta viejas. Muchas veces nos domina de niñas nuestra madre, luego la institutriz o las maestras del colegio, más tarde nuestras amigas, los prejuicios y eJ miedo, el marido cuando llega el momento, los hijos si se hacen grandes y signen viviendo en casa. Es muy rara k mujer que llegada su mayoría de edad tiene el arranque suficiente para decidir con serenidad lo que quiere hacer en el mundo y pone todos los medios a su alcance para llevarlo a cabo: iM, o quiero casarme con Manolo, me voy a Londres a estudiar arte dramático. -Lo que yo quiero es dedicarme al periodismo, asi que no pienso en absoluto coger ese empleo- de oficinista que me ofrecen. La mujer capaz de tomar una decisión así, sin titubeos, es difícil de encontrar. Puede que sea mejor porque es