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DE VELAZQUEZ la vida de VeUzquez se articula espontáneamenle en cuatro periodos, de la siguiente manera: 1. 1599- 1623. Diego de Silva Velázquez nace en Sevilla, de una familia oriunda de Portugal por parte de padre, los Silva de Oporto. El abuelo ¡había emigrado a Andalucía arrastrando. algunos aunque sobrios haberes y una intensa tradición doméstica de antigua y elevada nobleza. Muy pronto reveló Diego dotes extraordinarias para el dibujo y la pintura. A los trece años entra como discípulo en el tailler de Francisco Herrera, hombre atrabiliario, artista con más impetuosidad que talento, pero que camina- por buenas pistas. No se puede negar que Herrera el Viejo, aunque pintor sin calidad, braceaba en las avanzadas ar tísticas del tiempo. Pocos meses después, espantado, sin duda, por el temperamento ferocísimo de aquel maestro, Vélázquez, que en toda su vida aborreció las cuestiones, transmigra al taller de Francisco Papheco, como de un polo se pasa a otro. Pacheco era jin mal pintor, pero hombre excelente, de amplia; cultura, de blandos modos y relacionado con la gente ilustre de Sevilla- -artistas, escultores, nobles. Cinco años después- en 1618- -Pacheco casa a Velázquez, aún adolescente, con su hija Juana de Miranda. Esta mujer le acompañará calladamente toda su vida y, vi ceversa, no se conoce otra complicación de Velázquez con el eterno femenino Juana de Miranda se extinguirá una semana después que su marido n el mismo cuarto donde éste había expirado. 2. 1623- 1629. En 1621 muere FeUpe III y le sucede el joven Felipe IV, seis años menor que nuestro pintor, aficionado él iuismo á la pintura, que había practicado bajo la enseñanza de Mayno. Felipe IV pone el Gobierno en manos del conde- duque de Olivares, nacido en la familia sevillana de miás rancia y alta alcurnia: Los Guzmanes. Cómo los jefes políticos de todos los siglos, al llegar al poder se presenta el conde- duque con equipo propio, escogido en su clientela. Sus amigos son sevillanos y son los amigos de Pacheco. Velázquez es enviado a Madrid para tentar la fortuna y de paso agrandar su educación artística visitando las colecciones de Madrid y El Escorial. Demasiado reíciente el cambió político, son días de gran ajetreo en Palacio y no se presenta ocasión para que Velázquez luzca ante el nuevo monarca. En cambio, pinta un estupendo retrato del poeta Góngora (una cabeza maravillosa de gran intelectual resentido, mala perdona, como tantos ilustres poetas) Vuelve Velázquez fracasado a Sevilla, pero pocos meses después es llamado oficialmente a Palacio, con ayuda de costas para el viaje. En el equipó del eondenluque, Ve lázquez representará la pintura. Llega a Madrid e inmediatamente hace un retrato del rey. La obra produce tal énttísiásmo en Felipe IV que le nombra al punto su pintor de cámara y promete no dejarse retratar por nadie más. iVelázcfuez vivii á siempre adscrito a Palacio, de uno de cit, yos aposentos le sacarán para enterrarle. Repárese: una sola Por J. ORTEGA Y GASSET mujer es visible en su vida, un solo amigó- -el rey- un solo taller- Palacio. Desde este momento, que s cuando propiamente empieza, la vida de Velázquez, ofrece al cont mplad. or un radical equívoco: no se sabe si es la Vida de uti pintor, o la de un palatino. Con normal ritmo irá recibiendo uno tras otro los argos y dignidades en que consistía la carrera de un servidor del rey, hasta el importantísimo de aposentador mayor Todo ello acabará, cómo es de rigor, con la concesión a Velázquez de un Hábito de SantiagOj es decir, de la nobleza. En 1628 llega Rubens a Madrid. Se halla en la cima de su universal fama. Viene enviado por la archiduquesa gobernadora de los Países Bajos, tía de Felipe IV, para en- cargarse de una misión diplomática cerca del rey de Inglaterra. Importa siibráyar las faenas ajenas al arte en qu se hace entonces intervenir a los pintores, porque ello revela mejor que nada el poder social que la pijRÍura había llegado a gozar en las sociedades europeas, y sólo esa exuberancia de prestigio nos explicará ciertas i ualidades paradójicas de la obra velazqUina. Velázquez acompaña a iRubens durante los ocho meses de su permaneiacia en Madrid. Era la primera gran figura europea de artista con que entríj, Velázquez en contacto y da la casualidad de que al rango profesional se agrega en él un hombre de mundo, un gran empresario de la industria pictórica, un político y el rumbo de vida propio a un ígran señor. Esta presencia hace entrever a Velázquez qué el mundo, incluso el mundo del arte, es más grande dé lo que hasta entonces creía. Puede atribuirse a esta convivencia con el flamenco el impulso para sacudirse un momento España y ver otras tierras. Con pretexto de comprar cuadros para el rey embarca en Barcelona el 10 de agosto de 1629 cort, destino a Genova. Va en las galeras con Ambrosio de Spínola, el ganador de Breda. 3. 1629- 1649. Genova, Milán, Venecia. Luego baja por Boloña. Visita Lorcto. Tres años antes había estado allí Descartes, en cumplimiento de la promesa hecha a lá Virgen por haber recibido la inspií ación de la geometría analític i Por fin, Roma y Ñapóles. En esta ciudad conoce y trata al pe queño español de los martirios y las Magdalenas, a Jusepe Ribera. y En 1630 regresa a Españíf su vid hasta 1649 és una línea recta en que u i d í a se parece a otro. Veinte años significan muchas, muchas horas. ¿En qué las ha empleado Velázquez? Pinta, claro está. Pero si queremos aclaramos quién es este hombre tenemos que caminar por su vida con máxima alerta, i Por lo pronto nos encontramos con esta sustancial paradoja: Velázquez es el pintor que se caracteriza pori. lío pintar, quiero decir, por lo poco que pinta. Este, como otros rasgos aparentemente negativos de la obra de Velázquez, qué luego subrayaremos, son esénciaíísímos. Tan k