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¡VI! Respiro... Sigue desmnecidó. Le ataré, le amordazaré, le esconderé en algún sitio y telefonearé al Emir... MIENTRAS TANTO, EN LA COCINA... Y ahora, doctor MüUer, a portarse bien... y la desgraciada mujer no se rehizo jamás... Murió, minada por la petta, a la edad de noventa y siel años. Su marido, con él corazón desgarrado, la siguió a la lumfea. Pero las horribles desgracias de esta pobre familia no terminan ahí. -Vn día, su hijo... ¿Oiga? ¿Oiga? ¿El Palacio del Emir? Quiero hablar con: Su Alteza... Tintín... ¿Diga? ¿Es usted. Alteza? ¿Tintín? Si... ¿Dónde estás? ¿En casa (del profesor S m i t h? ¿Cómo? ¿Qué mi hijo está allí? i ¡Pfisionéro! rt ¿Qué dices? ¿Qué? ¿Has éstornu dado? Envié hómb fe S Wadesdah y haga que rodeen el Palacio del profesor... Yo, mientras tanto, trataré de Uberat; a su hijo... Ná me gustan demasiado estos chismes, pero, en este caso, es preferible ir fírpíado. y ahora, veremos a donde nos lleva esto... ¡g, f i 1 u iS rf (Corrtir. inrá.