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Rutíolf Kempe, al frente de la O r q u e s ta d e Bamberg en el Moaumental Cinema. La figura d e l gran maéiStro, su especialísimia sensibilidad, la e x q u i sitez de s u línea, e e demueistran ahora. en d o s versiones singulares, h e r m a n a d a s en u n expelente disco La Voz de s u A m o dé la Sinfonía n ú m e r o 1 0 4 en r e m a y o r del grupo L o n d r e s de Haydn, y d e la Sinfonía 3 4 en d o mayor d e Mozart, l a una popularísima; la otra, -menos h a bitual en los conciertos. Ambas con el talismán d e la gracia, la fluidez, la transparencia y la justeza de proporoio nes. Virtudes todas Has q u e s e multi pllioan, merced al trabajo d e l director y los profesores d e da Orquesta Filarmonía q u e actúan a sus órdenes. STRAUSS (9) De las d o s típicas vertientes q u e configuran en l a obra d e Strauss, la tragedia y- el salón, el elima tenso y crudo y la sonrisa d e l vals vienes, Arabella pertenece al s e g u n d o g r u po, q u e preside E l Caballero d e la Rosa No m u y lejana l a publicación por La Voz d e su A m o de sta obra, nos llega h o y u n disco en el que s e recogen los m á s atractivos fragmentos de Arabella tocados y cantados primorosamente p o r u n conjunto de artistas de primer orden, regidos p o r la b a t u t a d e Lovro v o n Matacic, al mando de la Orquesta Filarmonía. Elisabeth Schwarzkopff, J o s é Metternich, Nicolai Gedda, Anny Felbermayer y W a l t e r Ben- y d a n u n a fuerza y u n a distinción muy singular a las distintas intervencionee. La selección e s t á rea, lizada con verdadera fortuna. Y la r e producción sonora es d e u n a plasticidad y fuerza dignas del m á s absoluto aplauso. Antonio FERNANDEZ- CID (1) Voz ae su Amo LALP 641. (2) Decea LXT 5514. (3) D e u t s c h e G- rammopíioia LPM 18001. (4) Philips, A 01193 li. (5) Columbia CCL. 32035. (6) BCA 3 LC 16288. (7) D e ni t s c h e Grammoplicm LPM 18293. (8) Voz de s u Amo LALE 540, (9) Voz de su Amo LALP 556. tífÍVÍ Por Julio LAGO ALONSO II E L can latino, ese perro inseparaWe de su dueño hasta en la muerte, que está esculpido al pie de las tumbas renacentistas, por tan n o ble fué considerado por u n poderoso señor de Verona en el siglo X I I I que no tuvo inconveniente en apodarse a sí mismo Can grande y crear un nombre de estirpe que hoy está én labios de todos los cieeroni de la ciudad v é neta, que muestran orgullosos al turista el maravilloso enterramiento de su ilustre paisano. Can grande duerme su sueño dé piedra, junto a la Piaza delle Erbe, pintoresco mercado medieval de flores y legumbres, vivo todavía en el siglo XX, ¡cómo n o! junto al perro al que siempre amó y que le correspondía con fidelidad. El gusto por las figurinas de porcelana, por el adorno imprescindible de las chimeneas con bibelots en el r e cinto señorial y palaciego, les ha suministrado a los franceses, y como fruto de la observación, la expresión se redarder en cliiens de faíence (mirarse como perros de adorno) He aquí, pues, cómo una posición determinada, una manera de estar de las cosas, ha originado la expresión citada, equivalente a: mirar con aspecto hostil, con mirada fija, con cara de pocos amigos, en una palabra. Los cazadores nos permitirán que, nos fijemos en la palabra gatillo y que digamos algo sobre ella. Esta palabra corresponde en francés a cWere (perro) Cuando los perros van siguiendo unas huellas dejadas p o r las piezas perseguidas y ya no se ven m á s señales de ellas, los franceses dicen: rompre les chiens (romper los gatillos) De esa expresión de caza se ha pasado a la vida de cada día, y con esa misma expresión traducen los franceses la idea de interrumpir u n a conversación indiscreta, o sobre u n tema delicado, cortándola en seco. (Pensemos en una situación semejante, cuando h a y niños é n presencia de personas mayores que conversan de algo no santo, y alguien que se da cuenta advierte: Hay ropa tendida, cuidado L o que ya no resulta tan fácil de explicar es la expresión francesa: iVe pos valoir les quatre jers d un chien (no valer las cuatro herraduras de u n perro) y q u e traduce en castellano la idea de no valer ni u n ochavo, n i u n comino si pensamos que la palabras e r viene del latín ferrum (hierro) y que empleada refiriéndose a caballos se traduce p o r herradura; e n tonces da origen, por ejemplo, a la expresión etre ou tomber les quatre fers en Tair lo qué significa lisa y llanamente: estar o caer patas arriba y eso vale tanto para personas como para animales. Sin embargo, que sepamos, a los perros no se les ponen herraduras, aunque para explicar la expresión quizá p u diera pensarse en los clavillos que sujetan el bozal délos chuchos. ¿Quién sabe? Desde niños hemos juntado en la mente, porque las hemos visto asociadas en los dibujos de los tebeos y en otras p u blicaciones infantiles, las dos palabras, perro y hueso. U n hueso es algo duro de roer, tanto en sentido propio como figurado. De tantos huesos como uno puede encontrarse en la vida- -personas o cosas- -no queremos hablar ahora. Sólo nos interesa la expresión: ¡A otro perrQ con ese hueso bien cargada de sentido y acertada como todo lo que brota de fuente popular, es castiza y por eso mismo rotunda. Comparada con la expresión francesa equivalente: A d autres ¡para otros! confirmamos la apreciación de Bergson, que decía que el español tenía fuerza y vigor para pervivir, precisamente por su gran enraizamiento en el pueblo; claro que él. pensaba e n el francés como lengua de Salón, y hoy día ya n o lo es tanto... Entre dos luces es una expresión castellana que se aplica para designar el momento preciso de la caída de la t a r de, cuando ya puesto el sol el día m u e re al atardecer. Que en invierno, con la oscuridad y a esta hora resulte difícil distinguir a siriiple vista los ojos de u n perro y los de u n lobo, es lo que confirma la expresión francesa: entre chien et loup (entre perro y lobo) usada para designar el crepúsculo vesjpertino. La llegada de las personas inoportunas, lo sean ya por el tiempo en que se presenten o por las circunstancias que acompañen su irrupción inesperada, es comentada en francés con esta frase: Receuóír a quelqu un cojnme a un chien dans un jeu de quilles (recibir a alguien como a u n perro en un juego de bolas una bolera) No de forma tan sugerente, pero sí usando una expresión acada de la observación en los animales, decimos en castellano que alguien ha sidol recibido de uñas o sea con desagrado. Para que e l lector no experimente esto último, vamos a dejar por hoy estas perrerías filológicas.