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demasiado incierto el porvenir, para il) erder el tiempo r e cordando las cosas que fueron. Olvidemos nuestro maravilloso, único, primer a m o r ya tendrenios tiempo de pensar en él cuando tengamos setenta y cinco años, reúma, y acabe de casarse nuestro último nieto. Ni Un solo pensamiento para ese hombre que se portó mal coH nosotras, fuera todo lo que nos recuerde ese episodio desagradable de nuestra vida, fuera todos sus regalos, fuera de nuestra ca beza hasta su imagen: -Se acabó. Todo lo que m e ha pasado hasta ahora tiene que servirme únicamente de experiencia, no puedo perder ni un solo instante de mi vida volviendo. la vista atrás. Hay tanto que hacer, y tanto que pensar, y tanto que leer y tanto, tantísimo, que ayudar al- prójimo... En consecuencia, prohibido decirse: Si entonces yo h u biera actuado asi, las cosas estarían hoy de otra manera. Todo seria bien distinto si stuviese casada con Alberto, ése si que me quería de- verdad. Me parece que fui una tonta no haciendo caso a aquel chico que estaba loco por mi hace dos años... Las cosas hechas, hechas están. No Vale la pena envenenarse el alma volviendo sobre ellas. Si sotilos de verdad m u jeres de hoy, viviendo en el mundo dé nuestro tiempo, hagamos una cruz sobre nuestro pasado amoroso sin volver la cabeza, sin sentimentalismos cursis, dept) rtivamenle. Todo puede servirnos de experiencia en el futuro y todo r e p r e sentó en su momento un trozo de nuestra vida que seguramente valió la pena, pero que ya ha pasado y está muerto. Hoy es hoy y tenemos que pensar en olí- a cosa, encontrar a otra persona, vivir una nueva existencia que empieza a cada instante, sin echar nada de menos, sin volver atrás ni un momento el pensamiento, como si lo estrenásemos todo, cada día, cada momento. Plegados los recuerdos en el fondo de nuestro subconsciente a la espera de una noche propicia a la evocación, dentro de muchos años, cuando ya hayamos cumplido con todas nuestras obligaciones en la vida y sea- mos ornas ancianitas modernas, vestidas de claro, delgadas y llenas de sentido del humor que hacen confidencias a sus nietas! -Ahtes de conocer a tu abuelo yo tuve un novio del que estaba enamoradísima. Cuando acabé con él creí que me moría de dolor, pero ya ves, no hay nada eterno, todo pasa, ahora es sólo un bonito y lejano recuerdo que me ayuda a pasar alegremente esas largas tardes de invierno tan solitarias para las personas viejas... Vdmos, no llores. A mí me plantó una vez u n compañero de oficina para casarse con otra quie tenía dinero, y talnbién me llevé un berrinche espantoso. Claro que enseguida Recapacité y le di gracias a Dios por haberme librado de senlejante monstruo. Lo mejor es que no vuelvas a p e n sar en ello, mira, yo llevaba unos cuarenta años sin acordarme de semejante historia... Hasta entonces vivamos en el presente, pensemos en el futuro, con alegría, con esperanza, sin rincones sentimentales en el cerebro, sin cajones de recuerdos en el armario. Lo qué fué, ya fué; lo que venga, vendrá. La mujer de Lot miró atrás cuando iba de camino. Muy bien que k puerta de nuestra cocina se abra sin esfuerzo con Tin simple empujón de la rodilla, pero en la puerta que abre el cuarto de nuestros recuerdos vamos a poner siete cerraduras viejas y complicadas, con siete llaves mohosas que perderemos ahora mismo para no volver a encontrarlas hasta dentro de muchísimos años, cuando todo haya dejado de tener importancia y sea una delicia recordar, sentadas en el jardín, el bastón y las gafas a mano, y u n perro casi tan viejo como nosotras acostado a los pies. Begoña GARCIA- DIEGO ILUSTRACIONES DE MUNOA