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cité aquí, para dentro da media hora, a V rónica Ouyer y a IHartín Leder, Creo que la únl a forma de aotarar est aso ponerlos frente a fr nte. ¿no te parece gracioso? -ía, muchacha rió con ironía- -eso quisiera saber yo, inspector, quién es Martfn. Delar vio que la señora del pelo blanco le hacía una seña como dándole a entender que era mejor terminar de momento con aquel interrogatorio. Se encogió de hombros y accedió. -Mañana deberá presentarse en la Jefatura a las diez en punto- -dijo secamente- Buenas tardes. Mea permaneció en el salón mientras su tía aoompaífiaba al policía hasta la puerta. Espéreme en el bar de la esquina- -4 e susurré- bajaré dentro de diez minutos, cuando la haya tranquilizado. Un cuarto de hora después, la vieja y el inspector se hallaban sentados frente a frente, ante dos Jarros de cerveza. -Quiero explicarle la historia de mi sobrina Verónica. Tiene veintitrés años. Hace dieciséis meses ae marchó con sus padres y su hermano mayor a la finca que tenían en Argelia. La situación allá era difíciL ün grupo de rebeldes cercó la casa y después de una breve lucha, entraron y pasaron a cuchillo a todos sus habitantes en presencia de Nica. Terminada la matanza se vieron obligados a huir ante la proximidad de una patrulla francesa. Mi sobrina recibió un fuerte golpe en la cabeza pero salvó la vida. Desde entonces ha sufrido de amnesia. No recuerda nada de lo que ocurrió con anterioridad a la fecha del desastre. Xo he ido explicándole Iss hechos poco a poco. ¿Comprende usted por qué le hice señas suplicándole que no continuara el interrogatorio? Delar miraba a la mujer con los ojos entornados. ¿Qué tiene que ver con esa historia la visita de su sobrina a la capilla y un hombre que se llama Martín? -preguntó. Sf. Claro- la mujer suspiró- Antes de marcharse a Arge ia, Verónica conoció a un chico que se llamaba Martin. Creo que se cita- ban en esa vieja capilla, arriba, en el campanario, por las tardes. Cuando ella volvió sola y enferma de África no quise recordárselo. El se había casada. Re procurado ahorrarle ese disgusto. Sin embargo, ella conserva en la, memoria, su nombre, y por lo visto tam ién recordaba el lugar donde se veían. ¿salió ayer por la tarde su sobrina? La mujer bajó los ojos. -Sí. ¿Siabe usted donde vive Martín? En la calle Birman, número 18. El reloj de la plaza marcaba las diez y cuarto de la noche. Delar caminaba lentamente en dirección al restaurante italiano donde pensaba cenar. Acababa de visitar al famoso K tfn, que habla resultado vn muchacho con buena facha, rublo y atracti vo, casado desde hacía seis meses, empleado en unos laboratorios de productos farmacéuticos. Bssultaiba que nada sabía del regreso de Verónica ni de las desgracias que le habían ocurrido en Argelia y, por otro lado, Ihabía demostrado fácilmente que entre las ete y las nueve de la tarde del día anterior había permanecido trabajando en el almacén de la fábrica con otros tres compañeros. Al día siguiente, el inspector, sentado ante su mesa de trabajo en el despacho de la Jefatura, contemplaba abstraído una cuartilla donde había reimido los puntos más Importantes r e f e r e n t e s al caso del campanario: 1. Verónica sufría de amnesia, pero estaba en uso noi mal de sus facultades mentales. 2. La muchacha había estado la tarde de la muerte de Vara en el campanario. 3. La figura había sido empujada desde arriba mucho antes de la hora del asesinato. 4. La herida de la víctima podía haber sido producida por cualquier objeto similar de piedra. S. Verónica insistía apasionadamente en que no había visto a nadie cerca de la capilla. 6. La muchacha n o guardaba ninguna relación con Vara. Delar suspiró y pulsó el timbre. Cuando apareció el sargento, le dijo; Cite aquí, para dentro de media hora, a Verónica Duver y a Martfn Leder. Creo que la única forma de aclarar este caso es ponerlos frente a frente y aclarar sus respectivas posiciones. Y, en efecto, así fué. ¿En qué hipótesis se basaba el inyector para hacer tal suposición? (Solución en las páginas azules.