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Los Jabalíes son oirá de las piezas más cotizadas por los mon tero Una vez obrados, son enganchados en unos garfios de hierro y ofreoen esM aspecto que hace felices a los cazadores. ü n giro, punto menos (Jue inapreciable, me afirma en que aquellos sarnnentos no pertenecen al reino vegetal, sino a un buen venado que se encuentra frente por frente a mí. Rápidamente apunto por debajo de lo que veo y oprimo el gatillo. El venado atitasma ni cae ni huye. Creyéndome víctima de una alucinación, avanzo en cuatro ¿aneadas y el enigma se descifra racionalmente. Alcanzado en el pedio a la altura de los encuentros y asfixiado materialmente por el derrame interno, no puede dar un paso. Levanta el morro al aire y busca en la abertura de los brazos una estabilidad imposible, desplotaándose al fin, antes de que yo llegase a él. Una gruesa cuerna con catorce simétricas punta es el premio a casi una hora de ducha escocesa de ilusiones y desesperanzas. El secretario de mi vecino por babor reviene a éste, que coge el rifle. -Los dos miran hacia su izquierda, y el montero arma su braZQi desejc carando seguidamente. De nuevo encara y continúa pretendiendo encañonar algo que frente a él pasa de izquierda a derecha. Desiste al fin de su inteittp. Debe de ser un cochino que, poco aficionado a urbanizaciones sigue por el monte una línea paralela a la raya evitando saltar a ésta. El tarameo me indica que el cerdo atesora ideas firmes y continúa invariable su carrera hacía mi postura. Treinta o cuarenta metros antes de la madrona que me da cobijo existe un resto de raya abandonada, convergente a la que tengo a mi espalda, que aunque bastante oscura por el retallo, avanzando Tin par dé pasos me ¡permitirá dominar el momento. A lomos da una caballería se foaja este corpulento venado El sol está próximo a ocultarse y hace rato que no se oye un tiro.