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V. 1 K i a i- Vf Y. L Lera per i- o? olfatean los trofeos conaeguldüs. Con aire de felioidad, los cazadores llevan ol venado r eoTén cobrado. haya podido egüir, y u n a cierva que sin perros sale a a 9 raaos caai por donde se soltaron las rccohas m e refugia en la resignada cxpUcacióa de ¡ue f u e ella la caucante de mi sobresalió. ni eu hahilídad para salvar espacios respetables sin dar c) menor rumor. Otro avance niás decidido y cuando, siguiendo el ruido, m e apr? -to H esperar nu paso por un U n caai imperceptible y brcvt t r o í o d e monle que, nlenoB cerraruido en el arroyo me hace resta- do, me permitirá verle la cabeza, blecer la alerta. Ha vonado bastan- una ve más c acaba el oir. te a la derecha de donde t e oyó No puedo deuperdieíar e l m o el anterior y tampoco t i m e con- mento. Tiene que estar a veinte tinuidad, pero desde luc o sirve pasos de mí. Mi menor movimienpara descartar a la eJerva de ctite to, u n revoque del aire y aun el negocio. respirar- pueden hacerle dar el Cinco minuto máa tarde, y ya toruillaio que le buntla otra v c i máa cérea, nnevo cuido del monte en la invisible aenda de llegada. Mirando y remirando ha la des uucvo fiileni: io. La tensión me ahoga. Indndablemente pe trata ojarme, Ir -i la copa de un raquíde un eaiilo venado que aspira a tíeo alcornoque nie pareep adivi escurrirse del berenjenal en que nar algo que no on ramos. Su abse ve metido, pero no acierto a soluta inmovilidad aereeicnta mi couipreuder ni u flema británica duda.