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MONTERÍA Í llaifll Una bonita escena. Un perro persigue al venado a través d I8 s aguas de un río. temple, a un limpio día decembrino. Poco a poco los picos se van alargando y descubren sus laderas. Ya no resta más que un blanquecino velo en la rana, más tenue a cada momento. El monte despierta a un nuevo día. Tomillos, romeros, jaras, brezos y lentiscos; madronas, chaparros, alcornoques y acebuches. j Cómo concertáis toda una gama de verdes y vuestro varío porte a la bravura de peñas y barrancos en esta asombrosa armonía de la obra de Dios! Casi no corre el viento, paro algo apunta el gallego lo que no constituye precisamente augurio feliz para las jornadas que restan. Mi puesto- -por la derecha a doscientos metros de terreno limpio, con barbechos recientes y casas de colonos- -no resulta atractivo para los que por primera vez cazan Los Rumblares El encontrarse en los principios de la mancha, en tan próxima vecindad con la civilización y el ser casi un paso de retranca, puesto que la suelta de los perros se efectiia al alcance de la mano, no le hace a primera vista muy apetecible. Sin embargo, por los veteranos es justamente codiciado. Colocado al término de un afable puntal, en un caliente esjjesar jpot el que se unen Los Pínganos a la mancha madre de la finca, sus cercanías constituyen tránsito natural de las reses. Un medio aire para los primeros puestos de la armada, que por la oblicuidad con que sopla refresca más el cogote a medida que avanza la postura, aumenta la probabilidad de diversión. La llegada de perreros y peltos al lugar donde se han de quitar Esta fotografía ha ída obtenida desde un puesto. El animal está totalmente ajano a que un cazador le estará apuntando con su rifle.