Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ti ti las J) rirde) ras x; o a 8 y se ciendeií los jprimeros cigarros, omitir la obligada asomada al terior para ver cómo está la ettsin ex he- riUa El día no iitita mal. Jirones de niebla se agarran a los bajos, pero los picos se dejatt ver y el sol transparenta un pálido y perfecto círculo- -de luna en el día- -por Saliente. Entonando bien con el patriatcal ambiente que se respira, la mesa es presidida por don Bernardo. No faltan las migas en el pródigo desayuno. íerminado éste y ya todos en pie, el piadosa recuerdo de aquellos que tantos años nos acompañaron y ya no están entre nosotros, se cuaja en un í adrenuesti- o. Más de un viejo montero vuelve la cabeza para que no vean eómo las lágrimas- -silencioso homenaje a la memoria de nnií amistad- -se deslizan por un rostro curtido a vientos y adversidades. -v: -oS. Constituye spectáculo colorista de prilner orden la salida para la caza. Todo en ese motttehto rezuma animación y optimismo. Equivale al ¡a los toros! de los días de corrida grande. Los secretarios recogen rifles y alforjas, sin olvidar el suculento taco que ha de redondear el saboreo del día de suerte o mitigar el malhumor de la jornada sin fortuna. Por entre los caballos, que ya impacientes por p a r t i r ante la casa caracolean, pasan las rehalas con su alegre cascabeleo y todos esperan la orden de marcha para saltar sobre sus monturas. Loé peM oíi, el mento pri- n toda montdPÍa ótPfitM esta estampa una vez han terminado su labop. La hora de la comida ha I lisiado entonces. El Capitán hace sus últimas recomendaciones: C a d a armada que siga a su pastor poco ruido durante el camino y que los de la cuerda esperen en la Horcaja del Colmenar hasta que las Otras bandas se hayan dado la mano ¡Qué bien se recorre la vereda, por dura que sea! ¡Cómo laten los corazones cada vez que al llegar a un puesto de tronío el guarda, sacando del zurrón la botella de los números, la agita y dice: ¡Va bola! ¡El siete! ¿Quién tiene el siete? -preguntan unos a otros. Plronto se llega al conocimiento de que el titular de este número es un señor de Madrid ciertamente nuevo en estas lides, que pronto descabalga. El guarda se considera obligado a largarle un discurso exponente de sus vastos conocimientos venatorios. En su locuacidad pesan claramente la esperanza de que su disertación pueda verse recompensada y el halago que siempre proporciona al rústico sentirse superior a los de la Capital en algo, por modestas que sean las proporciones de este algo. Ciento cincuenta m e t r o s más allá, otra parada del postor; nuevo zarandeo a k botella de ciiero y en medio de expectación pareja a la de un sorteo de Navidad, cante del número que ha de ocupar el puesto. ¡Un veintiséis I pronunciado en voz queda, indica al que esto hilvana que para él la caballada dio a su fin. Ya estamos en el paso y quizás en uno de los momentos de más gozo para el aficionado. Lo primero, desenfundar y cargar el rifle. Un exprés de los de antes de la guerra pues el clima que se respira eft la finca no es el más apropiado para que en él prosperen esas armas automá-