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de temblor y de esperanza, está n esa evolucióa de parte de la Iglesia angli ana cada día más cerca, más n lo dogmático, admitiendo la confesión, la reserva encartstica, y tanto que algnno piíede en Londres despi tarse y creer que está en templo católico. Esa Iglesia, cuyo jefe supremo es el soberano- Yo, doctor en Teología, elegido, confirmado, consagrado obispo de declaró que Vuestra Majestad es el solo gobernador supremo del reino en la cosas espirituales y eclesásticas como en las cosas temporales y que ningún prelado tiene jurisdicción y reconozco que tengo mi episcopado d vuestra sola majestad dice el juramento que prestan los obispos- ha ido muy a la inglesa, conquistando una independencia no escrita, pero sí muy real. Añadan a esto la misma postura de los Reyes de Inglaterra; ya EduardcT Vil leyó, borrosamente, el día de su coronación las palabras que suponían un vejamen para los católicos. Vienen a la memoria loí nombre de Newmann y de Mereíer, los dos cardenales que tanto sufrieron e su alma por la separación. Y, cómo no, esos viejos y queridos nombres de Chesterton, de Baring y, sobre todos, el nombre de un santo, el de Santo Tomás Moro, mártir de la verdad, a quien el inglés recuenfc siempie con terilura y con remordimiento. iLA VISITA DE DOS ANCIANOS El doctor Fisher es muy popular en Inglaterra por su bondad, su aire paternal, su profundo entído eclesiástico Creo, con toda sinceridad, que por grande que íea el miedo es minimizar la c- nestión, es hacerla como slogan de propaganda electoral norteamericana, presentar este diálogo en el sentido de un pacto anticomunista. Es esto, pero con inncho más fondo dentro; lo que más hondamente preocupa a estos ancianos es lo que también ocurre en Occidente, es decir, la desacralización la pérdida progresiva de la fe, la necesidad de mirar la propia tierra como tierra de misión, porque no hace poco se nos decía que sólo un diez por ciento de anglicanos cumplen el precepto dominical, y los obreros de allí y de todas partes están lejos de la fe y e encarnizan en esa lejanía. Es parecida y distinta la visita y el diálogo a las que ahora e estilan entre jefes de Estado. Es difícil, claro; hay mucha triste historia detrá Yo me imagino que, desde su punto de vista, la Prensa religiosa de Inglaterra dirá cosas que nos sonarán extrañamente y no está mal recordar cómo no hay visita, ai diálogo, ni acuerdo capaz de quebrar un punto dogmático. Ya lo sabemo ii pero también debemos saber que las guerras de religión han acabado; que en un mundo desacralizado pero que intenta en sus mentes más nobles, no religiosas, salvaguardar la libertad y el decoro del hombre, es apostolado la comprensión y es apostolado el diálogo, el mutuo respeto y la mutua estima. Que el primado anglicano solicite visita de cortesía a su paso por Roma es ya gran victoria ínsoñable, repito hoce años. Los Papas sorprenden a reces y después les damos las gracias. Recordemos. Newmann se convierte ul catolicismo, comienza a trabajar como sacerdote católico y con esa valentía, con esa libertad de los hijos de Dios que suele ser luz especial en los conversos, pasa años, muchos años, de terrible cruz entre los anglicanos que lé atacan, que le calumnian y no pocos católicos ique desconfían y algunos teólogos roBianos, no muy alertas para ver cómo todavía hoy somos discípulos de no pocos atisbos de Newmann. Dolido n lo más hondo escribe su Apología y parece un adiós, y cuando Newmann es un anciano a punto de querer ser consolado León XIII, nuevo Papa, le hace cardenal y toda Inglaterra la anglicana y la católica, ve en ello la más bella corona para su mejor escritor en prosa. LA ORACIÓN POR EL PAPA Ha coincidido esta espectacular noticia con la celebración del día del Papa. Yo pienso si problemas como éste no serían capaces de quebrar de raíz esa herencia funesta de otra época que consiste en hacer de la oración, de la comunión algo absolutamente iprivado. A nadie puede pedírsele que en momentos de gran gozo o de hondo dolor, su oración no se vuelque, no abarque todas las palabras, pero, cotidianamente, nuestra vida, sólo lo que a cada vida sucede es monótomo, pequeño; salir de esa monotonía, rezar como miembros de la Iglesia, situarse cerca del corazón del Pa pa es abrir todas las entrañas a la perspectiva, es iluminar nuestro rincón con el panorama completo del mundo. Es rezar trabajando; es, en este caso, buscar libros y personas enteradas que sepan del angUcalísmo y de sus problemas; es sobre todo pensar cómo un anciano que va a cumplir mañana mismo setenta y nueve años, es protagonista de algo imposible, insoñable desde hace muchos siglos. Y pensar también, no tengamos el corazón de piedra, en tantos clérigos anglicanos, en tantos líeles ingleses que dirán palabras esperanzadoras pero distintas. Santos y ángeles guardianes tendrán que decirse muchas cosas. P. F. S,