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de oro ante el sol que declina- con una catedral esbelta y magnifica mantenida imipecaWe, por el fervor ciudadano; con u n a herniosa plaza donde ambulan los purépeohas de la tierra y los mestizos de ahora. Y esto es sólo lo más impresionante, o tal vez sólo lo ingente, porque sería imposible expresar los sentimientos que despiertan cada uno de los pueblecillos indígenas con su iglesia, su plaza, su quiosco, sus hombres emhozados en sarapes y cubiertos por amplios sombreros de palma, esos pueblecillos que se repiten una y otra vez, interminablemente, a lo largo de la cinta asfáltica que los gobiernos se pusieron a tender, u n a vez terminada la furia revolucionaria y encauzada la agitación del pueblo, que dejó a u n lado el máuser y tomó la pala y el azadón, que harían p sibíe que los mejicanos se conocieran más, se a m a r a n mejor. H. R. T. FBOGBIMA P M A ELEVAR LA RIQUEZA A BASE BEL TRABAJO Y LA MEJOR T A C! OH D E S ü H A T U R A L E Z A Por AS naciones pueden dividirse en naciones fie pasado y en n a ciones de futuro. En líneas g enerales, las primeras t i e n é n una historia grande y profunda. Subsisten en ellas valores históricos ue en unos a s p e c t o s favorecen y en otros estorban su desarrollo económico- Suelen estar muy pobladas y prácticamente h a n echado ya mano de todos los recursos. En cambio, las naciones de futuro poseen una historia más breve y con menos raíces, suelen estar poco pobladas y la mayor part- e de sus recursos no h a n sido debidamente explotados. Por todas estas causas, las naciones de pasado avanzan, en su desaiTcllo económico, aritméticamente, y las de futuro geométricamente. Entre las naciones de futuro se encuentra Méjico. Un primer índice de esto nos lo da el crecimiento demográfico. Oficialmente, la población actual de Méjico se estima en unos 33 millones de habitantes, a razón de 16 por kilómetro cuadrado. Cálcalos bastante realistas permiten admitir ara dentro de veinte años, es decir, para 1980, Una población de unos 60 millones, es decir, a 30 por kilómetro caadrado. El índice de natalidad de Méjico es de los más altos del. mundo. Comparándolo coB el ée lar otras naciones latinas vemos que juientr as en la Argentina es de ZZ, en España es de 24 y en Francia de 18, en Méjico alcanza los 43 nacimientos por cada el L i e J SAL ILLAS co. Esto lo vemos, por ejemplo, en la producción de acero, energía eléctrica, carbón y cemento, que son los grandes pilares de la industrialización y desarrollo de un país. Hoy día cada mejicano dispone de tres o cuatro veces menos de esos productos que los latinos europeos. Cierto que los sobrepasa totalmente en petróleo producido (no consumido) pero eso no basta. Por tanto, lo primero que se observa es que Méjico tiene que enfrentarse, cara al futuro, con nn importantísimo problema que deberá exigir su máxima atención y esfuerzo en los próximos veinte años, y es hacer que su prodfucción aumente a u n ritmo mayor que su población, si aspira a que los mejicanos de 1980 dispongan de una m a y o r riqueza per capita que a la hora presente. Por tanto, el lapso histórico de Méjico en esos veinte años h a de exigir trabajo, disciplina y ahorro. De ese modo, dentro de dos decenios habrá podido mejorar notablemente su nivel de vida y, por tanto, la importancia y prestigio real de lá nación. Pero como en esta vida nada se consigue gratis, el precio que hay que pagar por ese progreso es el del esfuerzo, la austeridad y h a s t a el sacrificio durante unos cuantos años. Méjico tendrá que aumentar notablemente sus producciones de acero, energía eléctrica y cemento, hasta alcanzar el per capita de los países desarrollados. De momento, esos au- L mil habitantes. T como su mortalidad es de poco más de doce, viene a haber u n crecimiento vegetativo de 30 por cada mil habitantes, o sea, a n 3 por 100 anual. Así se explica que, en lo que va de siglo, casi haya triplicado su población. Pero también hay que prever, para lo futuro, un descenso de la natalidad, superior, en proporción, al descenso de la mortalidad, qu- e también se hará notar. Es éste un fenómeno demográfico soeial- económieo que se observa en todos los países, según van aumentando su desarrollo y adaptándose a niievas formas de vida. Y es de esperar que Méjico tampoco sea ajeno a ello. UNA TAREA FADA TODO XTN PUEBLO Actualmente M é j i c o se enfrenta con un hecho indudable: sus recursos básicos resultan inferiores a las necesidades de la población, parte por déficit real y parte por una desigual distribución de sa riqueza. El lujo, el confort y la manera de vivir de sus minorías elevadas no corresponde a los niveles de vida de una buena parte de su pueblo, sobre todo en algunas zonas campesinas. Pero admitiendo esto como una realidad indiscutible, no ca, be duda que, en g- en ral, la riqueza per capita en productos básicos, es en Méjico más baja que en los páíseá normalmente desarrollados en el ordien económi-