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Por el Líe. José VASCONCELOS Honramos estas páginas de nuestro número dedicado a Méjico con la reproducción del siguiente artículo, que no hacemos nuestro en su integridad, pero que admiramos por su fondo y su forma, escrito poco antes de morir por el m, aestro don José Vasconcelos, una de las m á xim. as figuras intelectuales del Méjico contem- poráneo. li viejo ideal se halla en maroha, pero nuestra g eneración lo está renovando. La Hispanidad es, por lo pronto, un nuevo vocablo para designar u n viejo ideal. I, a Hispanidad surgió en la mente de los poetas de la España de la íleconquisía, los romanceros, como el conde Arnaldos, que sueña con prolongar la hazaña más allá de los mares. Así Eduardo Carranza, ensayista contemporáneo, en su Renuevo el 13 de octubre, nos habla de que la palabra poética siempre convivió, hermosa y heroicamente con la Historia, Siguiendo al Cid, tras el paso heroico de su caballo, por encinares de Castilla, por pinares de Cuenca, por olivares andaluces, basta desembocar en el mar azul de Valencia, va el anónimo juglar de Medinaceli con su epopeya sobre el corazón. Y le sigue su corte renacentista de galanes heroicos- Cetina y Garcilaso, Acuña y Diego Hurtado de Mendoza. que a un tiempo crean el imperio y la lengua poética en que todavía hablamos con Dios, con el mundo y con nosotros mismos, los hispanos de aquende y allende los mares, Colón cruza el océano, poeta de sí mismo. En Lepanto, sobre la proa de una galera, mientras Don J u a n de Austria alcanzaba la media luna, Miguel- de Cervantes se desangra de su brazo izquier- do para mayor gloria de la, mano diestra. Y Bolívar, cruzando pampas desmesuradas, trepando, riscos y cortando ríos con su pecho, fundando patrias y vaticinando, es a un tiempo Odiseo, Aquiles y Homero de su epopeya. Todo fué antes en la palabra poética; también las tierras soñadas qiíe luego se convirtieron en nuevas Indjas, en temblorosas Américas. Me gusta siemtjre pensar que en el romancero español, vivido y escrito por ese gran poeta que es el pueblo, estaba ya contado el descubrimiento de América y que allí se n a r r a casi la navegación de las carabelas Bespués del período de la integración de la Hispanidad, la América Española y Filipinas, vino la necesidad de hacerla libre, para que corriera menos riesgo de ser dominada por el inglés. Y se produjo la guerra civil, prematura, que llamamos la guerra de Independencia y al final de ésta, aparecieron los espíritus más esclarecidos del Continente: Monteágndo de la Argentina; Bolívar, que todo ío adivinó, y Lucas Alamán, cuya; obra quedó destruida por la traición desde antes de enderezarse. Y los tres hablaron de la necesidad de crear, frente al naufragio colectivo que era la independencia en manos de los Caudillos, la Liga de Naciones- -la Anfictionía- que habría de dar unidad a las provincias del Viejo Imperio, el más ilustre de la historia, y que, por lo pronto, ya no podía defender a sus antiguas naciones. Vino el período oscuro de la dispersión, en que la fecha y la hazaña misma del descubrimiento nos fueron regateados. Los nuevos amos del mundo- -los a n glosajones- propalaron la tesis de que todo el mérito del descubrimiento era debido a u n judío de genio- -Cristóbal Colón- que había tenido Ja desgracia descontar para su empresa con la colaboración de españoles degeneradas, en vez dé navegantes británicos Y se festejó durante- más de un siglo, el 13 de octu bre- -la segunda fecha de la Historia después de la aparición del Cristianismo- simplemente como el Coliimbns Day de un hispanismo que se había vuelt o la Panamericana de Washington. Afoírtunadamente, el Sur reaccionó cuando Irigoyen, el ilustre Presidente argentino, crescató el aniversario del descubrimiento para bautizarlo con el nombre de Día de la Kaza es decir, la raza hispánica, lá que hizo el descubrimiento, la conquista, la colonización del Nuevo Mundo y, también, la creación de las veinte y tantas naciolies que lo componen y lo ensanchan hasta los linderos de las Filipinas. Definiendo con palabras modernas, el viejo ideal de la interioridad hispánica, el ensayista Jorge Mañach, ilustre pensador cubano, acaba de decir que el vocablo Hispanidad hoy generalmente adoptado, es más ventajoso porgue pone de relieve que no se trata de honrar una comunidad de sangre cada vez más precaria, sino de origen histórico y de patrimonio cultural. Somos, en efecto, en América, u n ideal dé unión de todas las razas del mundo. Y existen, además, según lo señala el propio Mañach, intereses superiores comuKes a todos los pueblos hispánicos, que sobreponiéndose a todas la intenciones o beneficios particulares, aconsejan la unión de todos ellos... Desde que se rompió su viílculación política, los pueblos hispánicos, que están como ensimisniados y a la defensiva, en u n mundo que, sin embargo, tiende cada vez más a las grandes concentraciones o ententes por afinidad de