Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Ocho días después, unos indígenas recogieron cerca de la frontera francesa e ¡cadáver de un hombre blanco horriblemente mutilado y lo transportaron en su ruciimeifitaria embarcación. transportaron en su rudimentaria embarcación. Fué identificado gracias a. una herida que presentaba en la Kfierna izquierda, detalle Que, unido a la ropa y a los objetos personales QTie llevaba, parecieron demostrar aue aquel cuerpo pertenecia al desaparecido financiero belga. Delar interriimpió la lectura y miró al detective francés, que en aquellos instantes estaba examinando los objetos hallados en los bolsillos de la víctima: Un reloj de oro. Un paquete de cigarrillos americanos. Un pañuelo. Un pequeño portarretratos con la fotografía de Martine. ¿Sabe usted- preguntó el inspector- -desde cuándo prestaba sus servicios el secretario con el señor Chambre? -Fué contratado hace c u a t r o años. En esta ocasión se portó heroicamente, pues se encontraba fuera dtel ContTO cuando estalló la revuelta y, sin embargo, cruzó la frontera f organizó la fuga a través del río. ¿Sabe si conocía a la sobrina del banquero? -Ño. La muchacha llevaba cinco años en Europa, cursando sus estudios e n u n a Universidad suiza. Ya. Y... ¿estaba Bernean- en el comedor cuando el camarero y Martine entraron en aquella habitación para asistir a la rexjnión convocada por ei capitán? -Si. Y Simone también, aunque habían llegado independientemente. ¿Cómo Je mutilaron? Le cortaron las extremidades y le golpearon salvajemente la cara y el pecho. ¿Murió ahogado? -El forense no h a querido comprometerse respecto a este punto, pero en su opinión la muerte no vino por asfixia, sino como consecuencia de las heridas sufridas. En fel caso hay que suponer que los negros lo cogieron vivo. ¿Ss beneficia también el secretario con la muerte de Chambre? En absoluto. Itelar cogió la carpeta, se puso en pie y tendió la mano a. su colega. Deseo interrogar personalmente a los tres sosipechosos- -afirmó- Daré órdenes para que se trasladen esta misma tarde al bungalow donde estoy instalado. personas esperaban en silencio eon cierta inquietud reflejada en sus miradas. Sinjóne Butrait, con ei rostro íostaíSo por el sol, los ojos verdes y í cabello cobrizo, vestida con un ligero pantalón y una cazadora caqui de manga corta, sugería la estampa, tantas veces rodada por el cine americano, de una protagonista joven e inocente a quien las circunstancias habían llevado a uno de los lugares más alejados de la civilización. Pero en aquellos ojos verdes había, además de candor, una angustia contenida, una sospecha muda y aterra- dora. Jacqnes Bernean comenzaba también a impacientarse a pesar de que íia- bía llegado con media hora de retraso a la reunión organizada por I inspector. Su rostro pecoso, su boca breve y su mandíbula redonda prestaban a sus facciones una ejspresión aniñada en contraste con la voluminosa y atléííca complexión de su cuerpo. Delar consultó una vez más el reloj y bebió de un trago los tres dedos de whisky que quedaban en su vaso, (Es muy extraño que la señora Chambre no haya llegado aún- -afirmó. Llevamos cerca de dos horas esperándola. Sugiero que vayamos hasta el pueblo en el jeep para averiguar la causa de este inexplicable retraso. Poco después, el inspector y sus dos invitados atravesaban la jungla por la carretera que oonducía hasta la pequeña localidad donde se h a llaba el puesto de Policía. iBl inspector encendió lOs faros y, al salir de una curva cerrada, sei vio obligado a frenar de repente. Un tronco caído interrumpía, y ante los focos del jeep al otro lado del árbol, los tres pasajeros vieron un automóvil blanco y, a corta distancia del mismo el cadáver de Martine Chambre con las extremidades h o rriblemente mutiladas. En sus ojos, abiertos, se reflejaban tcdavia el te ríor y la sorpresa que debió experimentar en los últimos segundos de su vida. lia luz del atardecer iba apagánEl inspector apretó los labios. dose progresivamente, mientras los- -Ahora sé lo que h a ocurrido- pájaros multicolores de la selva se dijo mirando con frialdad a sus aquietalian en Jas ramas abando- acompañantes- Yo aseguro que esnando sus estridentes chillidos, dan- tos crímenes serán castigados con ia do paso a los ragidos lejanos de las máxima pena. Siento verdadera verfieras, gue se aprestaban par la güenza de que personas perteneciencaza nocturna. tes a la raza blanca hayan podido En el bungalow Que ocapaba el llegar a tales extremos. inspector, frente a una mesa sobre ¿Quién mató a quién? a eue se veían varios vasos, una botella de whisky y n sifón, tres (Solución en las páginas azules.