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PftQ BLEMA POLIClACO Mili MABAI cos (jue huían de la matanza organizada ipor las huestes congolesas. Entre éstos, ocupando los camarotes de lujo situados bajo el puente de mando, viajaba Valentín Chambre, hombre de cuarenta y seis años, de nacionalidad belga, considerado como uno de los banqueros más acaudalados del África Central. Le acompañaban: su joven esposa Martine, su secretario Jacques Bernean y una sobrina llamada Simona Dutrait, llegada recientemente al Congo, a quien la inesiperada furia de los negros sorprendió, accidentalmente, en la magnífica casa de campó del matrimonio. Cuando el barco, que había sido atacado en tres ocasiones durante el viaje, cruzó la frontera y se inte. nió en territorio francés, el capitán organizó una reunión en el comedor y se verificó un acto de acción de gracias por haber escapado todos con vida de aquel infierno. Eran las once y media de la noche. El banquero permaneció en la cabina, pero su e sposa, su sobrina y el secretario asistieron, con la mayoría de los pasajeros y tripulantes, a aquella pequeña asamblea, que duró aproximadamente una hora. A las doce y treinta y cinco, una camarera descubrió que el camarote de los Chambre se hallaba vacío. Se realizó un minucioso registro sin que apareciese el cuerpo del millonario. Y, ya de madrugada, cuando el barco atracó junto a uno de los muelles de Bardeville, el capitán denunció el heoho a la Policía francesa, que a partir de aquel instaate inició la investigación del caso. Se averiguó que a las once y veinticinco de la noche un camarero h a bía acudido al departamento donde viajaba el matrimonio para anunciar qus acababan de cruzar la frontera y que el capitán deseaba reunir a los pasajeros en el comedor. El empleado percibió la voz del marido, que decía: Me encuentro muy mareado. Baja t ú sola. Seguidamente, la mujer del banquero salló del camarote cerrando la puerta tras sí y se oyó cómo el Sr. Chambre giraba la llave en la cerradura desde el interior de la habitación. Acompañada por el camarero, se dirigió al comedor, a través de diversos pasillos, por un complicado itinerario, puesi el- capitán atón no había revocado la orden de que ninguna persona blanca saliese a cubierta. Cuando la íPolicía francesa regis- Quince días atrás, un pequeño barco surcaba las aguas de un afluente del Setango, en dirección al Congo francés, empujado por sus dos motores diesel de 150 caballos y ayudado por la corriente de las aguas lentas y sucias del río. FUGA MORTAL D ELAR cogió la carpeta que le tendía su colega Vandier, detective de origen galo, destinado como jefe de Policía en una pequeña localidad de la frontera del Congo francés. El inspector había llegado en avión la víspera, procedente de Europa, para colaborar en el esclarecimiento de varios casos de asesinato cometidos al amparo de los desórdenes recientemente acaecidos en el joven y salvaje país vecino. Los dos hombres no sonrieron. Los labios olvidaban rápidamente aquel gesto después de TiVir veinticuatro horas cerca de la frontera presenciando el éxodo de los blancos, perseguidos por hombres- fieras, a través de cientos de kilómetros de selvas y estepas erizadas de peligros. Delar comenzó inmediatamente la lectura del esapedíente: Quince días atrás, u n pequeño barco surcaba las aguas de un afluente del Serangro, en. dirección al Congo francés, empujado por sus dos motores Diesel d é 150 caballos y ayudado por la corriente de las aguas lentas y sucias del río. Además del capitán y de una tripulación de veüj. te hombres, algunos de color, que ihabían permanecido fieles al antiguo régimen colonial, iban a bordo varias familias de blan- Encarnan a los personajes de este problema la primera actriz de la comp? ñía del teatro Recoletos, que dirige José Gordónj Hebe Donay, y el actor del mismo elenco Luis Urrutia. (Fotos Garciía- Pelayo.