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Manáo, piro noblote y de buena mbestida. fué el de Peralta, al que se picó pasando el caballo de la? rayas bajo la dirección arbitraria de Oráóñez; después de escarbar mucho se arrancaba bien a la muleta. Muy bien estovo el de Bohórquez en el primer tercio, pero bajó en el último. El mejor toro fué el de Pablo R o mero. Se arrancó desde muy largo al caballo con codicia, no al trote, ni andando como si lo fuera pensando, sino con bravura hasta estrellarse en el caballo y le metieron el palo; cuando Aparicio lo colocó en suerte- -le lidió muy bien el toro hizo un eharquito de sangre que le caía por la pezuña. A la vista de la sangre el picador volvió la garrocha y ie llamó con el regatón; el ¡oto tardeó un poco y se arrancó alegre; esto de! regatón debe dejarse cora úllímo recurso después de cambiado el tercio, porque emplear el regatón e n tre vara y vara puede equivocar; el toro que se arranca por segunda vez y es recibido con e! regatón, al no mentirse herido puede crecerse y tonaar otra vara, no sabemos sí igual o de distinta manera que M hubiera entido el hierro. El toro, después del simulado puyazo con el regatón, tomó una tercera vara ya más tarda y vacilante, aunque desde buen terreno y buena arrancada. En la muleta se arrancó como se arrancan pocas- veces los toros de Pablo Romero, metiendo la cara con la cabeza baja, cuando se sabe que es característica de esta raza el embestir con la cara alta. Si no hubiera escarbado una vez en la faena, yo le consideraría como uno de los mejores toros de Pablo Romero. La reina de la Fiesta de la Vendimia, señorita Inmaculada Terry Merello, bajó al ruedo acompañada del Alcalde de Jerez don Tomás García Figueras, para entregar el trofeo de bravura al conocedor de la ganadería de Hijos de Pablo Romero, considerado por el Jurado, con aplauso del público, como el mejor toro de los seis. lEsto fué lo más destacado de la corrida- concurso de Jerez, a la que venimos a ver toros en primer término y después a los toreros. Deliberadamente se puso Ordóñez en último término con los toros de Atanasio y de Belmente, a los que no quiso ver, y en primer término, jcordándo e de que era Ordóñez, en el de los Peralta al que le cortó las dos orejas. Aparicio, de único l i diador consciente y torero, molestado por el Levante en el de Juan Pedro- -lo que contribuyó a que no se viera bien el toro en este tercio- -y bien en los otros dos; cortó la oreja del Pablorromero. En lo que ninguno de los dos estuvo bien fué en cortesía con las señoritas que estaban en la presidencia de honor. ¿No creen ustedes que era obligado un brindis? ¿O es que no las vieron? Pues merecían verse. ¿Dónde estaban ustedes, don Julio y don Antonio, cuando las paseó por el ruedo ese cochero m a ravilloso qne sé llama Paulo, acompañado de otros tres enganches jerezanos? Estarían pensando en el Levante. Esta corrida- concurso de Jerez, que i ada año se va perfilando más, y aún necesita retoques, pues la iniciativa se interfiere por imponderables taurinos, sin importancia, pero molestos, es la corrida más interesante de España.