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LA ESTATUA EGÜl DEL RIY i N eí centro del gran cong Ionierado urbano iue es 1 ciudad de Méjio, en el iu ar de snayor tránsito y animación, se alza una estatua ecuestre que está considerada como la más bella de las Américas, por la pureaa y armonía de sus lineas y por el perfecto acabado de su conjunto. Es la estatua de don Carlos IV, penúltimo Rey de la Nueva España, vestido y montado a la romana, obra muy del gusto neoclásico, debida al cincel y a la técnica del famoso arquitecto don Manuel Tolsá, a quien tantas obras imperecederas debe Méjico. A decir de Alamán- -el primero y más serio historiador de Méjico- y a Juzgar por las realidades y estadísticas que recoge el sabio Humboldt, la nación mejicana vMó el último tercio, del siffio X V n i el momento más helio y ¡progresivo de toda su larga y srloriosa historia. SDe e la perfección de las técnicas mineras a la construcción de grandes monimtentos, caminos y obras de utilidad pública, la importación de la vacuna antivariólica que llevó en veinte niños en un navio real el célebre médico Balmis, Itasía, el orden y la seguridad y garantías personales con qué se desenvolvía la vida del país, bien, puede decirse y probarse con hechos y datos históricos, ciertísimos, e irrefutables, eso áe que Méjico vivió uno de los momentos o LA MAS VALiOSA OBRA ESTATiíARiA AMERICANA lY DÍA. a MONUMENTO POPULAR DE MÉJICO E más fecundos, creadores y equilibrados de su vida nacional, ajeno, además, a dos de los grandes ¡males que tantas veces han esterilizado y amargado tantas nobles iniciativas mejicanas: la demagogia y la retórica. A este ciclo ilustre de la mejicana historia pertenece la valiosa y popular estatua del Rey don Carlos, que, por cierto, fué n u ho mejor Rey para la Nueva España que para ía. Vieja. La estatua fué proyectada en el año 1796, siendo Virrey el marqués de Branquiforte, y a los gastos de su erección contribuyeron los Tribunales del Consulado y Minería, el arzobispo y los principales organism: os. 1 pedestal fué levantado e n el centro de la Plaza Mayor o Zócalo, y como la estatua de bronce se tardaba en fundir y no estaba terminada para el día 8 de diciembre de ese año, que era el día del santo. de la Keína María Lídsa, en que había interés en inau urarla, se colocó interinamente una reproducción exact a de estuco y madera que fué solemnemente descubierta por las autoridades. -Los periódicos y pap lci sueltos de entonces registran con prosas y versos el acontecimiento. La estatua de bronce, de cuya fundición se encargó el nüsmo Tolsá, no estuvo terminada hasta el año 180 S. Plaza Mayor de Méjico en los últimos años del siglo X V I l i En el fondo, la famosa estatua eo uestre del Rey don Carlos iV.