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J- i- José Vasconcelos a ¡os cinco años (1887) Ministro de Ecfuceción en 1822, a los cuarenta años. Por José Ignacio VASCONCELOS Estfi artículo sobre el maestro don José Vasconcfilos ha sido escrito por su hijo don José Ignacio Vasconcelos expresamente para este número de BLANCO Y NEGRO. En bis páginas azules de este mismo volumen reproducimos un admirable trabajo de don José- Vasconcelos reAiictudo por el gran amigo de España poco aitteíi de morir. Poco tiempo después es transferido don Ignacio a Campeche, donde se asienta con su familia por algunos años. En el Instituto campechano se anota no p o c o s triunfos el mozalbete Vasconcelos. Si en Piedras Negras sufrió el impacto de una cultura extraña, en Campeche, el pueblo más generoso de ía costa mejicana del golfo, vuelve al regazo de su propio mundo y allí se hace mejicano. P a r a los estudios superiores no había entonces más recursos que los que proporcionaba la capital de la República. AHí llega José Vasconcelos, con sus dieciséis años, a la Escuela Nacional Preparatoria, inflamada entonces con el positivismo comptiano, como etapa culminante de una herencia exótica liberal, masónica, acumulada a lo largo del siglo XIX. Al separarse de su familia, José Vasconcelos se corta el cordón umbilical que aún le li ra espiritualmente con su madre, por la que siente un hondo afecto y con la que comulga en sus aspiraciones de fe católica. D ON José Vasconcelos, hijo de pa- puesto semejante sólo se confería a dres criollos, iiaee en ía ciudad quien sabía honrarlo. Con este mode Oaxaca él 27 de febrero de tivo la familia vive veinte años en 1883. El ambiente colonial de la ciu- las fronteras del país. La del Sásade, dad, con su cielo de altiplano casi frente a Arizona; la de Piedras Neblanco, en ei que resuenan las cam- gras, frente a Texas, y la dé Campanas de, media docena de grandio- peche, frente al golfo de Méjico. Fué sos t e m p l o s dominicanos del si- en Piedras Negras donde José Vasig- lo XVW, no influye directairiente concelos se asoma al mundo con sus en su ánimo. Antes de cumplir los propios ojos. Va a la escuela del lado desmaños, su familia, una típica fa- ncrteamericanp, cruzando el río Bramilia mejicana de ia clase media, vo, que m a r c a él límite entre los dos deja Oaxacá para siempre. Tanto su países. madre como su p a d r e se habían E n un ambiente de rivalidad procriado allí y de allí eran sus ante- nunciada éníre las dos culturas, el pasados, en linaje ininterrumpido de niño Vasconcelos se destaca en la más de un siglo. En consecusncia) escuela. AI terminar con honores su la tradición hispánica de la vieja instrucción primaria o. b t i e n e una Aníeqaera permsa el ambiente de la beca para continuar sus estudios en familia dondequiera que ésta se es- Austin, la capital del Estado de Tetablezca. xas. Su padre se opone a que un hija, JDon Ignacio Vasconcelos, sú p a- suyo sé forme en Norteamérica, por dre, acababa de ser nombrado jefe i b qué agradece la beca y declina el de Aduana, en nri tiempo en que un honor.