Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Est? cabeza de indio, de pura obra mejicana, floreció en la piedra de la Catedral de IWondofíedo por obra del alarife y escultor hispano- azteca P. Grijalvo, en el primer tercio del siglo X V i l l MÉJICO: StJ FORMACIÓN Y SU FISONOMÍA Por J. E. CASARIEGO M ÉJICO es una nación llena de personalidad, de color, de sonoridades entrañables, tan períertamente definidas que bastan unos rasgos de líneas simples, una combinación de colores elementales o unos sencillo- í compases de música para situarlo y despertar entre nosotros todo un m u n do de recuerdos y sugestiones. Y todo esto ocurre porque Méjico encarna y expone en esa personalidad la cultura de Occidente, a través de su fuerte y original versión española, y algunas de las más jugosas y artísticas culturas de América, como la maya y la azteca. España descubrió las tierras de A m é rica, las incorporó a la corriente u n i i rsa (de la Historia, llevó a ellas de solpe dos mil años de tradición grecolatina- cristiana. Las hizo católicas, las integró en Jo que ahora llamamos el Occidente, perfeccionó su técnica y su economíü cti la rueda, el arco, la b ó veda, las Ixvlias de trabajo, las máquinas, el racional alfabeto fonético, la lengua comijii... Y a su vez recibió de ellas grande- i valores materiales y espirituales. Su uro y su trabajo alimentaron las grandes empresas de nuestro Imperio cuando éramos espada de R o- ma luz de Trente y martillo de herejes Algunos de sus cultivos remediaron nuestras hambres y aumentaron nuestros placeres. A ellas les debemos el maíz y la patata, el tabaco y la quinina, y ellas nos multiplicaron pródigamente el café y el azúcar, los ganados y los cereales. Su cultura influyó en la nuestra. Del mestizaje o del trasplante reciente salieron grandes ingenios de nuestras letras, como Garcilaso el Inca, peruano, y Ruiz de Alarcón y sor Juana Inés de la Cruz, noespañoles. En las artes plásticas esta influencia fué muy importante. Hasta en el corazón de la más vieja España podemos apreciarlo. Nada más conmovedor y sugerente, por ejemplo, que la mano azteca del escultor y alarife fray Crijalva dando personalidad y fisonomía a la centenaria catedral de Mondoñedo, en el milenario reino de Galicia. Trasmontando la distancia y el tiempo, llegando milagrosamente a uno de los caminos más famosos y antiguos de la Cristiandad europea de Compos- tela, arribó el Méjico remoto para informar la piedra con la gracia de su espíritu. En la administración de nuestro I m- perio Méjico se llamaba la Nueva España. Prescindamos de indudables semejanzas físicas. Para nosotros sigue siéndolo en lo sentimental, en lo que sentimos cuando nos sumergimos en su mundo real y fabuloso. Una España Nueva y distinta de la vieja, l na España trasplantada y mixturada- -raesti zada- d o n d e están nuestro idioma, nuestras Vírgenes, nuestra mentalidad, nuestras guitarras canciones y plazas de toros, muchas de nuestras formas de ser y de vivir. Pero todo ello con el formidable sello de lo indio, que tenía muchas cosas que aportar, que las aportó y las seguirá aportando y que- -mixtura, mestizaje, Méjico- pura casualidad de palabras sin ningntia identificación filológica) dio el Méjico actual, con su fisonomía, ya definitivamente fijada; con su propia personalidad i n confundible, tan inconfundible que b a s tan unos compases de música, unas l í neas puras o unos colores elementales para definirlo ante todas las gentes del mundo. Para que en Londres o en T o kio digan: Ese es mejicano Sin lo indio no sería mejicano, seria español: sin lo español tampoco sería rncjiíarn) sería azteca o maya. Pero ahora i- i: