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MÉJICO O MEJICANO, O SEA, HISPANOINDIO Por Joaquín Antonio PEÑALOZA 1 I hay un país en el mundo donde no se entienda i ni se practique el racismo, ése es Méjico. No f creemos ni en el mito de la super- raza ni en el rs. i- mito del super- liombre. Y, entre nosotros, los problemas de la pigmentación de la piel sólo cuentan para JA cirugía plástica y para los salones de belleza. Bueno será, siquiera, esclarecer las ideas acerca del indigenismo mejicano, 1. Cegados muchos por una hispanofilia mal entendida, desconocen o disminuyen lo indígena. Orgullosos Ae su cultura occidental, ufanos de su sangre azul cobran una actitud racista europeizante y olímpica, despreciadora de todo lo autóctono. Xada tienen que ver con ellos los largos siglos precursores de Cortés, Y se sienten más españoles que Ma rid, aunque estén más cobrizos que un chichimeca. Pero lo español nuestro no es lo español de España, es lo español con cruce de lo indígena. Ni somos exclusivamente híspanos para el orgullo, ni indios para la vergüenza. S o mos simple y completamente mejicanos. 2. En el lado extremo hay otros cegados p o r una cerril hjspanofobia que levantan el indigenismo como una flecha vibrátil que combate toda tradición hispana y cristiana. Indigenismo éste que no ha mucho se irguió como b a n dera demagógica y que, a veces, salta en discursos baratos de fiestas patrias o en historias elementales, que suelen ser elémentalmente falsas. Allí se oye, en una condenación sin juicio y sin discernimiento, q m la conquista fué la obra de la violencia, de la destrucción y del fanatismo. A la sobrestimaeión indígena en mengua de lo hispano, a la admiración indiscreta por todo lo spañol, hay que oponer, con espíritu desinteresado y sereno, el descubrimiento de verdades objetivas, que nos han de llevar al entusiasmo por lo autóctono y lo hispano a la par. 3. Es cierto que las vetas indígenas son más arcanas y recónditas. Es cierto que las vetas españolas son más decisivas y operantes. Porque España cambió y sublimó religión, cultura, lenguaje y hasta geografía. Pero ni lo uno n i lo otro es menos real, t. Ln qnc aparentemente se plantea como dilema- -i ¿hispani- lad o indigenismo? -se puede y se debe resolver de íiciho en a m fr. iternal fusión vital. La antítesis convertida en sinte. -i- Herra- inados, en nosotros, Cuaulitémoc y Cortés- Aunque pn e n. í en nuestra cultura y en nuestra vida el elemento español. 5. Dandi! tm paso más, no puede existir en Méjico- -ni en América p- puñola- un verdadero hispanismo desinteresado del indigenismo, como tamipoco puede existir u n verdadero indigenismo sin interés del hispanismo. Monjes y soldados, los conquistadores fueron los grandes indigenistas, quienes elevaron la raza y la cultura aborigen en un mestizaje étnico y espiritual. Preocupados de la libertad del indio, como el abrupto Las Casas; de ¡su elevación intelectual, como fray Pedro de C a n t e de su mejoramiento económico, como Tata Vasco; de su dignificación moral, como fray Margil de Jesús. Quienes entienden al indio como mitotería pintoresca de collares y plumas, quienes lo buscan como fauna exótica y mexican curios para consumo de turistas voraces, pero no como dramática realidad humana, andan lejos del genuino espíritu hispano. 6. Acerca de nuestro pasado indígena nos urge un interés intelectual. Conocer y gustar su- cultura: filosofía e historia, arte y literatura. Tras los ya copiosos y excelentes estudios, nadie puede poner en duda la existencia ni el valor de la herencia cultural de los indios. Hoy podemos saborear la belleza gemática y vibrante de fecha y plumajes de la poesía precortesiana en él relámpago de sus obsidianas y sus flores hieráticas. Así como dedicamos el estudio y la simpatía a l a s h u manidades clásicas, así deberíamos incluir en nuestros e s tudios el de estas humanidades autóctonas. No para indianizarnós sino para mejicanizarnos, o, mejor, para humanizarnos: del modo como leemos a los clásicos de Francia no para hacernos franceses, sino para advertir su fondo humano. Bien se llevan, en espíritu abierto, las humanidades y las indianidades. Si bieft está p o r escribirse la historia cabal y el espíritu del humanismo indígena de Méjico. 7. Acerca de nuestro indigenismo actual, nos urge un interés v 4 tal. Nos toca a nosotros, a los mejicanos de hoy, de mañana, incorporar a nuestra cultura occidental y cristiana a las masas numerosísimas de indios substraídos, después de tantos siglos, al influjo étnico, lingüístico y religioso. Renovar y seguir la obra de fray Pedro de Gante y de Tata Vasco, de Zumárraga y Las Casas. No quitar a los indios de plano sus costumbres y fiestas; no acabar on sus t r a diciones y gustos. Llevarles, en cambio, la verdad y el bien, íntensificir entre ellos, más que entre nadie. I; i campaña de alfabetización, elevar su nVel económico de vida. Pero sin demagogias ni políticas. Con el sano fin de hacerlos más humanos porque viven una vida gregaria; iiacerlos más mejicanos porque lo son únicamente por la geografía; y hacerlos cristianos con el agua y la luz de la fe. O según la frase de un presidente nuestro: Conviene mejicanizar a loi indios, pero no indianizar a los mejicanos.