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yanquis, no! Durante los primeros meses del castrismo las autoridaá ss de La Habana solían mostrar decidido empeño en rechazar cualquier acusación de complicidad comunista... Aquello pasó. Ahora, debajo de las consignas del Gobierno de Cuba, los partidos comunistas de América colocan su hoz y Su martillo, para que no haya duda. Se habla. a gritos de la par ticipación rusa en la política de los pueblos america- nos, y nadie tiene interés en ocultarla. ¿Quién se hubiera atrevido a pensar- hace un año que la Rusia roja intentaría utilizar el Consejo- tí! Seguridad de las Naciones Unidas para tener voto y veto sobre los problemas infceramericanos? Sin embargo, en ello estamos ahora mismo, namiento, de intoxicación política, y en ese programa están comprometidas las numerosas organizaciones marxistas de la América- española. TJASTIA la traición, se atreve a pasearse sin máscara. Esos dos maíbemáticos norteamericanos, William Martin y Bernon Mitohell, funcionarios de la Oficina o Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, fugados de Washington a MOoscú con una buena carga de secretos, y encaminados a la deserción por los caminos marítimos de un puerto cubano, ¿no son acaso, si guardamos fidelidad a criterios sempiternos jamás abolidos, protagonistas de una sin par vileza, en calidad de traidores a su patria? Antes, la deserción y la infidencia procuraban ocultar el rostro, a fin de que los hombres honrados no lo escupieran. Hoy, según los sistemas y los principios de corrosión que el comunismo pone en práctica, la traición convoca a conferencias de Prensa y declara su repulsiva indignidad a la faz del mundo, enorgulleciéndose del crimen, agraviando a lUia patria y buscancío la deshonra del propio hogar nacional. ¡Inenarrable, espectáculo, que debe sobrecogernos por todo lo que dice y significa t f OM. O expliqué en mi comientario anterior, me- pare ció vivamente revelador- a de una situación del ánimo público la actitud de los cancilleres americanos en la reciente Conferencia de Costa Rica, llegado que fué el momento de juzgar la política del Gobierno cubano. Hubo tanta miel en los o- eprotíh- es, tanto dulzor y suavidad en las reprimendas, que no. parecía sino que los culpables y dignos de condenación eran aquellos mismios que aspiraban a ssr tribunal sentanciador. La Delegación de Cuba pudo haber negociado con vidente provecho; pero prefirió jugar fuerte; desdeñó cortesías, miramientos y melindres para optar por la ofensiva resuelta, por el ataque sin contemplaciones, hasta llegar a la violación de las tradiciones diplomáticas más elementales. Fidel Castro está lanzando desde hace días a la publicidad universal, y especialmente sobre América, una afirmación capital, de positiva trascendencia: la Je que los pueblos americanos y no los Estados los pueblos estuvieron representados en Costa Rica por la Delegación de Cuba, frente a la traición que contra ellos urdieron sus propios delegados oficiales. Ü L episodio Martin- Mltcheil viene a revelarnos una vez más la extensión y la profundidad de las infiltraciones comunistas en los centros más delicados y críticos de la vida de América. ¿Dónde queda el vuelo del U- 2 en busca de información sin traiciones, si lo comparamos con esa obra de termitas que los agentes comunistas están llevando a cabo sobre las estructuras fundamentales de la sociedad americana? Desde Canadá hasta la Patagonia, la presencia de la maniobra roja alcanza intehsidades casi alucinantes. En La Habana está la plataforma o rampa de lanzamiento. Allí tiene la Rusia soviética un verdadero campamento general de grupos especializados en la agitación y en la propaganda. Un campamento y un- gran cuartel de mandos superiores. Técnicos moscovitas, polacos, checoslovacos, húngaros y chinos viajan de acá para allá como representantes de- un íidelistao que toca a rebato por la liberación dé los pueblos de América y por la destrucción tí- el yugo capitalista Y tengo que decir que no hay un solo país, desde la frontera de Laredo hasta Río Gallegos, en- que no haya anidado alguna forma de entusiasmo por la revolución cubana, con lá esperanza de que uñ día puedan unirse todas las subversiones parciales en una sola, total. Aquello de que los Andes deben convertirse en una inmensa Sierra Maestra lío fué una simple frase- palabrera en labios del hirviente revolucionario de Cuba. El canciller Roa, al insultar a los presl- dentes y a los ministros de Argentina, Chile, Brasil, Estados Unidos y Perú, no ha basado su juego en las propias fuerzas; -sino en la certidmríbre de que tales asaltos agraviantes forman parte de vai programa de eñvenei ÜSTA suprema e inapelable calidad representativa de. lo popular americano que Fidel Castro reclama para sí y para su movimiento 26 de Julio lleva en el seno una poderosa carga- revolucionaria. Biisca el ajamiento de cada tmo de los países contra el Gobierno respectivo y contra todas las- formas clásicas de la autoridad. Persigue la ruptura con todo el pasado y la apertura del tiempo nuevo. Va sembrando una radical desconfianza de las sociedades nacionales en sus sistemas vigentes; y entiende- -no sin lacier- to- -que para ello, vendrá muy bien que las gentes hispanoamericanas comiencen por sentirse invadidas de suspicacia, de desaliento y de menosprecio respecto de la amistad, de la diplomacia, de la economía y de la fuerza militar de los Estados Unidos. Será más fácil batir uno por uno a los distintos Gobiernos que afrontar la unidad interamerioana respaldada por el fabuloso poderío de Washlngiton. La ambición de Moscú no conoce Umites. Aspira en estos monientos nada menos que a convertir a Rusia en potencia americana bien por interferencias de las Naciones Unidas en- los problemas del Continente, bien mediante una serie de sovietizaciones sucesivas, como la de Cuba. A estos efectos es muy curiosa la atemorizante fascinación que el fidelísmo despierta en anchas zonas de América. He aquí, pues, que los Estados Unidos se hallan ante un problema importantísimo, muy- urgente y extraordinariamente complejo. Lo que deban hacer o dejar de hacer en trance tan apretado no es cosa de fácil determinación. Pero resulta evidente a. los ojos del observador que no les será posible aguardar mucho más; y que el sucesor de Elsenhówer se verá obligado a adoptar decisiones de enonne trasoendencla. El Kremlin quiere hallarse sólidamiente instalado en América antes de que Kennedy o Nixon lleguen a la Casa Blanca. Ya tiene a Cuba como zona de concentración y de organización. El paso ha sido grave. Y los movimientos del asalto siguen adelante. M. A.